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Estamos pues en la recta final de un proceso electoral, que
aun y cuando obedece a un formato establecido, ha tenido sus propias
características, peculiaridades que se definen de acuerdo a cada región del
estado.
Digamos que en términos de competencia, esta se ha centrado
básicamente en Cancún, porque en todos los demás municipios la superioridad
priista es latente, sobre todo en Solidaridad y Cozumel.
De tal suerte que por ser la única demarcación en donde
existe una verdadera rivalidad, adicionalmente a su tamaño y peso especifico,
es en Cancún en donde se centra la atención.
No olvidemos que como producto de la redistritacion, para
esta ocasión el número de escaños al congreso que se disputan en esta región
aumento al doble, pasando de cuatro distritos locales a ocho, de los cuales dos
se comparten con Lázaro Cárdenas e Isla Mujeres.
Eso no solo concentra más la competencia, además por ser una
circunstancia inédita, transformo la forma de hacer las cosas para todos los
partidos políticos.
Pero independientemente de estos factores, lo que ha marcado
la ruta del proceso han sido tres elementos, el que los partidos de la
izquierda aliados tradicionales en esta oportunidad hayan ido por separado.
La imposibilidad, esta por sus mismos errores, para
consolidar la coalición entre perredistas y panistas y por último el contraste
notorio en la forma de hacer campaña entre perredistas y priistas.
Si consideramos que en Cancún el Partido de la Revolución
Democrática es gobierno y que su candidata Graciela Saldaña, venia
recientemente de ganar la diputación federal, al principio del proceso, se pudo
pensar que su causa tendría ventaja.
Sin embargo el desgaste de la administración perredista
encabezada por Julián Ricalde, los pleitos intestinos entre sus líderes y
corrientes y una candidata que no logra penetrar en el electorado, han cambiado
radicalmente los pronósticos previos.
A ello hay que sumarle que la campaña perredista además de
desangelada, ha sido muy desorganizada, muestra clara de la descomposición que
priva al interior de sus filas.
Más allá de de cualquier otro aspecto o incluso pretexto, la
realidad es que el perredismo, con todo y que cuenta con una amplia estructura
electoral probada, no ha sido capaz de mantener una ventaja que en términos
reales tenía a su favor.
Ahora bien, en esta visible disminución se conjuga otro
factor, el que se relaciona con el buen trabajo de proselitismo que el
contingente priista ha estado realizando.
Porque mas allá de las percepciones individuales y el
respeto que estas merecen, no se puede negar que los priistas saben hacer
campaña, que a diferencia de su principal competidor, están muy bien dirigidos
y organizados.
Naturalmente los candidatos por separado cuentan y mucho, en
este caso en el bando priista hay algunos que se están destacando y creciendo
en imagen personal y lo que esta proyecta.
Ejemplo especifico de ello, el propio candidato a la
presidencia municipal Paul Carrillo, al que se le nota que la campaña le ha
hecho mucho bien, se percibe en su discurso y en su actitud.
Esto ha venido generando una corriente muy favorable para su
causa, porque lo que está logrando independientemente del tema de las simpatías
es credibilidad y confianza y esos son valores fundamentales para ganar una elección.
Un asunto que trasciende bajo la perspectiva de que Paul
Carrillo está consiguiendo sumar una perspectiva de voto mayor a la que
corresponde al voto duro tradicional priista.
Esta puede ser sin duda la clave del resultado, la
diferencia que señale al ganador, porque antes de empezar la elección si
sumábamos el voto duro de los partidos de la izquierda más los del panismo en
alianza, el panorama para el PRI era muy cuesta arriba.
Pero como estas fuerzas decidieron por la ambición de sus
líderes ir por separado, ellos mismos pulverizaron la ventaja que teóricamente
tenían, de tal suerte que en una comparación individual, la competencia se
redujo solamente al PRI y al PRD.
Siendo así como hemos visto las fuerzas se equilibraron,
pero eso provoco una sensación contraria para el perredismo y muy favorable
para el priismo, porque para los primeros el peor escenario es la imagen de
perder la ventaja y para los segundos de arrebatarla.
Esto incide y mucho en el amplio contingente de votantes que
no son ni militantes, ni simpatizantes formales de ningún partido y que en
Cancún son la gran mayoría.
Dada esta consideración y observando el derrotero de las
campañas, se puede concluir sin que esto infiera pronosticar como tal un
resultado especifico, sino solamente un factor que puede resultar esencial, que
la dinámica para el perredismo se fue a la baja y la del priismo a la alza.
De ahí la importancia de que la campaña de Paul Carrillo en
particular, al menos así se ve, está obteniendo mejores dividendos en la lucha
por los sufragios que no se concentran en los votos duros.
Al haber tantos distritos es natural pensar que pueda haber
voto diferenciado en la preferencia por diputados y alcaldes, eso en todo caso
obliga a un análisis posterior diferente.
En todo caso en todos los distritos se vota por Presidente
Municipal, por tanto las enormes diferencias entre Graciela Saldaña y Paul
Carrillo han posicionado mejor a este último.
Siendo de esta forma, Carrillo ya consiguió arroparse de una
imagen que se acompaña de la sensación de triunfo y esa es mejor publicidad que
cualquier estrategia de mercadotecnia.
Esa es la mejor forma de darle la vuelta a cualquier
pronóstico previo, es por supuesto el efecto más sobresaliente, porque deriva
en influencia y esa es la herramienta a través de la cual se construye una
victoria.
Finalmente como apuntábamos al principio, faltan ya muy
pocos días para conocer el desenlace, difícilmente en este breve espacio pueda
pasar algo que modifique las tendencias, de tal suerte que si lo que parece
termina por ser, lo que sucederá y pronto lo sabremos, es que por lo menos en
el caso de la alcaldía de Cancún, ganara la disciplina y la organización,
porque la elección es antes que otra cosa un asunto de confianza.
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