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Libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea


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19/06/2013

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Lo que por mucho tiempo pareció un sueño, hoy después de franquear las principales barreras que lo obstaculizaban,  parece que podrá convertirse en realidad, la consecución de un tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea de Naciones.


Hace aproximadamente treinta años se planteo por primera vez la posibilidad de crear un esquema de libre comercio de este tipo, sin embargo en esa ocasión el influyente gobierno francés se opuso rotundamente.

Seguramente en esta oportunidad, a pesar de las diferencias parciales que puedan seguir existiendo, son dos los elementos trascendentales, que permiten pensar que ahora si se pueda consolidar.

Primero el impacto demoledor de la crisis de deuda en el continente europeo, como la desaceleración de la economía norteamericana, en segundo plano pero no menos importante, la necesidad  de integración regional para equilibrar el crecimiento y desarrollo que está experimentando China.

Se trata pues de una cuestión de voluntades políticas y económicas, que van más allá de posicionamientos nacionalistas, sobre todo porque la situación actual requiere de medidas consistentes.

Dicho pacto que ya se conoce extra oficialmente como “Sociedad Trasatlántica de Comercio e Inversión” tiene ya un inicio formal de pláticas y se prevé que, la primera ronda de negociaciones se realice el próximo mes de julio en la capital norteamericana.

Según cálculos de los gobiernos involucrados, dichas negociaciones podrían tardar aproximadamente año y medio, lo cual significaría un periodo realmente corto, considerando el nivel de los acuerdos de este tipo.

El anuncio se realizo de manera conjunta a través del Presidente Barack Obama y el Primer Ministro británico David Cameron, ante los miembros de la Comisión y el Consejo europeos, en el marco de la cumbre del G8 que se lleva a cabo en Irlanda del Norte.

Estamos hablando del mecanismo más ambicioso del mundo en materia de intercambio comercial, que de suyo puede representar, una herramienta que contribuya de manera definitiva a frenar una eventual nueva crisis económica mundial en ciernes, como ya explicábamos en esta columna anteriormente.

Este tratado de libre comercio augura la creación de un importantísimo número de nuevos empleos, lo cual sin duda fortalecería los esfuerzos para impulsar el crecimiento económico.

Hoy en día se calcula según fuentes oficiales, que el comercio entre los Estados Unidos y Europa ronda en los noventa mil millones de dólares mensuales, de tal suerte que la firma del acuerdo referido podría implicar un considerable aumento de esa suma.

De manera conjunta la Unión Europea y los Estados Unidos representan la mitad de la producción económica global, y una tercera parte del comercio mundial.

De ahí que plantear la eliminación y flexibilización de barreras arancelarias y comerciales, bien podría estimular un aumento exponencial de operaciones que sin duda tendrían un gran impacto en sus economías.

Ahora bien, según los análisis más serios al respecto, aun y cuando en el papel serian los Estados Unidos los que resultarían en principio los más beneficiados con el acuerdo, para los países europeos la firma representaría una alternativa real para salir de su crisis.

La diferencia se señala en las previsiones, es decir para los Estados Unidos el impacto podría causar un incremento percapita del PIB en el orden de hasta un trece por ciento, mientras que el promedio en la Unión Europea seria del cinco por ciento.

De cualquier manera, la Sociedad Trasatlántica para el Comercio y la inversión, supone el acuerdo comercial más trascendente para la economía mundial, que sin duda representa un parteaguas que modificaría de manera determinante la misma economía global.

Como se ve, es un instrumento que independientemente de su vertiente orientada al crecimiento y el desarrollo, se convierte en la herramienta ideal para contener los estragos de las crisis anteriores y las que se estiman puedan surgir en el presente.

Naturalmente por la cercanía y dependencia de nuestra economía con la de los Estados Unidos, habría que analizar el impacto que la firma de este acuerdo puede tener para México.

En principio una recuperación de la economía norteamericana nos beneficia, pero un incremento de su relación comercial con la Unión Europea, en condiciones muy favorables para los países del viejo continente, también podría sugerir una competencia para nuestros productos.

Facilitar el aumento de transacciones entre europeos y norteamericanos, por consecuencia podría atentar contra el equilibrio de la balanza de intercambio de nuestras exportaciones al mercado estadounidense.

De tal suerte que el hecho positivo, de que el mercado norteamericano recupere su fortaleza de compra, gracias a este mecanismo, por su propia naturaleza, también infiere que tenga más alternativas para ello y que no necesariamente se concentre en nuestras exportaciones.

Por lo tanto y con todo que la expectativa del acuerdo trasatlántico inicialmente sea positiva para México, específicamente en función de la recuperación del mercado norteamericano, eso no quiere decir que no nos suponga complicaciones.

Es por ello que una vez más hay que insistir en la necesidad urgente de fortalecer nuestro mercado interno, tanto en materia de circulación del dinero, como para poder alcanzar mayores niveles de competitividad.

No se trata de que México siga siendo un gran importador, porque eso solo genera un desequilibrio que tarde o temprano desestimula la producción y reduce las expectativas de empleo y por ende de crecimiento.

Por el contrario, es el momento de impulsar esquemas que favorezcan las exportaciones, fortalecer la planta industrial, insistimos en condiciones realmente competitivas.

Los mensajes del proceso económico, con todo y sus vaivenes recientes, apuntan sin duda hacia una integración occidental, independientemente de sus causas, lo que hay que atender son los efectos.

Año y medio puede ser un periodo muy corto, en consideración de los efectos que va a generar la firma y puesta en marcha del acuerdo trasatlántico, por tanto al gobierno mexicano le urge reposicionar su estrategia.

La que se relaciona con el crecimiento y el desarrollo y no solo bajo criterios financieros de contención ante las crisis externas, que si bien hasta ahora han sido correctos, hacia el futuro serán insuficientes.

 

twitter@vazquezhandall

Etiquetas:   Economía   ·   Comercio

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