. Esto lo hacía como reacción
ante situaciones que por omisión o acción el Gobierno – o en sentido amplio –
el Estado se percibía iba en contra de sus intereses o su situación. Más allá
de tratar de caracterizarlos, por duración en el tiempo, cantidad de miembros,
temas o temáticas a las que se refieren, capacidad de organización y lucha;
pareciera ser interesante un nuevo fenómeno que está dándose en nuestro país y
que probablemente sea, de momento único en su clase: los movimientos
propositivos.
Aunque
por varias de sus características el movimiento contra la concesión de la
carretera San
Ramón – San José, liderado por el Foro de Occidente y más allá de su
conformación, cuenta con algunos antecedentes importantes y recientes como la
lucha contra el “Combo del ICE” y el movimiento del “No al TLC”, llama la
atención que con su triunfo (de momento aún relativo) de obligar al Gobierno a
echar marcha atrás con el proceso de concesión, no se desarticuló y no encontró
en este hecho su objetivo primordial. Su lucha – como muchos quisimos con otros
procesos – fue más allá y continuó orgánicamente estable y en una dinámica
constante de comunicación con la sociedad, el Gobierno y los medios de
comunicación, así como con otros movimientos y organizaciones de la sociedad
civil.
Y
es que precisamente ya se había anunciado que el Foro de Occidente presentaría
su propuesta, ante la Defensoría de los Habitantes, para la ampliación de
la carretera San Ramón – San José. Este hecho se da en momentos en que escribo
este artículo, pero más importante que su desenlace es ya la marcada diferencia
que tiene este movimiento en la historia costarricense. Algunos dirán que el
que propugna cambios en la Junta Directiva de la CCSS es similar – porque tiene
una propuesta – pero definitivamente no cuenta con la legitimidad, ni la
articulación del poder (movilización, convocatoria y organicidad) con que sí goza el Foro de Occidente.
Nuevamente,
hasta el momento en el país habíamos visto movimientos que a) se organizaban
para una lucha b) ofrecían resistencia y c) lograban o no su cometido,
generalmente táctico (traerse abajo un decreto, un proyecto de ley o alguna otra
política pública); mas no alcanzaban una segunda etapa o fase del desarrollo de
la movilización, tener un impacto o incidencia política a través de propuestas
propias o autogeneradas.
Este
fenómeno no hay que verlo sólo a la luz de la capacidad que puede reconocérsele
a quienes integran este movimiento, sino que también tiene su génesis en los
profundos cambios que estructuralmente sufre el Estado y del que el actual
Gobierno ha entronizado aún más, por acción o inacción.
A
lo sucedido con el Foro de Occidente – en su raíz fundamental como movimiento
de lucha contra o para general políticas o acciones públicas - debemos sumar
los últimos que desde Monteverde, Los Santos y San Carlos se están ahora haciendo visibles y
que llaman a la movilización. No se trata de un estado
de insatisfacción social generalizada, en el que también participan y han
participado desde agricultores, municipalistas, motociclistas, hasta el
empresariado nacional. Estos movimientos y todas las manifestaciones de descontento no son
sino la evidencia, el efecto de una dolencia mayor: el abandono del Estado en
general y del Gobierno en particular de la toma de decisiones acertadas para el
bienestar de la ciudadanía y sus organizaciones
Si el poder político no se ejerce, alguien toma
el lugar para levantarse y que las decisiones se tomen. Ante el abandono
sistemático y evidente no queda otra que la ciudadanía tome cartas en el
asunto. Lo que sucede es que ya no sólo la ciudadanía está procurándose ser
atendida, sino que además está generando los planes concretos y propuestas, tal
como como lo está haciendo el Foro de Occidente. Ante la incapacidad de acción,
pero peor aún, ante la incapacidad de proveer respuestas a las necesidades
sociales ahora los movimientos han tenido la necesidad de generarlas.
Estamos así, ante una nueva situación
histórica, en la que los movimientos van más allá de la lucha y plantean las
propuestas a sus propios problemas. No es su papel, o no lo ha sido
históricamente, pero enhorabuena, porque si el asunto dependiera de las
capacidades del Gobierno pareciera ser que seguiríamos en un agujero negro, del
que no se ve la luz al final.