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Spes sine lege non est


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08/06/2013

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SPES SINE LEGE NON EST






Vicente Adelantado Soriano





No hay esperanza sin ley. Y desde luego jamás, en ningún sitio ni lugar, la justicia ha sido, ni es, ciega ni sorda. Ha tenido los oídos y los ojos muy bien abiertos; ha sabido, por lo tanto, ser condescendiente con unos en tanto, como sucede siempre, ha sido, y es, rigurosa con aquellos que poco o nada pueden contra ella. Su lema, lex dura lex, sólo aterroriza a quienes no tienen medios con lo que equilibrar su parcial balanza, no pertenecen a ningún partido político, o carecen de padrinos. Pues con harta frecuencia se ha visto, y se sigue percibiendo, la impunidad con la que cargos políticos y allegados a los mismos cometen todo tipo de tropelías sin que tengan que rendir cuentas por ello ante nada ni ante nadie. Y cuando lo hacen todo se convierte en un puro esperpento. Es significativo, al respecto, lo que ha sucedido con las cajas de ahorros en este bendito país en el que, por desgracia, no es Sancho Panza, el sentido común y una cierta inteligencia, quien imparte justicia. Sancho, en su Ínsula Barataria, parece hoy un personaje de la añorada Edad de Oro1.

Unos cuantos, directivos de cajas de ahorros, puestos al frente de las mismas por afinidades políticas, que no por motivos profesionales, ni por su valía, se han dedicado a sacarle el dinero a toda una serie de personas, mayores para más inri, a las que nadie, al parecer, les va a devolver sus ahorros. Y aquí no ha pasado nada. No hay responsables. Nadie tiene que responder de nada. Cosa distinta es que una persona cualquiera robe en una tienda para poder comer. En este caso sí, en este caso la Justicia aparece con su balanza y su famoso trapo en los ojos, como si la fueran a fusilar. De sobras sabe, pese a tan artístico pañuelo, blanco como la leche de antaño, a quién se está juzgando y los recursos con los que este cuenta. A los que van a fusilar, por cierto, el trapo o caperuza que les ponen es negro, como su propio destino.

Entre tanto, políticos y responsables de la situación a la que se ha llegado con tanta estafa masiva, perpetrada por las cajas de ahorros, callan y otorgan. A veces, y siempre para salir del paso, cuando el escándalo ha sido mayúsculo, por sus proporciones, dicen que hay que dejar trabajar a la Justicia. Pero la Justicia, como ellos mismos dicen, no es un ente abstracto; la justicia la imparten jueces y abogados. Y muy a menudo hemos visto que cuando las sentencias, o los tiros, no van por do quieren los que no desean ser culpados, recusan al juez, lo apartan del caso, o se sirven de todo tipo de artimañas y triquiñuelas para no rendir cuentas y salir impunes. Es descorazonador ver una y otra vez lo mismo y sin que esto tenga visos de cambiar. Seguramente se protegen los unos a los otros porque se temen los unos a los otros. Ruin la madre, ruin la hija y ruin la manta que las cobija. Los estudiantes deberían tomar nota, y recusar, al igual que hacen algunos políticos, a los tribunales que consideren que los van a suspender. Seguramente porque algún miembro del mismo busca publicidad o protagonismo.

La cosa es muy sencilla a la vista de todo lo sucedido. Es muy probable que los políticos de turno metieran a sus amigos en las direcciones de las cajas de ahorro para, de esta forma, conseguir dinero para sus proyectos, cuando no caprichos. El entramado está claro: se pone al amigo en la dirección de una caja de ahorros, este da todo el dinero que el político pide, se queda un poco a cambio, y a vivir todos, que la vida son dos días. Luego, cuando estalle el escándalo, por supuesto que todos han actuado con honorabilidad y decencia. Faltaría más. Queda por definir qué es una persona honorable y decente. Y, por supuesto, si un juez se atreve a enfrentarse con tal grado de corrupción, y a plantear el ingreso en prisión de cualquiera de estos personajillos, ya saldrán, en tromba a veces, todos los miembros del partido político que lo encumbró para dudar de la honestidad del juez o de sus métodos, que nunca de la Justicia. Esta permanece impasible y más virgen que la madre que la parió. Además, el poder puede nombrar a los jueces y magistrados que quiera y le apetezca. Y como no es tonto, buscará aquellos que sean incapaces de hacerle daño, o le deban algún favor. Hoy por ti y mañana por mí. Tal vez, como también sucedió, a cambio de un pequeño trozo del inacabable pastel. No solamente París fue una fiesta. Aquí las tenemos en sesión continua.

