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Mitomanía: síntomas, causas y tratamiento


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08/07/2018


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Hablamos de mitomanía cuando existe una conducta morbosa, donde se falsea la información en forma reiterada. Esta conducta se atribuye a inmadurez emocional y hasta neurológica, que impide que los sujetos se instalen en un marco de realidad.


Hay etapas de fantasía durante la infacia que son necesarias para la construcción de la personalidad. A medida que el niño crece, toma conciencia de su vulnerabiildad, de que no es todopoderoso. A esto se antepone la búsqueda de la fortaleza en la personalidad, sentir seguridad en los recursos con que se cuenta. La mitomanía sería una de las formas de afrontar la autodevaluación.

Las mentiras surgen como sustituto de las cualidades reales que el sujeto no encuentra en sí mismo, debiendo sustituirlas por ficción, la que sirve de apoyo para soportar el miedo que el mundo le ocasiona.

Clínicamente no podemos definirla como un padecimiento, sino que forma parte de varios trastornos, por ejemplo de los trastornos de personalidad. El diagnóstico no puede establecerse hasta los 18 años, cuando se consolida la personalidad madura. Esto, a pesar de la existencia de niños y adolescentes mentirosos.

También hay trastornos ficticios, donde corresponde ubicar al mentiroso crónico. En este trastorno, se inventan enfermedades tratando de obtener beneficio de la situación. A diferencia de la somatización, que produce síntomas físicos por razones internas, para obtener ganancias externas de manera conciente (por ejemplo: lograr la asignación de una discapacidad médica). O cuando se obtienen ganacias internas, logrando el protagonismo.

En el TLP (trastorno límite de la personalidad), donde la inestabilidad de la percepción de la propia imagen se debe a fallas en determinadas áreas de la vida. Decir mentiras puede aportar equilibrio y aliviar angustias.

Aunque su edad de inicio puede ser temprana, para el diagnóstico de la mitomanía o adicción a mentir se requiere una edad mínima de 18 años, que es cuando se considera que la personalidad está conformada y establecida, siendo el individuo plenamente consciente de sus acciones y las consecuencias que estas acarrean en los demás. Evitando así confundirse con las fabulaciones infantiles que no son mentiras en cuanto no falsean la realidad, ya que ésta todavía no está conformada y el niño la mezcla con hechos de la imaginación.

Además de la edad, en la mitomanía hay que distinguir que exista verdadera intención de engañar, y que esas mentiras no sean una manifestación de otros trastornos psicológicos como el trastorno facticio, donde la mentira llevada al extremo llega a convertirse en la realidad del paciente; o muestra del deterioro de algunas funciones cognitivas, como en el caso de las demencias, en las que el paciente, de una forma inconsciente, rellena con “recuerdos inventados” sus lagunas de memoria

En la mitomanía o adicción a mentir existen unos síntomas o características comunes con otro tipo de adicciones como son:

  • Altos niveles de ansiedad cuando se encuentra en situaciones propicias para el acto.
  • Pensamientos recurrentes de intrusión que incitan al afectado a mentir.
  • Impotencia a resistirse al impulso de falsear la realidad.
  • Liberación de la presión con satisfacción al no ser descubierto en sus mentiras.
Entre las manifestaciones de la mitomanía que le son propias y la diferencian de otras adicciones están:

  • Tendencia a desdibujar la realidad con grandilocuencias.
  • Búsqueda de la aceptación y admiración de sus interlocutores.
  • Baja autoestima junto con pocas habilidades sociales.
  • Miedo constante a ser descubierto.
  • Incremento progresivo de la magnitud de las mentiras con el tiempo.
Además, la mitomanía puede estar presente en otros problemas mentales, como el trastorno límite de la personalidad, trastorno bipolar o el trastorno de esquizofrenia; incluso es habitual que se presente junto a otras adiciones como la del consumo de sustancias ilegales o la ludopatía. Por ello, es imprescindible un buen diagnóstico diferencial para establecer prioridades a la hora de realizar el tratamiento, dando preferencia a aquellos síntomas más graves, como una desintoxicación, antes de proseguir con otras intervenciones terapéuticas.

