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Crecimiento económico estancado


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05/06/2013

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Confesiones.


  

A pesar de los buenos augurios económicos de principios de este año, que de alguna manera se fortalecían en el cambio de gobierno, la economía mexicana comienza a atravesar severas complicaciones.

Porque independientemente de que en la última década,  el gobierno mexicano adopto una posición correcta en el manejo de sus finanzas, la expectativa del inicio del nuevo régimen, hacía suponer un crecimiento mayor.

Sobre todo considerando el paquete de reformas legislativas impulsado por el Presidente Peña Nieto, que en su gran mayoría se presentan como elementos para fomentar el desarrollo.

Sin embargo a pesar de esos esfuerzos, los indicadores económicos están mostrando otra realidad, que contrasta con las intenciones del gobierno federal, como se puede observar a través de las siguientes consideraciones.

La primera es que según el último reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico la OCDE, la inflación en México pasó a ser la segunda más alta de sus treinta y cuatro países miembros, solo por debajo de Turquía.

En el reporte mensual del organismo internacional, se señala un aumento del índice inflacionario del cuatro punto tres, a cuatro punto seis por ciento, lo que significa un repunte tres veces mayor al promedio registrado por la OCDE.

Según el organismo internacional, el aumento se origina en el aumento del nueve punto cinco por ciento en los precios de los alimentos y del seis punto uno en energéticos.

Por otro lado el Banco de México, redujo el pronóstico de crecimiento esperado para este año del tres punto treinta y cinco al dos punto noventa y seis por ciento.

Lo que se suma a la predicción del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, de que en este periodo no se podrá rebasar el tres por ciento de crecimiento.

Según los principales analistas económicos nacionales, aun y cuando el país sigue creciendo, existe una desaceleración que nos aleja mucho del objetivo necesario de crecer a tasas mayores al seis por ciento.

La tasa de crecimiento al seis por ciento anual, es la cifra mínima necesaria para que México pueda alcanzar los niveles de desarrollo indispensables, de otra forma en un escenario diferente, lo único que se logra es mantener cierta estabilidad y alejarnos de una posible crisis.

Adicionalmente habría que señalar que el ritmo de las reservas internacionales se ha reducido en trescientos cincuenta y ocho millones de dólares semanales, debido principalmente al retiro de recursos de la cuenta de la Tesorería de la Federación.

Estamos hablando de setenta y cuatro mil doscientos cincuenta y nueve millones de pesos, que teóricamente obedece a una demanda de circulante por parte del público, lo cual resulta contrastante en un escenario de desaceleración.

Porque en términos reales, ese dinero no se está invirtiendo, de tal suerte que no solo no produce un efecto positivo, sino que por consiguiente se genera una sensación de incertidumbre respecto de su destino.

Sobre todo cuando se observa que el gobierno federal esta postergando inversiones en materia de infraestructura, la reticencia de la administración federal para el gasto, está afectando la circulación del dinero.

Si bien es cierto que la Secretaria de Hacienda se ha manifestado a favor de impulsar la productividad y que la reforma propuesta al legislativo para aumentar la base crediticia son signos alentadores, en la práctica eso no está sucediendo.

Las finanzas del gobierno federal pueden considerarse sanas, no hay argumentos en ese sentido para contraer o retrasar el gasto público, situación que no se explica bajo ninguna perspectiva.

Más aun si se considera que el gobierno federal se ha negado a rescatar a los estados y municipios con sobre endeudamiento, lo que infiere que los recursos no se han orientado para ese rubro.

Siendo así, mas allá de los efectos propios de la situación económica mundial, la desaceleración de la economía mexicana, que ya comienza a ser grave, puede encontrar un principio de solución a través del gasto gubernamental.

No se puede omitir que en México el gasto gubernamental, es una importantísima herramienta para incentivar la actividad de muy diversos sectores, misma que como ya decíamos fomenta el flujo de circulante.

La contracción inexplicable del gasto, limita considerablemente la dinámica del sector privado, lo que por consecuencia fomenta el aumento de precios de los productos básicos, sin hacer de lado el costo de los energéticos.

Bajo esta perspectiva, como ya lo hemos apuntado anteriormente en muy diversas ocasiones, incluso antes del cambio de gobierno federal, de nada nos sirve tener un gobierno rico, si eso no se refleja en una mejoría tangible de los procesos económicos.

El gobierno tiene que asumir su responsabilidad en ese sentido, independientemente de sus intenciones reformadoras, que hasta ahora han sido la base fundamental de su operación política.

Porque si no se amalgama el ánimo reformista, de la mano de una inyección de recursos, las nuevas leyes no podrán surtir los efectos deseados, porque una vez consignados los cambios constitucionales, la medición de la eficiencia será analizada desde otros criterios.

Porque una cosa es reconocer la habilidad política del régimen, para lograr los acuerdos legislativos y otra muy diferente que, estos tengan un resultado que influya en el beneficio colectivo.

Desde ese punto de vista, parecería que el gobierno está aguantando el gasto de sus vastos recursos, en tanto el proceso de reformas no esté consolidado y eso sin duda es un arma de dos filos muy peligrosa.

Porque simplemente en lo que eso sucede, los efectos de la desaceleración están generando impactos, que después va a ser muy difícil poder recuperar, además del tiempo que se pierde por privilegiar una estrategia de corte eminentemente política.

Naturalmente la aparición indiscutible de las cifras y sus perspectivas, deberán obligar a un reencauzamiento de la política financiera del régimen, toda vez que es su absoluta responsabilidad y a seis meses del cambio de poderes, ya no podrán echarle la culpa a nadie de la situación económica actual.

Los focos rojos están encendidos, una alarma que tiene que tomarse en cuenta sobre todo en el previo a los procesos electorales que se desarrollan en catorce entidades del país, ya que la desaceleración económica puede convertirse en un lastre para las intenciones del régimen en esa asignatura.

 

twitter@vazquezhandall 



Etiquetas:   Economía   ·   Política

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