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Impresiones desde Irán. Día 2+: El "aghaye mohandes" puede con todo


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27/10/2011


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Para resolver elasunto que me trae al Registro de la Propiedad de Teherán teníamos que hablar con el oficial (ni policial ni militar, simplemente el técnico) encargado de la sección de escrituras. Nada más entrar en la zona donde este hombre tenía su mesa y echar un vistazo alrededor, me di cuenta de que él era el que trabajaba. A lo largo de la estancia había media docena de mesas destartaladas, de esas metálicas con cajones y cristal encima que ya no se ven en ningún sitio, sin sillas delante para acomodar al visitante y sin ningún mecanismo apreciable para pedir el turno, mesas que ocupaban unos señores que no se habían afeitado en varios días y que tenían casi todo limpio de papeles, carpetas y expedientes: un par quizás para salvar las apariencias. Realmente no parecían muy ocupados. Sin embargo el hombre que nos tenía que atender tenía la mesa más grande de todas y había montones de expedientes encima de ella, montones! Este funcionario iba afeitado, bien parecido, en sus cincuenta con el pelo canoso y gafas de cerca. Saltaba a la vista que era el que sabía de lo que iba aquello.




Al entrar, había un hombre delante de su mesa y él estaba tomando notas en un expediente que nada tenía que ver con el ciudadano que tenía delante. Mi primo y yo nos acercamos tímidamente para dejar constancia de nuestra presencia, sin forma de saber si había más gente esperando o no, aguardando una indicación o instrucciones para tomar el turno o lo que hubiera que hacer en ese sitio. Nos echó una miradita por encima de sus gafas, sin levantar la cabeza ni dejar de escribir, y nos preguntó en aquella forma tan educada que suelen comunicarse los iraníes con los demás que qué deseábamos. Nos quedamos quietos y sin habla, esperando un cambio en la situación, ya que teníamos al otro hombre delante mientras él continuaba con la cabeza agachada y escribiendo frenéticamente. Nos echó otro vistazo por encima de las gafas y nos dijo que no nos preocupáremos y que le contáramos lo que queríamos. Sin más dilación, le relatamos nuestro caso. Durante nuestra conversación, el primer hombre desapareció sin que nos diéramos cuenta de que se había marchado, y mientras hablábamos con el funcionario se acercó un sinfín de gente, tanto público como otros trabajadores del Registro, preguntando "aghaye mohandes" [señor ingeniero] esto, "aghaye mohandes" lo otro, y él atendió a todo el mundo sin ninguna alteración, dando instrucciones a unos, recepcionando documentos y firmado recibís a otros, mandando esperar a los que no podía atender en ese preciso momento para ocuparse un poco más adelante y continuó escribiendo y discutiendo con nosotros entre una cosa y la otra. Con este hombre, en España habría una drástica reducción de funcionarios.



En un momento de máxima tensión en nuestra conversación, ya que el asunto que nos traía no era de fácil resolución, este hombre afable interrumpió su tarea, nos miró, y nos dijo: "Hoy estoy un poco ocupado y su caso necesita un poco más de atención, así que les rogaría que vuelvan la semana que viene, cuando estaré más tranquilo, para que podamos hablar". Ahí terminó la consulta y abandonamos el edificio para emprender el trayecto de regreso, yo a mi hotel y mi primo, ya notablemente cansado, a su casa. El periplo de regreso no era mucho más diferente que el de la llegada, simplemente nos ahorramos un taxi y aprovechamos la caminata para charlar sobre el resultado de la reunión y formular estrategias para la próxima cita. Creo que había todavía más gente en los autobuses que cuando vinimos. Quedamos que nos veríamos por la noche.





[Un amigo iraní afincado en España ha vuelto al país del que tuvo que exiliarse tras la revolución islámica. Asuntos familiares le devuelven a la tierra de los ayatolás y de Ahmadineyad, y desde allí me envía sus impresiones, que, con el disfrute de su permiso, reproduzco en este blog a título personal y con cierto retardo para evitarle al protagonista cualquier tipo de complicación]





Día 2



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