Sin Tiempo Para Recapacitar

Existe un solo tiempo para la realización de un conjunto de actividades. Por lo que al incluir en nuestra agenda otras que se agregan, aceptando de hecho las exigencias de quienes las impulsan desde una posición de poder en el seno de la sociedad, terminamos invirtiendo parte de los tiempos de quietud y reflexión que deberíamos darnos para poder comprender. Estas demandas y mandatos sociales que nos imponen, terminan generando nuevos hábitos y costumbres que son aceptados mansamente. Primero por un número reducido de personas, para luego ir extendiéndose como una mancha de aceite al resto de la sociedad. Estas actividades nuevas se van sumando a las centrales y habituales, por lo que resulta comprensible que las personas nos encontremos agobiadas cuando queremos darle cumplimiento a todas con las que hemos engrosado nuestra agenda. Demandas requeridas por quienes tienen el enorme poder para manipular  la sociedad a su antojo, con el objetivo de que respondamos dócilmente a sus mandatos. So pena de dejar excluidos y marginados del grupo, al que aspiran pertenecer, a los que no responden a sus exigencias. Cabe destacar que detrás de cada mandato que realizan quienes manipulan a la sociedad, existen enormes negocios que prosperan cuando estos enormes intereses presionan para que las personas dirijan sus acciones a obtener determinados objetivos por ellos ordenados. Todas estas actividades se quedan también con el precioso tiempo de recapacitar sobre lo que hemos hecho, sobre nuestras experiencias actuales y sobre la construcción de nuestro proyecto futuro. Siendo el tiempo de la reflexión el tiempo que debemos darnos los seres humanos para poder rumiar sobre nuestras acciones y para volver a incorporar, más lentamente, lo que hemos ingerido rápidamente con nuestros sentidos. En verdad pareciera que estamos frente a una góndola que ofrece un sin número de actividades, donde nos apropiamos de las que nos resultan más atractivas y convenientes. Cada una de ellas nos relacionará con quienes también han hecho la misma elección y nos vinculará con los bienes y servicios que hay que adquirir y consumir para integrarnos al grupo al que aspiramos pertenecer. Mientras el tiempo de estar con nosotros mismos se esfuma con cada nueva actividad incorporada y nuestra realidad se empobrece, perdiendo profundidad.

 

. Por lo que al incluir en nuestra agenda otras que se agregan, aceptando de hecho las exigencias de quienes las impulsan desde una posición de poder en el seno de la sociedad, terminamos invirtiendo parte de los tiempos de quietud y reflexión que deberíamos darnos para poder comprender. Estas demandas y mandatos sociales que nos imponen, terminan generando nuevos hábitos y costumbres que son aceptados mansamente. Primero por un número reducido de personas, para luego ir extendiéndose como una mancha de aceite al resto de la sociedad. Estas actividades nuevas se van sumando a las centrales y habituales, por lo que resulta comprensible que las personas nos encontremos agobiadas cuando queremos darle cumplimiento a todas con las que hemos engrosado nuestra agenda. Demandas requeridas por quienes tienen el enorme poder para manipular  la sociedad a su antojo, con el objetivo de que respondamos dócilmente a sus mandatos. So pena de dejar excluidos y marginados del grupo, al que aspiran pertenecer, a los que no responden a sus exigencias. Cabe destacar que detrás de cada mandato que realizan quienes manipulan a la sociedad, existen enormes negocios que prosperan cuando estos enormes intereses presionan para que las personas dirijan sus acciones a obtener determinados objetivos por ellos ordenados. Todas estas actividades se quedan también con el precioso tiempo de recapacitar sobre lo que hemos hecho, sobre nuestras experiencias actuales y sobre la construcción de nuestro proyecto futuro. Siendo el tiempo de la reflexión el tiempo que debemos darnos los seres humanos para poder rumiar sobre nuestras acciones y para volver a incorporar, más lentamente, lo que hemos ingerido rápidamente con nuestros sentidos. En verdad pareciera que estamos frente a una góndola que ofrece un sin número de actividades, donde nos apropiamos de las que nos resultan más atractivas y convenientes. Cada una de ellas nos relacionará con quienes también han hecho la misma elección y nos vinculará con los bienes y servicios que hay que adquirir y consumir para integrarnos al grupo al que aspiramos pertenecer. Mientras el tiempo de estar con nosotros mismos se esfuma con cada nueva actividad incorporada y nuestra realidad se empobrece, perdiendo profundidad.
 

Eugenio García

http://mis-relatos-breves.blogspot.com.ar

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