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Las tarjetas de crédito constituyen uno de esos productos de financiamiento que en determinados momentos de necesidad se anhelan o valora su disposición. En tanto en otros, particularmente cuando comienzan a llegar las cartolas con los movimientos y transacciones realizadas generan molestias, cargos de conciencia y otras sensaciones.
En esta misma línea, de camino al trabajo escuchando algo de noticias a través de la radio, surge un espacio publicitario con mucho entusiasmo, en la que una institución financiera invita a los potenciales usuarios a acercarse a sus sucursales para proceder a consolidar las tarjetas de crédito. La consolidación, en general y simple, implica en la mejor intención procurar deshacerse o reducir la tenencia de las tarjetas de crédito con deuda, asumiendo un crédito por la deuda en las tarjetas para pagarlas y de ahí eliminarlas de circulación. A manera de referencia, aunque no tan actualizada la información, pero para contextualizar la situación, en publicación de Ciper Chile del 2019 (https://www.ciperchile.cl/2019/10/28/maldita-tarjeta-creditos-y-deudas-en-el-ojo-del-estallido-social-que-remece-a-chile/) se señala que aproximadamente 9,5 millones de tarjetas son las que en Chile tienen comprometidas deudas con diversas entidades. Comprendiendo que el costo (tasas de interés, principalmente) que las tarjetas de crédito conllevan, ya sea de tiendas comerciales o bien bancarias, tienden a ser algo elevadas, con valores muy cercanos a la tasa máxima convencional (TCM), constituye un lujo o liviandad financiera el mantener deuda en ellas. En tal sentido, en observancia de una realidad en la que probablemente nos encontremos, disponiendo de muchas tarjetas y con un bajo o mediano sentido de gestión responsable en su uso, quizás estamos salvando la situación de deuda y cumpliendo mes a mes, pero solo asumiendo el mínimo a pago del 10% de lo adeudado con las tarjetas de crédito.Tal situación ya es una llamada de alerta, pero si adicionalmente observamos que la deuda se mantiene y/o sigue una espiral de crecimiento, la situación se debe tomar con mucha mayor cautela, responsabilidad y acción, ya que podemos encontrarnos ante un círculo vicioso, denominado a veces “efecto bola de nieve”, terminando muy mal debido a nuestros potenciales incumplimientos. De ahí que la consolidación de las tarjetas se vislumbre como una salida razonable, siempre y cuando no volvamos a tropezar con la misma piedra. Así, si bien conforme lo comentado hasta el momento, la situación de atención debiese darse en las tarjetas ocupadas, también es necesario que nos ocupemos de aquellas tarjetas que no tienen deuda. Ustedes pensarán, pero ¿cómo así?, ¡si ello no debiese ser de mayor atención u ocupación!Lamentablemente si lo es, ya que cuando se trata de la evaluación de créditos, por lo general debemos tener en cuenta que las instituciones financieras analizan nuestro endeudamiento y las obligaciones que ellas generan. De este ejercicio, en relación a la tarjetas, si bien uno puede gozar de la disponibilidad completa de los cupos asignados en cada una de ellas, resulta que para el análisis de la capacidad de pago, se opera sobre un criterio conservador que señala que “tarjeta con cupo disponible = tarjeta que puede ser ocupada en breve” por tanto existe para la institución financiera el riesgo potencial que el sujeto de crédito distraiga y comprometa recursos a pago para a lo menos cubrir el pago mínimo de los cupos disponibles en las tarjetas. En consecuencia, si ello lo replicamos por ejemplo a una situación hipotética de cuatro tarjetas, cada una con cupos de $1.000.000, entonces existirá un razonable riesgo de tener que cubrir cada una de las cuatro tarjetas con el pago mínimo -pensemos en el 10%- lo que implicaría una distracción de $100.000 x 4 = $400.000 de los ingresos netos mensuales, por el solo hecho de tener las cuatro tarjetas. El alcance y efecto de lo anterior, es que los $400.000 al mermar los flujos monetarios mensuales netos disponibles del sujeto analizado, limitará en consecuencia su capacidad de endeudamiento en el caso de tener que enfrentar una eventual solicitud de financiamiento. Por los anteriores, resulta razonable y saludable gestionar criteriosa y responsablemente la tenencia de las tarjetas, tratando de considerar consolidar las tarjetas cuando sea preciso, reuniendo las deudas en una sola obligación, pagando las tarjetas que sean necesarias, dejando en lo razonable sólo una de ellas habilitada en funcionamiento para fines de recurrir en caso de emergencia, y eliminar el resto de las tarjetas, para evitar no sólo la tentación de uso, sino también la afectación que produce su tenencia, aunque los cupos se encuentren totalmente disponibles, desde el punto de vista del análisis crediticio. Mauricio Andrés Burgos Navarrete, Director de la carrera de Auditoría e Ingeniería en Control de Gestión, Facultad de Administración y Negocios, Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)Los últimos tres artículos de opinión que he publicado son los siguientes (para revisar sólo presione sobre el título del artículo): Renacer de los depósitos a plazoLa turbulencia vinculada a las stablecoinsAproximándonos al factoring como fuente de financiamiento