Un bálsamo sartreano. La escritura del pequeño Jean-Paul

 

. Vivió con su madre en la casa de su abuelo Karl Schweitzer, tío del famoso médico y pacifista Albert Schweitzer, quien en 1952 fue galardonado con el Nobel de la Paz.

Siempre escribió con mucha alegría de su infancia hasta que su madre se casó nuevamente cuando Jean-Paul tenía 12 años. Fue el final de su infancia feliz.

Quizás animado por su abuelo, el pequeño Sartre, que sólo tenía seis años y medio, decide escribir, en enero de 1912 al famoso dramaturgo y novelista Georges Courteline, uno de los escritores más leídos en Francia en esos años y decirle lo mucho que disfrutó de la lectura de su libro. Incluso, expresa, que intentó traducirla pero no pudo.

Esta pequeña y encantadora carta de Sartre - quien también fue honrado en 1965 con el Premio Nobel de Literatura y el cual, como todos sabemos, rechazó - se reproduce en el álbum fotográfico, que consagró la prestigiosa colección Pléiade en 1991. Fue descubierta entre los papeles de Courteline y estuvo en dos o tres colecciones privadas importantes de documentos literarios franceses, hasta que fue adquirida en una subasta el año pasado por su actual titular.

 

La carta dice:

"Querido Señor Courteline, El abuelo me dijo que le dieron una medalla importante. Me alegró porque me hizo reír mucho leyendo “Theodore” y el ómnibus “Panthéon-Courcelles” pasa por delante de nuestra casa. También intenté traducir "Theodore" con mi niñera alemana, pero la pobre Nina no entendía el sentido de la broma. De su futuro amigo. Feliz año nuevo. Jean-Paul Sartre Seis años y medio."

Desde una mirada grafológica, asombra su alto nivel de desarrollo psicogenético. Recién se encuentra ingresando en el período concreto (Piaget). Es decir: la vivencia de la acción en potencia.

Es palpablemente claro su paso del egocentrismo a la camaradería, adaptándose y adoptando la perspectiva del otro.

Su desprendimiento del modelo escolar es perfecto. La escritura cursiva - con muy pocos adosamientos (completamente normales a esta edad como indicador de la fuerza de voluntad para realizar una consigna o cumplir un objetivo) - es un ejemplo de lo que estoy expresando. Tiene 6 años y medio! La cursiva tan equilibrada llega mucho después.

Miren el desarrollo del óvalo. Todavía sostiene la enseñanza de la disociación de la letra “d”, típica en esta etapa escolar. Observen la letra “r” con los dos ángulos bien marcados, un emergente gráfico de la excelente canalización de su energía, de su actividad y de su tiempo. La “t”, correctamente ubicada, análoga a su equilibrio y delicado razonamiento y diálogo social.

Un indicador importante en su grafía es la Mayúscula unida a la minúscula posterior. Siempre se ha dicho – desde una mirada absolutamente atomista y simplista – que la separación de la Mayúscula de su letra siguiente es un signo de reflexión. Caso contrario, la persona es irreflexiva. Nada más infundado. Lógicamente que muchas veces este “enlace” es un indicador de “precipitación” en la toma de decisiones. Pero es parte de todo lo positivo de la unión: sociabilidad, confianza, solidaridad, facilidad para las relaciones y los contactos, comprensión, altruismo... La inclinación hacia la derecha, refuerza esta hermenéutica.

Su mesura en la velocidad afirma un carácter dócil y tranquilo, con  regularidades, claridad de ideas y buen nivel de atención.

El predominio de la Forma, con esas mayúsculas del modelo escolar difíciles, costosas,  pero absolutamente dinámicas,  con una buena integración de los dos movimientos más importantes de la grafología, la curva y el ángulo, marcan a un Jean-Paul bastante creativo, pero mucho más decidido y enérgico, indicaría la soledad, el aislamiento, la falta de espontaneidad del pequeño Jean-Paul. Mucha exigencia con él mismo y con los demás.  Un prolegómeno de su “ser y la nada”; un dejo de inferioridad frente a los demás...

Por último, la separación entre líneas no la tomamos en cuenta debido a que el niño está escribiendo sobre un cuaderno “demasiado pautado”,  propio de esa época.

Lo que sí es interesante la amplia separación entre palabras y la estrechez entre letras (Moretti): su sentimiento, su emotividad se encuentran frenada por la razón y la crítica. Una mirada morettiana, nos indicaría la soledad, el aislamiento, la falta de espontaneidad del pequeño Jean-Paul. Mucha exigencia con él mismo y con los demás.  Un prolegómeno de su “ser y la nada"; un dejo de inferioridad frente a los demás...

Dejo para el final la conectividad de su grafismo: a pesar de los adosamientos (como ya señalé, positivos a esta edad por ser un indicador de la fuerza de voluntad), la escritura está por momentos ligada (6/7 letras) o hiperligada (+ de 8 letras). Perfiles y plenos en plena actividad y en un ritmo que asombra. Jean-Paul no se disocia de la realidad. Su contacto energético es pleno. Desea estar en su campo vital sistemáticamente. Muestra una coherencia admirable entre el pensamiento y la acción. Un potencializador de su prematura etapa concreta, de su precoz pensamiento abstracto, lógico y asimilativo, lo que puede ser algo realmente asombroso, pero no esperado de un niño de 6 años y medio ya que la imaginación, la fantasía, la iniciativa creadora y la intuición están en triste desventaja.  Jugaba poco el pequeño Jean.

Los que amamos a Sartre no podemos dejar de emocionarnos ante tanta frescura.

A cien años de esta escritura, la misma, nos llega como un bálsamo.

Disfrútenla!Julio Cavallijuliocavalli@gmail.com

UNETE



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