Despertando a Ned: ¿el dinero da la felicidad?

"El dinero cambia a las personas y no hay mayor cambio que pasar de la vida a la muerte". La brillante línea de guión articulada por uno de los roles secundarios de Despertando a Ned (Kirk Jones, 1998), da buena cuenta de lo que el espectador va a encontrarse en ella: una crónica de cómo el dinero transforma -para mal- la vida del ser humano; cómo el afán de lucro le hace renunciar a sus ideales y sacar lo peor de uno mismo, desde el egoísmo hasta la mentira. Sin embargo, a pesar de que a muchos pueda parecerles una temática más o menos socorrida, Jones se distancia del tópico para elaborar un relato diferente, fresco y alejado de cualquier parámetro de cine comercial. Cuenta de ello da, por ejemplo, el propio lugar donde se desarrolla la acción, un apartado pueblo irlandés de apenas 50 habitantes, los cuales presentan una edad media de 70 años. Sin embargo, a pesar de la avanzada edad de los lugareños -por mucho que se incluya la historia de amor entre dos jóvenes, trama palalela que, como todas sus subtramas del film funciona a la perfección-, el resultado final está confeccionado para que el disfrute del público de todas las edades. 

 

. La brillante línea de guión articulada por uno de los roles secundarios de Despertando a Ned (Kirk Jones, 1998), da buena cuenta de lo que el espectador va a encontrarse en ella: una crónica de cómo el dinero transforma -para mal- la vida del ser humano; cómo el afán de lucro le hace renunciar a sus ideales y sacar lo peor de uno mismo, desde el egoísmo hasta la mentira. Sin embargo, a pesar de que a muchos pueda parecerles una temática más o menos socorrida, Jones se distancia del tópico para elaborar un relato diferente, fresco y alejado de cualquier parámetro de cine comercial. Cuenta de ello da, por ejemplo, el propio lugar donde se desarrolla la acción, un apartado pueblo irlandés de apenas 50 habitantes, los cuales presentan una edad media de 70 años. Sin embargo, a pesar de la avanzada edad de los lugareños -por mucho que se incluya la historia de amor entre dos jóvenes, trama palalela que, como todas sus subtramas del film funciona a la perfección-, el resultado final está confeccionado para que el disfrute del público de todas las edades. 
El director, más tarde autor de la notable Todos están bien (2006) o la irregular Qué esperar cuando estás esperando (2012), firma su mejor película hasta la fecha a través de la historia de Jackie O´Shea (Ian Bannen) y Michael Sullivan (David Kelly), dos ancianos que conforman la comunidad rural de Tullymore. La plácida existencia y la monotonía  habitual que se respira en el pueblo se verá alterada cuando descubran que a Ned, uno de sus vecinos, le ha tocado el gordo de lotería. Sin embargo, ambos lugareños descubren que el agraciado falleció víctima de un infarto en el salón de su casa justo al conocer la noticia, por lo que urden un plan: hacerse pasar por el muerto y, de esta forma, cobrar el jugoso premio. Plan que presentará alguna que otra laguna con la irrupción de un funcionario de la Lotería Nacional. A pesar de lo rocambolesco de su argumento, lo curioso es que Jones consigue hacer creíble la función, gracias en parte a la gran labor de sus veteranos actores británicos; así, lo que en un principio nos parece algo irreal y falto de gracia, va derivando en una historia absolutamente creíble, francamente divertida y preñada de ingeniosas dosis de humor negro. Otro de sus rasgos distintivos es el proceso a través del cual el espectador se va encariñando con todos y cada uno de sus personajes, por mucho que sus actos bordeen la legalidad.

Despertando a Ned es una película sencilla, que no simple, a la que resulta imposible no sentirse atraídos por sus campechanos personajes o establecer una súbita conexión  con ellos, por encima incluso del debate moral que suscitan sus actos. Parte de culpa de esta inmersión en su trama la tiene la música celta a la que el director recurre para ilustrar esos bucólicos y oníricos paisajes de la localidad; una partitura típicamente irlandesa que funciona como un personaje más en la acción y que se encarga de dotarla de profundidad y nostalgia. Porque si algo caracteriza Despertando a Ned es su inteligencia a la hora de modular las emociones del público, gracias a un trabajado guión en el que brillan gags tan desternillantes como el de los pre-títulos de crédito. La película, en efecto, sufre una potente transmutación en su acto final; lo que hasta ese momento era una -amable- radiografía de la ambición, deriva, moraleja incluida, en un fino y enternecedor canto a la amistad; una alquimia por la que la película gana varios enteros y en la que frases como "cuando nos reíamos, rejuvenecíamos", del antológico último discurso del protagonista, se quedan grababas a fuego para siempre. Humor y emoción se hermanan de forma extraordinaria, siempre sin caer en el mal gusto ni en el humor escatológico, donde hasta la indescriptible escena en la que Sullivan va completamente desnudo a bordo de una motocicleta refleja una sensibilidad extrema, un tacto infinito, cuando en manos de otro director hubiese sido algo más morboso. 

En definitiva, Despertando a Ned constituye el enésimo ejemplo de que para hacer gran cine no hacen falta grandes presupuestos ni duraciones; una obra costumbrista que se consume con una rapidez inusual, con una hora y media que se hace corta y que a sus 15 años de su estreno sigue más viva que nunca. Una de esos títulos a los que recurrir para pasar una tarde de domingo en casa y encarar la semana con buen humor y, con suerte, siendo mejores personas.

UNETE



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