. comencé a sentir hormigueos en el estómago. El texto informaba así: “Miguel Carcaño, único condenado por el asesinato de Marta del Castillo, dispone de una televisión de plasma en su habitación del módulo 14 de la cárcel de Morón de la Frontera”. A pesar de la repugnancia que suele provocar en la gente cuerda este tipo de beneficios para el solaz, recreo y disfrute de los presos asesinos, no me causó, por el contrario, gran sorpresa por estar ya acostumbrados a saber de los lujos y comodidades que les suelen proporcionar a los presos etarras, especialmente en la moderna, lujosa y recoleta prisión de Zaballa en Alava.
La información sobre el indeseable y ruin personaje concluía con que, además de llevar una vida bastante solitaria por su nula relación con el resto de presos, disfruta también de una piscina olímpica para baños de relajamiento y de una videoconsola en el módulo. O sea, que vive anidado en el confort. Además y como complemento de su bienestar, suele pasar el tiempo revisando la correspondencia de sus ‘admiradoras’ que le envían numerosas cartas y dinero.
Mientras este mezquino elemento se sigue pitorreando de la policía y de todos los españoles, el sistema bobalicón que tenemos establecido para redimir con bondad a los canallas nos lleva a proporcionarles comodidades penitenciarias de lujo para que disfruten y hagan más llevadera la pena. Es difícil entender que mientras los padres, familiares y amigos de Marta del Castillo viven en la pena y en la lucha diaria por saber el paradero del cuerpo de la infortunada, el presunto asesino, instalado en la indecencia de la mentira y del silencio cómplice, vive de cojón de pato a nuestra costa.La perversión de este malvado no se limita únicamente a silenciar la autoría del hecho criminal y el lugar donde fue escondido el cuerpo de la víctima, sino que además se recrea en el sufrimiento de los padres y familiares de Marta y se cachondea de la autoridad judicial y policial dándoles pistas complicadas y falsas sobre el paradero del cuerpo de la joven. Como premio a este mezquino comportamiento, Miguel Carcaño disfruta de una estancia confortable, con dotaciones para su solaz, y con el beneficio de saludables desayunos, comidas y cenas que hoy no están al alcance de miles de niños y de honrados ciudadanos.Es injusto de justicia que mientras este cruel personajillo no aclare las circunstancias de la muerte y el paradero del cuerpo de Marta del Castillo, continúe disfrutando de las bondades, comodidades y beneficios que ofrecen las cárceles.Si estas bondades se cortarían, quizás dejaría de reírse de la policía y de la sociedad.