Tipología del rico argentino

En Argentina hay tres clases de ricos. Las dos primeras son bien conocidas y hasta tradicionales: el rico de cuna, el nuevo rico.

 

. Las dos primeras son bien conocidas y hasta tradicionales: el rico de cuna, el nuevo rico.
El rico de cuna es aquel que viene de una familia de plata, la hereda y los orígenes de la fortuna se pueden remontar a tiempos de la colonia. Si la conserva, la agranda o la dilapida, es cosa de él.

El nuevo rico es aquel que hace una fortuna gracias a un invento, la apertura de un mercado, a través de la industria... básicamente, trabajando; poniendo el lomo o el cerebro. Muchos deportistas entran en esta categoría gracias a los suculentos ingresos devengados por contratos, premios y/o publicidad. Los juegos de azar generan millonarios que calzan en esta categoría, pero son poquísimos. Mucho se ha hablado de estos personajes ya que se suelen destacar por sus gustos estrafalarios o modales muy estereotipados en ambientes selectos –a los cuales acceden mostrando la cantidad de ceros en la declaración de ganancias

Pero hay una categoría muy caracterizada en Argentina que es el “rico súbito”. Justamente, en estos días se está hablando como nunca de los que encarnan personajes centrales de esta categoría socio-económica.

El rico súbito es aquel de quien no se sabe cómo, de la noche a la mañana, pasa a ostentar una fortuna inconmensurable. Ayer era un vecino de la cuadra, hoy no toca el suelo, anda en autos con vidrios polarizados, baja de su piso en Puerto Madero, sube a su oficina en los pisos más altos de la city, y los fines de semana se atrinchera en su country o vuela al extranjero, tal vez para permanecer unas 24 horas.

Antiguamente, las actividades que podían generar ricos súbitos eran el contrabando, la evasión y elusión impositiva en comercio de venta masiva, la estafa con planes de ahorro previo o la timba financiera con dinero totalmente negro. Desde la década de los noventa, la actividad que por excelencia genera ricos en tiempos brevísimos es la política. El político con cargo, sea funcionario o legislador y –tal vez más enriquecidos- sus allegados, entran en una dimensión operacional donde los límites legales y/o éticos son de humo; y pueden ser transgredidos sin inconvenientes. Si bien hay riesgos, la permanente exploración de lo trucho ayuda a crear estrategias para ir un poco más lejos. Obvio que no todos los políticos ejercen estas prácticas de acumulación transitando zonas grises y poco divulgadas del contrato social.

El gremialismo también es semillero de millonarios flash, si bien ahora no tanto, en los noventa generó una gran camada de “gordos” que jamás dejaron de serlo.

El lector puede escribir una larga larga lista de personajes que durante treinta años accedieron a esta categoría social del rico súbito. Personajes que una vez con la billetera gorda derivan entre la política y los negocios, pero nunca más vuelven a pisar el mismo suelo del ciudadano honesto.

 

UNETE



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