. Por más que apretemos con fuerza los números de la
calculadora el resultado dirá lo mismo.
En la competencia te ganaron
Argentinos, Rafaela, San Martín de San Juan, Quilmes, ¿cómo fue que pasó,
Independiente? ¿Hubo subestimación? Podríamos terminar la crónica de esta
manera pero hay, como en todo proceso, mucha más tierra para escarbar y
culpables para apuntalar y no olvidar. Esta nota persistirá en el tiempo aunque
sea en la página 124 de Google, en la vorágine informativa del hoy debe haber
espacio para la memoria. Independiente sufrió un período paulatino de desmantelamiento
futbolístico e institucional que tienen responsables con nombres y apellidos, las Comisiones Directivas comandadas por
Julio Comparada y Javier Cantero. Comparada, su impronta de empresario
exitoso, cual Macri en los 90, que traería panaceas incalculables a
Independiente terminó siendo un cúmulo
de mentiras, un estadio no concluido, con enormes falencias y una habilitación
del mismo que resulta irrisoria. Cualquiera que fue a la cancha de
Independiente sabe de lo que estoy hablando. Millones y millones de dólares por
las ventas de Agüero, Ustari y Denis, promesas incumplidas, una descapitalización sonante que
afectó, más allá de alguna primavera como lo fue la Copa Sudamericana 2010, la
estructura futbolística en toda la pirámide. Divisiones inferiores desatendidas, que supieron ser de elite, otra
faceta del llamado Orgullo Nacional, mínima detección de talentos y abonar,
abonar y abonar contratos onerosos de jugadores que venían y así se iban,
aumentando el déficit económico y deportivo. Grupos inversores, empresarios,
representantes, todos chochos con la billetera rellena mientras el club raquítico
socavaba su propia fosa. Pasó en River, San Lorenzo, Independiente y seguirá
ocurriendo. En Independiente existió la unión inherente con la Barra, a la cual le sirvieron en bandeja todo el poder
para su uso irrestricto en las instalaciones del club, con prebendas, arreglos
y dinero, mucho dinero, a cambio de respaldo en la tribuna, a cambio de callar el vaciamiento. Gente
que no le interesaba Independiente, sólo era el conducto para recaudar.
Como el tiempo no es simultáneo, la
dura herencia recibida por Cantero, una grave crisis económica e institucional
de la gestión Comparada se vio implicada por la pésima política de contrataciones, avalada por el entonces
entrenador Cristian Díaz, realizadas bajo el ala de Cantero. De la escasez
monetaria se reduce la amplitud de opciones y las prioridades van mermando, no
hay dinero para convencer figuras y uno va corriendo hacia el outlet
persignándose en encontrar algo decente. En la pobreza se eligió peor. Se habló
sobre la experiencia de los futbolistas como un basamento en la obtención de
puntos, en una temporada que como mínimo el club tenía que sacar más de 55
puntos. Cantero dijo que si Independiente no llegaba a los 60 tenía que
descender. La cifra se clavó en 38.
Los apellidos que llegaron como Zapata, Santana, Rosales, Leguizamón, Vargas,
Morel y Tula, éstos tres últimos con rendimientos más acordes, no superlativos,
a lo que se esperaba. El resto pasó más tiempo en kinesiología que en el campo
de juego. Para el verano, con dos opciones solamente se trajo a Daniel
Montenegro y aun ignoto colombiano Juan Caicedo, de pobrísimo nivel. Se lo
trajo de última, para ver si salía el tiro del final. Ni eso. Los futbolistas
que ya estaban en la institución como Ferreyra, Battión, Farías, Tuzzio y
Navarro se vieron envueltos en un bajón en su rendimiento del que no hubo
escapatoria y hoy se van por la puerta de atrás, de la peor manera. Refuerzos
que no funcionan, las propias fuerzas tampoco, la tercera pata significó dar pista a los chicos, los
que finalmente pusieron la cara en este momento, los menos responsables pero
que se llevan los flashes alarmantes, las lágrimas, el dolor interno que no se
borrará así porque sí. Villalba, Trejo, Godoy, Eloy Rodríguez, Monserrat, Pizzini,
Diego Rodríguez, entre otros salieron a la palestra, con equivocaciones y
virtudes pero desde el rol de la entereza, valiosa sí las hay.
Cantero ahondó hasta lo que pudo en
su lucha con los barras. Sus pares lo dejaron
solo, el Gobierno también, nadie quiere erradicar nada cuando hay intereses
que se tocan. Mano de obra cara, que apremia si no hay réditos pero tan
necesario en tiempos eleccionarios y en lo que no. Tuvo que pactar, despedir a Florencia Arietto, decir que no quería
que la cancha fuese una iglesia, negociar en la derrota, en la ignominia, en el
peor tipo de negociación, tirado al piso, golpeado. ¿Cómo hacer para llevarse
una migaja? Imposible, tiene que
agradecer que todavía está vivo. La situación deportiva se desmadró, Garnero, Mohamed, Ramón, Díaz, Gallego y Brindisi, éste último tan cómodo
desde su sillón televisivo pero que salió eyectado hacia Avellaneda cuando
nadie, pero nadie quería agarrar este fierro caliente que ya transpiraba segunda categoría. La
B Nacional será la travesía que deberá
encauzar el actor Independiente. No sencillo, no simple pero la realidad es una
sola y hay que caminarla con la sapiencia que supo gozar el Rojo en otros tiempos. No por nada llegó
a ser un club modelo en Argentina, la envidia de ajenos, admirados por el
caudal de fútbol que derramaba la mitad de Avellaneda.
Independiente
es una porción ineludible del fútbol argentino. Erico, De la Mata, Bochini, Grillo,
Bertoni, Marangoni, Agüero, Milito y nos pondríamos renglones y renglones
manifestando la grandeza de un equipo que no mancha su historia por este
traspié deportivo. La historia está escrita pero debe seguir escribiéndose a
mano alzada, en comenzar el operativo
retorno desde el vamos, ahora, con la participación activa de los socios
que no deben esconderse ante esta adversidad y ellos, los no pagos, los que no
se venden al mejor postor, los que sufrieron la pérdida de categoría en la piel,
deben ser partícipes en la reconstrucción de Independiente, inmediata en tiempos.
Independiente no puede despedazarse por otros.