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Diagnóstico, Rótulo y Normatividad en Grafología


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11/06/2013

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Un pensamiento en voz alta de la charla con psicólogos y grafólogos en la Red  sobre la importancia de respetar cada profesional sus incumbencias y la necesidad cada vez más urgente de una  actividad interdisciplinar.  En el ámbito específico del diagnóstico se hace imprescindible en ambas profesiones distinguir claramente entre Diagnosticar y Etiquetar. Todo rótulo es nocivo. Todo rótulo excluye. Todo rótulo separa a la persona de su normatividad. 

Generalmente este tema de la normatividad - casi descuidado en la hermenéutica grafológica- es de vital importancia en nuestro trabajo diario porque marca los parámetros de la relación Sujeto /Objeto  o - mucho mejor – Sujeto/Sujeto.

Qué es "normal" para mí?  y ¿qué es "normal" para el otro?

Si digo que esta persona es "desordenada”, ¿qué criterio de  “normatividad” utilizo para objetivizar el desorden...?

Piaget, uno de los más impresionantes enciclopedistas del siglo XX, por ejemplo, decía que perdía más tiempo acomodando que buscando algo. Su desorden físico no tenía ninguna relación con su orden mental. ¿Qué normativa del orden aplicamos en este caso..?

Lunazzi (1992) define a la normatividad como la coherencia que subyace en la fluctuación entre los polos de salud-enfermedad. Por ende cuando determinamos hermenéuticamente un síndrome grafológico o una hipótesis diagnóstica psicológica lo hacemos desde una normatividad subjetiva.  

Vuelvo al caso de Piaget: una persona mentalmente ordenada pero prágmaticamente desordenada. La  "normatividad" en la vida de esta persona es no ser ordenado en sus papeles, en su escritorio, en su hogar, etc. Sería, por lo tanto,  erróneo "catalogar", "etiquetar" a Piaget de "desviado de la norma" porque la mayoría de las personas son "ordenadas" o porque ser ordenado es una "norma" social.  Lo patológico sería si un día entráramos en el consultorio personal de Piaget y encontráramos "todo ordenado". Esto sí sería - en palabras de Úrsula Avé Lallemant - un signo de alarma, algo que escapa de la norma, de la normatividad de esa persona.  Lo patológico se muestra, entonces, en la pérdida de la libertad y en haber rigidizado un patrón de conducta, prejuiciado como socialmente "normal".

Todo alejamiento de la "normatividad" de un sujeto lleva indefectiblemente a una desestructuración de la personalidad, a una disfunción. Es decir - en palabras más sencillas - a la dificultad o a la ausencia plena de "adaptación".

Cuando en un análisis de sangre o de orina vemos que los valores "se han alterado" todo indica – por lógica - que mi salud está alterada. Análogamente, toda "alteración" de los valores de un sujeto nos indica la puesta en marcha de una energía mayor a la necesaria, marcando lo disfuncional.

Siempre sostengo que adhiero al pensamiento tridimensional de la psicología: mente, cuerpo y espíritu. Y que la enfermedad será siempre en mi concepción epistemológica un repliegue en el despliegue natural de la vida (Santos, 1964). No hablo de "ausencia de salud” sino de "desarrollo de vida", capacidad para enfrentar los problemas y audacia para resolverlos.

Volviendo al tema del diagnóstico y el rótulo, es importante señalar que el DSM IV - en nuestra concepción antropológica del hombre -  no es tan "maravilloso" como se lo presenta. Es una forma más de "etiquetamiento". En esta mirada etiquetadora, el sujeto siempre será el foco paradigmático de rótulos y  no el emergente natural de su complicadísima trama de vínculos y relaciones sociales . Un grafólogo no debería trabajar con un DSM sino con una clasificación tradicional de las patologías. La grafología no posee todavía una validación estandarizada y cerrada en este campo específico del diagnóstico.

Ya en el año 2011 - y a raíz de la publicación en 2013 del Manual de Trastornos Psiquiátricos DSM V-  se proyectó la Campaña Internacional STOP DSM  promovida simultáneamente por organismos de Argentina, Brasil y España.

Finalizando esta tópica: Una hermenéutica grafológica es un "espacio teórico de preservación" donde lo inconsciente se expresa y la subjetividad se defiende evitando que se diagnostiquen patologías donde las mismas no existen.

Este espacio grafológico es un espacio orientador, esclarecedor. Incluso para que el sujeto proyecte en su espacio vital que es el papel -  algo de ese peculiar modo de no saber. Este es - en definitiva -  el momento para que los grafólogos, psicopedagogos y profesionales de la salud ofrezcan un modelo alternativo de interdisciplinaridad preservando en extremo el valor de la subjetividad humana.

Julio Cavalli

juliocavalli@gmail.com

http://www.juliocavalli.com.ar/articulos.htm



Etiquetas:   Educación   ·   Psicología Social   ·   Sociología   ·   Grafología

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