Hace unos días publicaba en esta misma página un artículo sobre la polémica que rodea a los debates electorales. En ese momento no se sabía que la Junta Electoral Central acabaría vetando la presencia de Vox en el debate a cinco previsto en Atresmedia, y mucho menos se podía prever el bochornoso espectáculo dado por los partidos políticos tras la renuncia de Pedro Sánchez a intervenir en el debate de Atresmedia si no estaba Vox.
La polémica subió de tono cuando el Presidente del
Gobierno dijo que no acudiría al debate a cuatro de Atresmedia y si al de TVE,
que tras cambiar de fecha del 22 al 23 coincidiría con el de los canales del
grupo Planeta y por tanto lo haría inviable. Pedro Sánchez y la dirección de
TVE provocaron las iras tanto de Podemos, Ciudadanos y el PP como las de los
propios trabajadores del ente público. Finalmente, y ante el riesgo de que no
se celebrara ningún debate, Pedro Sánchez rectificó y terminó aceptando los dos
debates, uno en TVE el lunes 22 y otro el 23 en Atresmedia.
Pero dicho esto, y sin entrar
en los detalles de la encendida, y al mismo tiempo bochornosa, polémica de los
partidos para alcanzar un acuerdo sobre los debates, se hace necesaria una
reflexión y algunas puntualizaciones. Lo primero es que en los debates en los
que intervienen varios candidatos, en esta caso cuatro, no tiene mucho sentido
repetirlo y menos aún al día siguiente. Diferente es la situación en los cara a
cara, aquí sí parece aconsejable hacer dos debates para que en la segunda cita
ante las cámaras los candidatos pueden subsanar errores, si los hubo, o confirmar
el éxito de uno de los contrincantes. Haciendo un símil futbolístico el segundo
cara a cara sería como el partido de vuelta de una final que sólo disputan dos
equipos. En un debate a cuatro, y por aplicar la misma lógica, ¿habría que hacer
cuatro eventos de este tipo? sería absurdo.
Por otra parte, celebrar
debates dos días seguidos puede tener efectos contraproducentes. La expectación
que, sin duda, va a tener el debate del día 22 en TVE será superior a la del que
se celebre al día siguiente. Además, podemos pensar que quien gane el primer
debate tendrá, por efecto rebote, ganado el segundo. Pero, aunque haya sorpresas
y algún candidato que cometa errores el lunes, logre ser totalmente brillante
el martes, es posible que le sirva de poco porque la audiencia sea sustancialmente
menor en el debate de Atresmedia. Debe tenerse en cuenta que, aunque
está campaña sea más corta por la coincidencia con la Semana Santa, la gente ya
está saturada de información electoral, mítines, vídeos, candidatos con perros,
candidatos cocinando, tocando la guitarra y sobre todo mensajes repetidos hasta
la saciedad. Por ello, aunque ya es tarde para remediarlo, habría sido mejor un
único debate en Atresmedia o en TVE o en la Academia de Televisión, territorio “neutral”
que tan excelentes resultados ha dado en los debates de 2008, 2011, 2015 y
2016.
En definitiva, que en el
debate del lunes “puede quedar todo el pescado vendido”, y el martes encontrarnos
con los “escaparates políticos vacíos” o con pocos “compradores” dispuestos a sentarse
delante del televisor, hartos ya de tanto mensaje repetido, de tanto insulto y
de tanta demagogia que inevitablemente inunda las campañas electorales. Atentos.