En España, efectivamente, se pasa hambre. Cada día los periódicos reflejan las necesidades y la deficiente alimentación que desafortunadamente padecen algunos niños de nuestro país. Es cierto. Negarlo sería caer en el cinismo. Pero también es cierto que en España la gente sigue consumiendo, sigue con su vida, quizás más austera sí, pero seguimos intentando disfrutar de la vida. No hay más que salir un sábado noche a cenar para comprobar que los restaurantes siguen llenos, que algunas joyerías apenas notan la crisis y que ciertos servicios se mantienen como si nuestros datos de deuda y prima de riesgo fueran los de hace 10 años. Por ello, se hace necesario tomar perspectiva y quitarnos esa imagen, que como país, no nos benéfica. Desde fuera perciben una situación surrealista de España, que no ayudan propuestas como las aportadas por Merkel y Alemania de trasladar a su país estudiantes de formación profesional para que tengan un trabajo. No. Nuestro país, siempre de luchadores incansables y de emprendedores natos, tiene que demostrar que somos muy capaces de levantarnos. De luchar con todas nuestras fuerzas por salir adelante, por reciclarnos, por aprovechar el capital humano que poseemos y su inestimable experiencia. Y para ello, nuestro Gobierno debe acompañarnos. La nueva ley de emprendimiento empresarial es una muestra de ello. El pacto entre Gobierno y oposición para trasladar una política común ante Europa que nos sitúe como obedientes pero no sumisos ante una política que instituciones como el FMI ya han reprobado. Ahora resulta que se han equivocado. Ahora. Esta semana, de visita oficial por nuestro país, se ha puesto de relieve las medidas que ha tomado el Gobierno japonés para salir de la profunda depresión y deflación que llevan sufriendo años. Su legislación laboral estricta así como su propia cultura ha dificultado quizás los pasos que ahora sus dirigentes – entre ellos el avezado y valiente Kuroda (dirigente del Banco Central de Japón) – se han atrevido a dar. Porque está claro que hay que promover aquello que es la verdadera riqueza de un país: su capital humano, sus trabajadores, el empleo. Yo creo que vamos por el buen camino. Pero aún queda mucho por recorrer. Y para recorrerlo, sólo un consejo: la comunicación y la explicación de las medidas que se toman es fundamental. La gente debe entender qué se hace y porqué se hace.



