Entendemos la vida como una sucesión de retos. Acabar el colegio, la carrera, trabajar, comprar cosas mejores y así vivimos hasta que nuestro único reto pasa a ser seguir respirando. Es una espiral consumista que acaba con nuestro dinero, nuestro tiempo y cuando nos demos cuenta, con nuestra vida. Nada ni nadie nos es suficiente, hay que mejorar constantemente. Usamos al resto con el fin de continuar hasta el siguiente objetivo. Nos ponemos a rueda y cuando vemos la meta intentamos pasarle aprovechando su desgaste. Somos lo que han venido a llamarnos competitivos.



