El juez Bermúdez o la estrategia de mostrarse públicamente para esconder las vergüenzas

 

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Desde entonces nada ha sido lo mismo. En mi libro La afilada navaja de Ockham II. Usar el sentido común ante la evidencia criminal (2009), denunciaba la intencionalidad de la masacre por los hechos posteriores que dejaron en esa evidencia la finalidad del engaño multitudinario de la sociedad española, víctima de la siembra de discordias y de la desestructura institucional que hoy padecemos-junto a las consecuencias de una planificación económica destructiva y de desmantelamiento del tejido empresarial-con preeminencia de la radicalidad buscando una desestabilización social al precio incluso de la paz entre los españoles.

Un divide y vencerás fue la clave política del advenido presidente de la sangre derramada, nada casualmente, antes y durante el zapaterismo. De esa mala siembra de cizaña malvivimos con los separatismos revitalizados y el cuestionamiento sobre las antes bases sólidas en que se asentaba la Constitución española. Tampoco es casualidad el acoso y derribo contra la Monarquía que se inició cuando Zapatero preconizó en el Congreso, al poco de llegar al poder, el advenimiento de una Tercera República; otra cuestión son los méritos propios de la institución real para propiciarlo.

Ninguno de los vilmente asesinados de los trenes de cercanías murió por una casualidad de trama islamista en la muy causal representación socio-política del radicalismo que supuso el paso de Rodríguez Zapatero por la historia de España. Casualidad fuera  que una trama islámica hubiera sido el detonante para una profunda desestabilización nacional. Esa casualidad no existe por mucho que se empeñen tantos en versionarla como lo sucedido oficialmente en el 2004. Como tampoco fue casualidad que el futuro presidente del relativismo estatal hablara con la banda terrorista ETA tres años antes de los atentados, mientras fingía firmar un Pacto contra el terrorismo y por las Libertades que después Teresa Fdez. de la Vega se encargó de convertir en un papel mojado para justificar los favoritismos con los terroristas… acaso para cumplir lo acordado en aquellas conversaciones secretas que el tiempo se encargó de hacer públicas con demostraciones de connivencia como el chivatazo del Faisán.

El 11-M está firmemente ligado a la tendencia destructiva que ha convertido a España, durante ocho años, en una sombra de lo que fue. No asesinaron en vano y se aseguraron de que la Justicia ofreciera una credibilidad indiscutible, convirtiéndose en discutible la misma Justicia por el descaro encubridor que al día de hoy prevalece.

No creo que un juez, por muy mediático que sea y estrella que pretenda ser, se presente, motu proprio, en una entrevista pública justo cuando existe en marcha una iniciativa de Gabriel Moris que recaba firmas para que se repita el juicio de la matanza del 11-M.

La exposición pública de Bermúdez parece obedecer a una estrategia nada individualista. Esa exposición de manifestaciones sobre temas tan variopintos podría pretender atajar las posibles consecuencias de la iniciativa popular para reabrir el caso del 11-M.

La clave está en restar importancia a las más que sobradamente sospechas fundadas, abrir el debate de la calle que se sumerja en el pulso de los que defienden distintas posturas y dirimirlo en el totum revolutum de la confusión para evitar un nuevo juicio que sacaría las vergüenzas de unos jueces cuestionados… y quizá la intencionalidad criminal y autoría intelectual de cuantos se vieron beneficiados por el asesinato masivo.

En mi ensayo digo que  los autores intelectuales no encontraron mejor lugar para esconderse que los atriles de la política,a la luz pública, con el fin de sembrar confusiones y entorpecer las investigaciones ulteriores. Ello no hubiera sido posible si el poder judicial, en entredicho, no hubiera facilitado la chapuza inmisericorde de un juicio del 11-M con vergüenzas tan rastreras, verbigracia,  como dar por hecho que el Skoda Fabia era una falsa prueba aparecida de la nada, para no molestarse lo mínimo en saber quién la puso allí y para qué.

El 11-M no hubiera tenido éxito si no fuera por el beneplácito de una Justicia muy extraña, tan extraña como la que dio visto bueno a la expropiación delictiva de Rumasa treinta años antes; mantuvo en indefensión a un hombre exculpado de toda imputación en 1997; no se molestó en averiguar qué pasó con un saqueo que el tiempo demostró criminal y dejó al primer orquestador y beneficiado de la estafa nacional, Felipe González, que se beneficiara de sus tejemanejes criminales dirigidos desde la Política. ¿Aún nos extraña la situación actual, rememorando el pútrido pasado de nuestro devenir aparentemente democrático?

¿Dónde han estado durante treinta años los jueces para investigar el atraco político de Rumasa?... escondidos como han estado 9 años para dirimir las sombras de dudas del 11-M.

En España sale barato robar y matar y además por los mismos que se benefician de sus golpes criminales. Eso sí es curioso y no  como hipócritamente argumentaba Bermúdez diciendo que no se deja en paz a la Víctimas. Algo pasa en España cuando un juez sale en intervención pública a decir que las investigaciones del 11-M son como las quimeras de algunos norteamericanos creyentes de que Elvis vive. Suena a guión escrito cuando no sugerido. Vergüenza de Justicia al descubierto.

UNETE



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