Perfil del mitómano

Aunque todavía existe escasa investigación al respecto parece ser que la mitomanía es más frecuente en hombres, encontrándose su origen en determinadas características de la personalidad que irá conformando el hábito de mentir, entre ellas, el mitómano suele ser narcisista, tener baja autoestima, deficiencias en habilidades sociales, y desconfianza en las personas y sus relaciones entre otros. Algunos autores hablan incluso de que podrían existir cierta predisposición genética, aspecto todavía en controversia.

Los tipos de personalidad límite en los que podemos encontrar rasgos mitómanos son:

  • La histriónica, el individuo se dibuja a sí mismo como un héroe o víctima, siendo frecuentes los temas relacionados con la sexualidad (es un seductor o seducido, deseado o violado…) en ocasiones se basan en un recuerdo real que deforman con sus mentiras.
  • La sociopática, aparece la mentira para justificar ciertas conductas, ocultar un hecho delictivo o incluso para cometerlo, llegando en ocasiones a crearse una falsa identidad.
  • La borderline, mienten para aumentar la autoestima ante sus ojos y ante los demás.
  • La narcisista, tienen fantasías donde se ven a si mismos como personas de un éxito ilimitado, gran poder, bellísimos y grandes conquistadores. Esta fantasía la suelen relatar a los demás como si se tratasen de hechos reales
  • La inmadura, en este caso habría una dificultad infantil, para distinguir entre fantasía y realidad.
  • Síndrome Münchausen, el paciente tiene a provocarse síntomas de diferentes enfermedades físicas, que le llevará a diversas hospitalizaciones e incluso operaciones. Miente constantemente sobre su salud o la de otros.
Podemos encontrarnos mitómanos de dos tipos, los vanidosos que mienten para exagerar tanto sus virtudes como sus actos. Y los perversos, quienes conviven con una cierta agresividad interior que les incita a dañar a otras personas mediante falsas acusaciones, calumnias e incluso cartas anónimas. Posiblemente el vanidoso sea el más fácil de distinguir, y el menos peligroso, solamente busca sentirse importante y halagado, no quiere crear conflictos con nadie pues lo único que le interesa es que su persona brille con una luz cegadora ante los demás.

El perverso necesita el conflicto, su deporte favorito será jugar con los sentimientos y confidencias de los demás, llegando a crear un verdadero caos a su alrededor con el que disfruta sin remordimiento. En ocasiones se obsesionan tanto con señalar a otros, para que todos sospechen de dicha persona, que sin querer revelan su propio conflicto y naturaleza.

Tratamiento:

Nos es difícil hablar de tratamiento en cuanto es tratado como un síntoma o síndrome en vez de enfermedad en sí. Para abordar este problema, en primer lugar será necesario averiguar qué tipo de trastorno de la personalidad padece el individuo. Una vez diagnosticado lo más común es iniciar una terapia psicológica y farmacológica (en caso de que otra sintomatología acompañante lo marque como preciso) . Normalmente estas personas no suelen buscar ayuda terapéutica, en ocasiones acuden por otros motivos y es en esos momentos cuando el facultativo, si le es posible, aprovecha para abordar el verdadero problema. Aunque no es raro que un mitómano acuda a los servicios médicos- legales, en busca de un certificado que les salve de las consecuencias de alguna mala conducta, es decir, para protegerse, algunos de estos enfermos no tendrán dificultad en admitir que tienen un grave problema. Sin embargo, en algunos casos, ante el flagrante fracaso de su vida personal (normalmente terminan espantando con sus mentiras a todo aquel que ose acercarse) suelen acudir al terapeuta en busca de respuestas. Convivir con un mitómano no es nada fácil, pudiendo incluso a llegar arruinar la vida de quienes les rodean con sus mentiras (un mitómano perverso, lo haría sin pestañear).

El inicio de un tratamiento con el mitómano es un trabajo muy delicado y lento. Antes de enfrentar al paciente cara a cara con su problema, se le debe demostrar las consecuencias que está teniendo en su vida, ofrecerle argumentos y opciones ante las dificultades que se le han ido presentando a lo largo de su existencia. Se debe construir en el paciente un nuevo aprendizaje y pensamiento analítico, lo cual conllevará bastante tiempo y paciencia.

 



Etiquetas:   Psicología   ·   Psicología Social   ·   Salud Mental   ·   Psiquiatría   ·   Tratamiento Psicológico

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