. Cierto, tal vez usted aún recuerde los tiempos en que para
cambiar de propietario había que llevar el vehículo a los patios del Registro y
para hacerlo, le retiraban llantas extranjeras, radios que no fueran de fábrica,
equipos de sonido y todos los aditamentos que se le hubieran incluido al carro,
pues se corría el riesgo de perderlo por ese gran abuso.
Al
tiempo perdió poder y vigencia ese registro y se buscó, ¡Oh ilusión!, que fuera
un ente privado el que manejara el control de los vehículos, según para evitar
la corrupción. No necesito entrar a más detalle. Usted ha conocer la historia, allá
por el lejano año dos mil, de quien fuera nombrado titular del RENAVE, Miguel Ángel
Cavallo, famoso torturador argentino, que hizo que todo el esfuerzo del
gobierno por regular el comercio automotriz se fuera al traste.
En
México actualmente está en vigor la Ley
Del Registro Público Vehicular, publicada en el Diario Oficial de la
Federación el 1º de septiembre de 2004 y es la que, en tres títulos y un total
de veintisiete artículos, establece: I.- Disposiciones generales; II.- El
Registro, incluyendo objeto e integración, inscripción, avisos; y, III.-
Infracciones y sanciones. Por supuesto, dado que la misma ley en su artículo tercero
indica su aplicación corresponde al
Ejecutivo Federal, por conducto del Secretariado Ejecutivo, éste ha sido uno
más de los organismos creados para la atención puntual de las acciones a cargo
del Ejecutivo de la Unión.
En
su página de Internet, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública ha creado la información necesaria para quien necesite saber
acerca de Repuve, su marco legal, las preguntas frecuentes, las normas
oficiales mexicanas (NOM) aplicables y demás datos de interés público. Entre
ellos, aparece la manera de tener acceso a información respecto de vehículos
con embargos, aseguramientos y con juicios o procesos legales. Esta última tuve
oportunidad de utilizarla hace tiempo a consecuencia de la operación fraudulenta
que quisieron hacer con un cliente que tuvo la precaución de buscar asesoría
legal con nosotros antes de comprar el vehículo y así, se evitó el problema
mayúsculo que hubiera sido ser propietario de un coche con un embargo del que
el depositario judicial desatendió el cargo.
Ahora,
aparece la noticia que se instalará un chip a todos y cada uno de los vehículos
que circulan en el país y que según servirá para arrojar datos acerca del
vehículo y no, del conductor.
Como
todo en la vida, tiene claroscuros. La tecnología es el destino de la humanidad
pero la forma de aplicarla es la responsabilidad de los hombres. Los alcances y
lo que queremos que pueda hacer la tecnología en nuestra vida, es nuestra
responsabilidad como sociedad.
Si
para ayudar a combatir la inseguridad es válido que se instale una forma de
monitorear los vehículos, que no a las personas, será bien recibida. Si por el
contrario, lo que se pretende es tener un control del tipo que presagió George
Orwell en su muy famosa obra 1984, vamos mal. Además, los mexicanos tenemos ya
la muy amarga experiencia de las bases de datos de IFE y otras similares que están
disponibles a la venta en los mercados públicos, saber que la relativa a los
vehículos pudiera ser igualmente ofrecida a la venta al mejor postor, es una
interrogante que a todos nos crispa los nervios. ¿Será realmente confiable el
gobierno como para permitirle que maneje la información? Recuerde usted cómo
nos fue con el registro de los celulares.
Nuestra
sociedad no está para experimentos que vayan en contra de lo que realmente nos
beneficia. Ya no es posible que los gobernantes, en su afán de notoriedad y mal
asesorados, busquen formas de control que lastiman a la gente.
Cierto,
los vehículos son el medio de transporte de la mayoría de la población. Eso, en
las zonas urbanas. En las rurales, aún persisten medios de transporte de
tracción animal y aquellos en los que el ser humano es la fuente de energía,
como las bicicletas. ¿Habrá controles en los triciclos y bicicletas, como el
impuesto que quiso cobrar el gobierno de Coahuila en ese tema?
Además
queda una asignatura pendiente. ¿El fin que se persigue es en beneficio de la
sociedad o solamente es una idea para tener una nueva fuente de ingresos para
el Estado?
La
claridad en la expresión de los afanes del gobierno debe ser premisa
fundamental. Explicar qué es lo que se busca y hacer valer las razones
necesarias, debe ser compromiso primario del gobernante. No hacerlo, lo aparta
de la sociedad y lo hace actuar a espaldas del pueblo, obteniendo a cambio, el
rechazo social.
Me
gustaría conocer su opinión. Vale la pena.