. Repasemos la
situación continental. No hay la mínima señal que las cosas vayan a
cambiar en Cuba una vez desaparezcan por el “hecho natural” (como le
llamaban a la eventual muerte de Francisco Franco en España) de los
hermanos Castro. Con el último congreso del Partido Comunista cubano y
el “accidente” fatal de la única figura que podría encarnar una
oposición unida dentro de la isla, Oswaldo Payá, es poco probable una
interrupción a la revolución castrista. Miguel Mario Díaz-Canel
Bermúdez, en su calidad de primer vicepresidente de los consejos de
Estado y de ministros, está siendo preparado para asumir las funciones
del dictador Fidel y su hermano Raúl.
En Venezuela, Nicolás Maduro de
presidente, y Diosdado Cabello como presidente de la Asamblea Nacional y
verdadero jefe del Partido Socialista Unido de Venezuela, así como del
grupo mayoritario de gobernadores militares y de la propia cúpula del
Ejército venezolano, han logrado, a través de purgas internas y
aprovechando la ingenuidad de los actuales líderes de la oposición,
consolidar su entronización en el poder. Evidentemente, la actual
configuración política tendrá un reacomodo, ya veremos si incruento o
no. La oposición, con los errores cometidos y el cada vez menor apoyo
internacional, así como el control ahora sí de casi el total de los
medios de comunicación por el régimen, solo tendrá alguna esperanza de
aspirar al poder más allá del 2019.
Rafael Correa acaba de ser juramentado
para un tercer mandato. La diferencia es que, viendo lo sucedido en
Venezuela y aprovechando su actual caudal político, que ronda el 60% de
popularidad, está trabajando en una posible sucesión. Gabriela
Rivadeneira, a sus 29 años, ha sido intendente (alcalde), gobernadora,
diputada y ahora es la presidenta de la Asamblea Nacional de Diputados
de Ecuador. Inteligente, bella y culta, es la apuesta personal de Correa
para que su partido, Alianza País, continúe gobernando.
Aunque a diario debe lidiar con
manifestaciones en las calles, Evo Morales se ha consolidado en el poder
en el ahora Estado Plurinacional de Bolivia. Habilitado por el máximo
tribunal de justicia de ese país, con los mismos argumentos utilizados
en Nicaragua para permitir la reelección, Morales se postulará para un
nuevo periodo, según todos los sondeos, y ganará sin problemas. Esto
gracias a sus numerosos y costosos planes populistas. El vicepresidente
Álvaro Marcelo García Linera es la carta que el gubernamental Movimiento
Al Socialismo utilizará al terminar el mandato de Morales.
Daniel Ortega se beneficia de programas
asistenciales con el financiamiento venezolano a través de múltiples
convenios de “cooperación”. Esto le permite, al país más pobre de
América Latina después de Haití, mantener controlada la delincuencia.
Pero la verdad es que el modelo actual no ayuda a que este país empiece
una trasformación adecuada, más bien reparte la pobreza de forma
equitativa. Cada cierta cantidad de tiempo Ortega resucita, como
propaganda política, un proyecto de construcción de canal a nivel que
además de demagogo, carece de la mínima posibilidad de realización.
Honduras está, si las elecciones fueran
hoy y no cambian las cosas, por elegir a la esposa de Manuel Zelaya,
ganadero liberal depuesto luego de intentar cambiar la Constitución de
su país para su beneficio. Xiomara Castro de Zelaya encarna este
proyecto populista de corte chavista.
Aunque está claro que Ollanta Humala
siempre fue admirador de Chávez y se ha rumorado del apoyo venezolano
más allá de la solidaridad, ha coqueteado con el socialismo del siglo
XXI sin llevarlo a la práctica. La fragmentación política y los
resultados electorales tan ajustados con los que ganó se lo han
impedido. La actual primera dama, Nadine Heredia, podría encarnar este
modelo, lo que quizás la lleve a enfrentar en elecciones venideras al
expresidente Alejandro Toledo y a la hija de Alberto Fujimori, Keiko
Sofía. Ahí se verá qué termina de pasar.
Argentina es quizás el principal aliado
de Venezuela y Cuba en este proyecto. Cristina Fernández no ha logrado
consolidar un sucesor viable y aunque lo está intentando con su actual
vicepresidente Amado Boudou, tanto la baja popularidad de ella (36% en
estos momentos) como las múltiples acusaciones de corrupción hacia el
segundo alejan esta posibilidad de la realidad.
Ante el anterior panorama, las
democracias de Latinoamérica, así como la libertad de expresión y los
derechos humanos en el continente corren gran peligro para los próximos
años. Aviso a navegantes.
Artículo publicado el 30 de mayo de 2013 en el Diario Panamá América