El frentepopulismo que emponzoñó a la II República (y II)
Historia | 24/07/2018
Los primeros desbordados por la intoxicación ideológica y la práctica de la violencia indiscriminada, fueron los dignos pensadores que se alinearon con la República. José Ortega y Gasset exclamó: “no es esto, no es esto”; comprobó horrorizado lo que se escondía tras la apariencia constructiva de una Segunda República usada por asesinos despiadados para conseguir otros beneficios que nada tenían que ver con el orden democrático. El mismo Manuel Azaña criticó los intereses tabernarios de sus socios cuando descubrió el error de unificarse con ellos; bien se arrepintió de haber impulsado tan irresponsablemente las hordas salvajes que embrutecieron el país.
En detrimento de la superioridad moral que esgrimen seres ínfimos de estos reductos de la democracia en que se han convertido los tiempos actuales-a imagen y semejanza de los prolegómenos guerra civilistas del siglo pasado- históricamente está demostrado que la actitud criminal del frente populismo originó y provocó tumultos, asedios, persecuciones, revoluciones sangrientas, asesinatos, exterminios sistemáticos con intransigencias violentas y avasallamientos de intención aniquiladora. La intransigencia estaba en ellos y se quejaron como víctimas cuando no hubo otra opción que la defensa por la vida. Depredadores sin honra pero camuflados tras la representación política y social. Intereses tabernarios del submundo social, alimentados con la avaricia y el recelo por subordinación a complejos propios de una malformación moral. Un totum revolutum de intereses radicales que pretendieron llegar al poder rompiendo toda regla democrática y atropellando sin escrúpulos humanitarios al adversario político y social. Solo la falta de sentido común y una moral desviada explican cómo un grupo de beligerantes y resentidos pretende ahora reventar la coexistencia, imponiendo sus dogmas totalitarios, haciéndose pasar además por los inocentes y las víctimas de toda injusticia. Víctimas de falso que acusan de asesinos o fascistas a inocentes para repetir sus retorcidas intenciones que revientan cualquier paz social doquiera se vaya.
Desde 1934 no había escapatoria ante la actitud totalitarista y la imposición cruel. No obstante España era presa de la incondicional degeneración del bolchevismo instaurado en la Rusia zarista por la fuerza de las armas y la represión, como modo de imponer una dictadura del proletariado que el socialista Largo Caballero se encargó de preconizar en España. Arrastró al PSOE junto a otras fuerzas que pretendían coaccionar la convivencia socio política, con el fin de convertir el país en una prolongación ideológica de la maquinaria soviética.
La Historia demostró, a través de sus testigos, que mienten aquellos que muestran sus afilados caninos, como los de entonces, entonando con victimismo la excusa de la defensa democrática ante el golpe del 18 de Julio contra una república frente populista ¿legitimada por las urnas? No. Fraude electoral y pucherazo. Ahora hay demostración documental de que todo ello era el bulo victimista de los que provocaron el enfrentamiento.
Hoy prevalece un romanticismo transgresor que aboga por la imposición de la ideología y hasta de la violencia para conseguirla, remontando los años hasta el treinta y seis, con el objetivo de excusar cualquier acción conducente a la radicalización. El pretexto de esa coacción permanente se basa en el levantamiento del 18 de julio por parte de la otra España que supuestamente arremetió contra una II República elegida mediante sufragio universal. Una gran mentira que los propios republicanos de aquel ayer se encargan, en pleno siglo XXI, de evidenciarla.
El Frente Popular fue la violencia instaurada mediante un plan de radicalización que Largo Caballero y otros exaltados se encargaron de sembrar, aduciendo que de no ganar en las urnas se iría a la contienda civil. Los tramposos, rastreros sin regla moral, fueron los que se victimizaron siendo los auténticos depredadores cruentos contra los que la otra España se defendió después de sufrir una escalada de violencia que posicionó previamente lo que serían los dos bandos enfrentados después.
No todas las hipocresías son criminales pero sí toda criminalidad es hipócrita. Y en esa falsedad sin escrúpulos, los culpables de los desequilibrios sociales gritan a los cuatro vientos las injusticias ajenas, mientras justifican como jueces implacables los designios delictivos contra los inocentes. De ahí la intolerancia contra todo lo que no piensa como ellos y la enfermiza como malvada pretensión de atropellar a cuantos no son de sus intolerantes agrados. Como entonces, hoy. Que haya o no una república les importa una higa, pero no que deje de haber una monarquía: con la primera están más cerca de salirse con la suya. Que luego España plante cara es otra reincidente historia.
De aquella contienda fratricida habían aprendido los españoles con la sangre y la tragedia para no repetir los mismos errores de unos y otros, hasta que parásitos de esa Historia decidieron aprovecharse y sembraron la cizaña de antaño, sacándose de la manga una memoria para desvirtuar los acontecimientos del ayer sanguinolento en un país que, hasta la llegada de Zapatero, había convivido sin resarcirse de sus rencores olvidados.
No debemos dejarnos engañar: no han regresado las ideas-hay dignos pensadores y simpatizantes de izquierdas que no comulgan con la barbarie-, sino la intención dañina de jugadores de ventaja que pretenden conseguir su botín mediante el asalto al orden social. Delincuentes que buscan legitimar sus codicias adueñándose de la voluntad de un pueblo engañado. No hay más tras el simplismo beligerante de los alborotadores y malhechores de siempre, lo disfracen de comunismo estalinista, nacionalismo o de tendencia bolivariana en el siglo XXI.
"Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta" Así definía Manuel Azaña a quienes se habían aliado engañosamente con la Segunda República izquierdista para buscar sus propios intereses delictivos. Intereses de botín los de entonces como los de ahora, tan perjudiciales para cualquier sociedad civilizada.