[Un amigo iraní afincado en España ha vuelto al país del que tuvo que exiliarse tras la revolución islámica. Asuntos familiares le devuelven a la tierra de los ayatolás y de Ahmadineyad, y desde allí me envía sus impresiones, que, con el disfrute de su permiso, reproduzco a título personal y con cierto retardo para evitarle al protagonista cualquier tipo de complicación:]




