Lo peor de todo este juego de desequilibrio de la sensatez es que se hace con nuestro dinero. Me refiero a las ridículas y extravagantes actuaciones con las que algunos genios de la nada, uncidos de deslumbrantes iluminaciones artísticas, nos intentan sorprender. Además lo hacen sin complejo ni recato. Ellos a lo suyo. Intentan impresionarnos con las absurdas mamarrachadas diseñadas por sus ilustres talentos, y se muestran ufanos de las genialidades paridas. Si se molestaran en mirarnos un instante, aunque fuera de reojo, comprobarían sin esfuerzo las carcajadas que nos provocan sus inspiraciones.



