De Neurocientífico a Exorcista

DE NEUROCIENTÍFICO A EXORCISTA

 

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Luego de comparar los diferentes protocolos que existen para aplicar esta estimulación y los diversos efectos que se han ido logrando a lo largo de los múltiples ensayos clínicos que se están llevando a cabo, más ideas venían a mi cabeza.

Casi mágico podría decirse, sino conociera sobre la física y la neurobiología que hay detrás de esta tecnología relativamente nueva (25 años aproximadamente); y claro otros métodos de estimulación cerebral también se perfilan como posibles candidatos a la magia de la ciencia, tales como la estimulación por ultrasonido, tecnología aún  en fases iniciales de experimentación.

Y es que la epifanía al respecto de este tema me vino al conducir… ¿las grandes  revelaciones siempre ocurren así, no?, y fue a través de la radio al escuchar sobre la patente que una empresa gigante de electrónica de consumo había hecho sobre esta última aplicación tecnológica; sobre la neurotecnología de “transmisión de pensamientos” por medio de ondas de ultrasonido…y claro, no era precisamente en un programa de periodismo científico o difusión de la ciencia, tipo de comunicación muy escasa por estas latitudes.

Era un pastor de una comunidad religiosa  que horrorizado presentaba esta patente como una abominación de la ciencia y del hombre para pervertir el alma del hombre, y ponerlo al servicio de Satanás, puesto que alegaba que el pensamiento del hombre es divino y que nadie debía intervenir en él ya que pensamiento y alma eran uno solo.

Bueno, digamos que el relator y comentarista de la noticia no era muy conocedor del mecanismo de acción de los psicofármacos que se utilizan para los diversos trastornos psiquiátricos o del humor en general (o de las antiguas yerbas utilizadas para el mismo fin); y que desconoce la antigua aplicación de la terapia electroconvulsiva o que de hecho desconoce todo lo relativo a neurorehabilitación, terapias para el estrés y demás.  Ante esto, todo lo desconocido por él y “no natural” debe ser obra del demonio, deduzco.

La idea que me quedó es que al final de cuentas termino siendo una especie de exorcista al revés o simplemente  un exorcista a secas, que intenta utilizar una máquina “diabólica” para expulsar demonios… bueno, al menos entiendo que para los “clásicos” de ciertas creencias religiosas las enfermedades mentales, cerebrales y psiquiátricas son obras del demonio (o que el dominio se mete en la cabeza del enfermo lo que termina dando un resultado muy similar).  De ser así creo que al menos al “enfrentar al demonio” con una “máquina demoniaca”  me hace menos malo de lo que podría parecer a simple vista; puesto que según mi abuela “el que peca y reza, empata”… ¿o no?

UNETE



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