. La inocencia del
niño es preciosa ya que en todo cree, mayormente obedece a sus mayores, tiene
sueños imposibles y cree en héroes que nos salvan de la maldad. La fantasía de
un niño la acompaña con buen ritmo los directores del cine, esos traficantes de
sueños que por más de dos horas te hacen ver un mundo que no existe pero que debería existir. La edad de la
inocencia que debería ser respetada.
Al referirnos a los
niños, los adultos cuando estos crecen o van creciendo, la expresión más común
es que está todavía muy verde o solo verde, queriendo decir que le falta crecer
todavía más. El niño cambia, evoluciona, aprende se desarrolla y empieza a
aceptar eso de forma natural, sin embargo hay casos en que la madurez que exige
la edad nunca llega y usamos el apodo de niño o que infantil eres al referirnos
a alguien que hace cosas que ya no debería hacer. Querer ser niño cuando ya no
lo es y ser verde con partido, apellido, dinero, vicios, complicidades,
transas, prepotencia y otras cosas más le vienen a esos niños verdes por
herencia de hasta abuelos que acumularon fortunas dudosas y mal habidas. Cunden
los malos ejemplos de abuelos chuecos.
Considero que la primera
ayuda a una persona con ese complejo de niño, aunque tenga la cara, voz,
estatura, modales, expresiones es dejar de llamarle niño y menos verde. Un niño
verde es un insulto a la persona y se le llama así porque lo merece. Tantos
millones de seres no pueden estar equivocados. Puede llevar cualquier nombre
hasta extranjero pero lo imbécil, cínico, transa, inculto, mal educado,
prepotente, abusón, cretino, mediocre, estúpido le es aleatorio aunque este
rodeado de asesores estéticos que manejen muy bien su vida pública por unos
fuertes pesos.
No tiene nada de
malo ser niño verde de pequeño pero si todo de grande. Sin duda hay muchos
niños verdes adultos entre nosotros pero destaca aquel niño verde que el hombre
público, metido en escándalos, bebida, droga, malos modales, grosería, inmaduro,
influyentísimo que puede inclusive ser llamado senador o diputado sin ser
elegido por nadie y no una sino varias veces, deteriorando aún más la imagen de
esta fauna publica urgida de crédito popular. Un niño verde así no tiene precio
y sale a la calle a gritar sus complejos de inferioridad que mal entiende dando
órdenes a una jauría de guaruras que por el estilo no saben lo que hacen. Este
niño verde existe, insulta, porque la autoridad lo permite, porque no le pone
un hasta aquí a un sinvergüenza que ha estado implicado en casos serios de
soborno y crimen. Que desea que todo mundo sepa que es superior porque lo dice,
lo grita, lo vocifera a los cuatro vientos sin darse cuenta que todo sucede
porque es un ser adulto vacío, sin alma, espíritu y tiene sellado el corazón a
la sabiduría del mundo espiritual. A veces no vale la pena hablar con este tipo
de gente y solo esperar un exceso que le cueste la vida.
Cuando un niño
verde es hombre público, la autoridad debe actuar. Debe detener esos abusos,
atropellos, impunidad, extorsión, frivolidad, desaseo en que vive pues esto
insisto lesiona en primer lugar al poder público y luego cachetea sin piedad al
pueblo que jamás lo eligió. Esto se hace máxime, si el señalado ha reincidido
en su mal comportamiento aunque le sea útil políticamente al poder público. Se
trata de dignidad humana que este farsante no tiene ni conoce. No burlar más
con su persona.