. Las dos primeras son
bien conocidas y hasta tradicionales: el rico de cuna, el nuevo rico.
El rico
de cuna es aquel que viene de una familia de plata, la hereda y los orígenes de
la fortuna se pueden remontar a tiempos de la colonia. Si la conserva, la
agranda o la dilapida, es cosa de él.
El nuevo rico es aquel que hace una
fortuna gracias a un invento, la apertura de un mercado, a través de la
industria... básicamente, trabajando; poniendo el lomo o el cerebro. Muchos
deportistas entran en esta categoría gracias a los suculentos ingresos
devengados por contratos, premios y/o publicidad. Los juegos de azar generan
millonarios que calzan en esta categoría, pero son poquísimos. Mucho se ha
hablado de estos personajes ya que se suelen destacar por sus gustos
estrafalarios o modales muy estereotipados en ambientes selectos –a los cuales
acceden mostrando la cantidad de ceros en la declaración de ganancias
Pero hay una categoría muy caracterizada en Argentina que es
el “rico súbito”. Justamente, en
estos días se está hablando como nunca de los que encarnan personajes centrales
de esta categoría socio-económica. El rico súbito es aquel de quien no se sabe
cómo, de la noche a la mañana, pasa a ostentar una fortuna inconmensurable.
Ayer era un vecino de la cuadra, hoy no toca el suelo, anda en autos con
vidrios polarizados, baja de su piso en Puerto Madero, sube a su oficina en los
pisos más altos de la city, y los fines de semana se atrinchera en su country o
vuela al extranjero, tal vez para permanecer unas 24 horas.
Antiguamente, las actividades que podían generar ricos
súbitos eran el contrabando, la evasión y elusión impositiva en comercio de
venta masiva, la estafa con planes de ahorro previo o la timba financiera con
dinero totalmente negro. Desde la década de los noventa, la actividad que por
excelencia genera ricos en tiempos brevísimos es la política. El político con
cargo, sea funcionario o legislador y –tal vez más enriquecidos- sus allegados,
entran en una dimensión operacional donde los límites legales y/o éticos son de
humo; y pueden ser transgredidos sin inconvenientes. Si bien hay riesgos, la
permanente exploración de lo trucho ayuda a crear estrategias para ir un poco
más lejos. Obvio que no todos los políticos ejercen estas prácticas de
acumulación transitando zonas grises y poco divulgadas del contrato social.
El gremialismo también es semillero de millonarios flash, si
bien ahora no tanto, en los noventa generó una gran camada de “gordos” que
jamás dejaron de serlo.
El lector puede escribir una larga larga lista de personajes
que durante treinta años accedieron a esta categoría social del rico súbito.
Personajes que una vez con la billetera gorda derivan entre la política y los
negocios, pero nunca más vuelven a pisar el mismo suelo del ciudadano honesto.