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Amor de Papá


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21/06/2013

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La propuesta de modificación de ley de tuición de los hijos en caso de padres separados ha dado para hablar. Artículos más o menos, lo que me preocupa, producto de lo que observo todos los días, es el espíritu que debe animar esa ley. A punta de abultar las leyes existentes no tendremos mejores padres. Se trata de crear conciencia de que engendrar vida supone deberes ineludibles e intransferibles. Y es ahí donde debo decir que, en este país, tal cual somos, estoy de parte de las madres que llevan buena parte de la carga familiar, si es que no toda. Soy testigo de lo mal que lo pasan muchísimas madres separadas, abandonadas en Chile; cómo su vida es un peregrinaje en tribunales por cuatro chauchas para dar de comer a sus hijos.


Reconozco que existen padres que son cumplidores en el pago de las pensiones, que van más allá del estricto cumplimiento de la ley, que se encuentran con ex-cónyuges que les hacen la vida imposible, que dosifican sus visitas a los hijos, que los extorsionan con permisos famélicos. Es cierto que se dan de esos casos. Pero me toca ser testigo cotidianamente del abandono de muchas mujeres, de miles que deben llenar la olla a punta de sacar fuerzas de flaqueza, multiplicándose en esfuerzos para lograr llegar más o menos dignamente a final de mes.

La verdad, la mujer separada en Chile no lo tiene fácil. ES lo que escucho de los mismos hijos. Son pocos los hijos de padres separados que me hablen bien de sus padres. Y no por lo que les digan sus madres. Al contrario. Muchas madres cuidan la imagen paterna ya que saben que es importante para el equilibrio emocional de los hijos.

Tengo un gran aprecio por el mundo femenino chileno. Soy testigo de su empeño, dedicación y entrega. No lo veo así en el género masculino. Ya lo he dicho en columnas anteriores: la palabra papá en este país se escribe con minúscula, lamentablemente. Algunos hombres salvan el género, gracias a Dios. Pero son demasiados los que han transformado la paternidad en una caricatura tristona, patética; que andan de cuentacuentos por la vida, embolinando a sus hijos con promesas, llorándoles soledad y abandono. Y, ojo, si usted buen amigo, que lee estas líneas, es papá y no es de esos, no se preocupe entonces.

Insisto. Quienes son fieles cumplidores de sus obligaciones paternas y se han hecho cargo responsablemente de lo que engendraron, bienvenido sea. Hacen lo correcto. Nada más.

El problema son los irresponsables, los que se desentienden y se hacen los lesos. El daño es enorme.

Apoyo una ley de tuición compartida si ella sirve para que, quien ha sido negligente en el cumplimiento de sus deberes de padre o madre, los reasuma. Así de simple.

 

Hugo Tagle M.



Twitter: @hugotagle



Etiquetas:   Familia   ·   Sociedad

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Cristián Betanzo Rivera, Ingeniería Civil Hugo, finalmente sucede lo mismo que con la mayoría de las leyes... están pensadas para castigar quienes no cumplen, y con eso arrastran a justos y pecadores.





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