No digamos nada si la persona juzgada es hijo o hija de altas instancias. Se ha actuado, en estos casos, como en la Edad Media: haciendo fosos y empalizadas ante la persona en cuestión, pues hay ciertos destinos que se obtienen, como decían las monedas medievales, gratia dei. Es decir, son inocentes por definición; y sólo a un loco, a un juez que busca el protagonismo, se le puede ocurrir plantear que haya podido quedarse con lo que no es suyo. Noli tangere. No todos tenemos la suerte, desde luego, de tener orígenes tan preclaros. Tanto que ni la pobre justicia se atreve a tocalla ni a enmendalla.

Supongamos, recordando a Platón, que el hombre se ha reunido en sociedad para vivir mejor y más confortablemente. A fin de salvaguardarse de sí mismo se dio unas leyes básicas que, con el paso del tiempo, se han ido haciendo más y más complejas. Todo lo que se quiera, pero en lo fundamental y en lo básico, sigue siendo igual la justicia de hoy que la de antaño. Tan igual que el poder, como un rey medieval, puede hacer saltar por los aires los convenios, los acuerdos, lo firmado y lo pactado, pero siempre por abajo, por supuesto. El Estado se puede quedar con la paga extra de los trabajadores, pero no puede tocar las grandes fortunas que se refugian, qué nombre tan bonito, en Paraísos Fiscales, a donde iremos a parar todos después de muertos. Si Dante levantara la cabeza... ¿Para qué firmar nada, pues, ni llegar a ningún acuerdo? Es papel mojado, o como tener botellitas y figuritas de cristal donde va a entrar el paquidermo con la burda excusa de que eso no se puede mantener: es un lujo.

Es posible que sea así. Pero lo que tal vez no se pueda mantener sea el lujo de tanto gobierno autónomo, tanto ministro, tanto consejero, tanto parlamento, europeo e indígena, tanta burocracia y tanta falta de materia gris en las cabezas que dicen regir lo regible. Quizás por eso se está intentando, con la excusa de combatir el abandono escolar, acabar con el sistema educativo. Y es muy sencillo terminar con el abandono: prémiese a quien trabaja, no se apruebe a quien no estudia, ayúdese al alumno que lo necesita con clases de refuerzo y no con pastillas y falsos paternalismos, y etc, etc, etc.

Ha sido, y es, tal el desbarajuste que hay y ha habido que, como siempre, la componenda ha pasado, está pasando, por la pérdida de todos los derechos adquiridos. Y aquí también la justicia ha permanecido con su albo pañuelo sobre los ojos. Aunque más que pañuelo debería llevar billetes de 500 euros sobre los mismos: hoy todo lo rige la economía. No hay dinero para los derechos de los trabajadores. Poderoso caballero es don dinero. Y hay que renunciar a todo, menos, insisto, a tanto político burdo y zafio. Quizás así volvamos a la selva a no tardar mucho. O tal vez siempre hayamos estado en ella: aquí, como allí, impera la ley del poderoso. No hay más justicia que la dictada por él, ni más esperanza que la de mantenerse alejado del poder... Así que la imagen de la Justicia debería ser cambiada, debería ser la de Dánae recibiendo a Zeus en forma de lluvia de oro, y como lema pondríamos, cómo no, un verso de don Francisco de Quevedo: si la quieres gozar, paga y no alumbres2. Lo demás, incluida La república, de Platón, es una pura utopía. No hay esperanza. No hay justicia.





1Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, véase el capítulo XLV de la segunda parte.



2Francisco de Quevedo, A Apolo siguiendo a Dafne. Trasladamos el soneto sin más comentario.





Bermejazo platero de las cumbres,

a cuya luz se espulga la canalla,

la nifa Dafne, que se afufa y calla,

si la quieres gozar, paga y no alumbres.





Si quieres ahorrar de pesadumbres,

ojo del cielo, trata de compralla:

en confites gastó Marte la malla,

y la espada en pasteles y en azumbres.





Volvióse en bolsa Júpiter severo;

levantóse las faldas la doncella

por recoger en lluvia de dinero.





Astucia fue de alguna dueña estrella,

que de estrella sin dueña no lo infiero:

Febo, pues eres sol, sírvete de ella.





Etiquetas:   Corrupción   ·   Leyes   ·   Justicia

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