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La Gran Estafa


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07/06/2013


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Durante los últimos años España está siendo víctima de una gran estafa urdida por el capitalismo especulativo, los bancos y los diferentes gobiernos que la han permitido, cuando no alentado. Una Ley del Suelo, la de 1998, que fue entregada en bandeja a los especuladores por el gobierno del presidente Aznar, provocando justo el efecto contrario que dijeron iba a tener: en vez de bajar los precios de la vivienda, las subidas fueron exponenciales al negocio que estaba produciendo; una interpretación muy laxa de las leyes medioambientales para facilitar la especulación inmobiliaria en cualquier lugar del país; unos Ayuntamientos que vieron el cielo abierto para resarcir su déficit financiero histórico alimentando la burbuja inmobiliaria; unos gobiernos que han convertido al ladrillo en la mayor fuente de ingresos de las arcas del Estado, olvidando su responsabilidad de procurar una vivienda digna a todos los españoles, al plegarse a los intereses del gran capital; unos bancos que se han frotado las manos con la concesión desmesurada de créditos y préstamos, sin el rigor necesario, ni en el estudio del riesgo, ni  la situación de sus balances, que veían como se iban desequilibrando conforme la brecha entre el pasivo y el activo aumentaba, a la par que su deuda con la gran banca internacional aumentaba hasta la asfixia actual.


            El negocio de la banca, valedora de todos y cada uno de los gobiernos que han sido desde que tenemos democracia y, por tanto, la niña bonita intocable por cualquier Ley que pudiera menguar sus intereses, estaba servido. El esquema es fácil: como nadie me lo va a impedir voy a alimentar con miles de millones de euros la burbuja inmobiliaria, sin control, utilizando a los clientes como un mero objeto de beneficio intercambiable como si de cromos se tratase (titulación de las hipotecas), en una borrachera del beneficio sin fin. A ello han contribuido, como nadie, unos directivos bancarios que han ganado sueldos millonarios por el sistema de bonus (salario variable por cumplimiento de objetivos) a los que lo único que les importaba era cumplir esos objetivos, sin detenerse a calcular los riesgos de sus decisiones e instrucciones a la red de oficinas de sus bancos. Este absurdo ha llevado, por ejemplo, a traspasar pasivo a la vista  (el que está en cuentas corrientes y cartillas de ahorro) a plazos fijos, dinero mucho más caro y lesivo para la cuenta de resultados, porque la política del banco era hacer plazos fijos, y el directivo tenía que cumplir sus objetivos para cobrar el bonus. Pero no se preocupen ustedes, en el año 2008, en una entidad bancaria de las nacionalizadas, en el mes de mayo, ante la imposibilidad de cumplir los objetivos puestos meses antes, se rebajaron estos para que los directivos no tuvieran pérdida en su salario variable.

            Las directrices que los grandes ejecutivos de la banca transmitían a su red iban siempre en la misma dirección: el cumplimiento de objetivos sin miramientos en daños colaterales. Para ello en los años de bonanza y expansión de la burbuja inmobiliaria, había que hacer préstamos hipotecarios a toda costa; las oficinas tenían un mínimo diario: cuatro, cinco, siete, los que estuvieran marcados como objetivo. Para ello se incumplían todos los principios básicos del análisis del riesgo que son preceptivos para dar un préstamo: tasaciones infladas, índices de endeudamiento que se calculaban sumando los ingresos en blanco y en negro del hipotecado, son algunos ejemplos. Pero lo más era la captación de negocio a través de las sociedades de refinanciación de deuda, que aportaban clientes de muy baja calidad financiera (quien acude a una sociedad de estas es porque tiene graves problemas para pagar su deudas), pero que se llevaban una comisión imputable al hipotecado en torno a los 6.000 €.  Un buen negocio.

            ¿Por qué tanta ansia en dar préstamos hipotecarios? Al margen de los bonus de los directivos y de un sistema financiero internacional entregado a la especulación desaforada que proporcionara beneficios rápidos y abundantes; o de los grandes bancos europeos que han hecho su agosto prestando a los bancos españoles lo que no tenían, para continuar inflando la burbuja, la banca española tenía que dar muchos préstamos para asegurar la gran inversión en suelo y promociones inmobiliarias que enrojecían su balance.

            Hasta que llegó la crisis y el dinero de fuera se cortó y los bancos se encontraron descapitalizados y con una inversión descontrolada en ladrillo. Entonces el Banco de España, que venía controlando, supuestamente, los balances de muchos bancos y cajas mensualmente, porque sabía del peligro en el que se movía la banca española, pero que nunca hizo intención de cortar, ni recibió instrucciones de las autoridades económicas de hacerlo, inicia una política de destrucción del sistema financiero español, auspiciado por los grandes bancos, que llevan años presionando para quedarse con el negocio de las cajas, que ya supone más del 50% de la tarta, y empieza a tomar decisiones contradictorias, encaminadas a asfixiar a las cajas de ahorro, con los cambiantes ratios de capital, que obliga a estas entidades a buscar dinero con métodos muy facinerosos, como el gran engaño de las preferentes o las obligaciones subordinadas, que han acabado, gracias a la avaricia de un engranaje que se ha alimentado de medias verdades, abusos de confianza y permisividad del Banco de España,  con los ahorros de miles de personas.

            Las vueltas de tuerca sobre las cajas de ahorro tenían como fin agruparlas en fusiones que redujeran su número, para ser vendidas con mayor facilidad a los grandes bancos, que se encontraban al borde del sueño anhelado de liquidar a su más temido competidor. Otra operación que ha sido un fracaso del Banco de España al permitir que se hicieran fusiones contranatura, o con intereses políticos de crear grandes cajas, convertibles en bancos, a las que manejar desde Génova, como contrapoder económico al gobierno socialista, que, todo sea dicho, tampoco hizo mucho por evitarlo.

            La conclusión de esta gran estafa es la quiebra del sistema bancario español (aquel que nos vendieron como el más seguro del mundo); la monopolización del sistema financiero en pocas manos; la pérdida de la obra social de las cajas de ahorro; la ruina de miles de ahorradores y la criminalización de los que están siendo desahuciados de sus casas, por unas leyes injustas y obsoletas, al ver como su empleos se pierden entre las costuras de una crisis que ellos no han provocado. El pozo sin fondo en que se ha convertido la banca que está engullendo todas las ayudas europeas que podrían ir a preservar el estado de bienestar y la ausencia de crédito para las empresas que está provocando paro y un gran drama social, sin que nadie en el gobierno se plantee utilizar la banca nacionalizada como banca pública que restituya el flujo monetario entre las empresas, son también parte de esta gran estafa.



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