Hasta ahora el Presidente de la Republica Enrique Peña Nieto,
ha demostrado ser congruente con una línea definida en sus decisiones políticas,
evidentemente inspirado en un
pragmatismo funcional.
Hay un importante número de ejemplos que sustentan su teoría
del ejercicio político del poder, en ninguno de esos casos ha prevalecido una relación
de tipo personal, por encima del interés superior del régimen.
Escogió a Eruviel Ávila como su sucesor en la gubernatura
del Estado de México, porque era este quien le garantizaba el triunfo, no porque
fuera su incondicional, en vez de optar por su primo Alfredo del Mazo, con
quien tenía un añejo compromiso familiar.
Removió a un muy cercano Humberto Moreira de la presidencia
del Comité Ejecutivo Nacional del Revolucionario Institucional, a raíz del escándalo
correspondiente al sobre endeudamiento de las finanzas del gobierno de Coahuila.
Envió a Ivonne Ortega a la Secretaria General del partido y
no a una secretaria de estado, a pesar del enorme afecto que le profesa, por la
forma tan cuestionada en que Ortega Pacheco culmino su administración
gubernamental en Yucatán.
Recientemente removió a Humberto Benítez Treviño de la
Profeco, como resultado del escándalo mediático, producto de los actos de
prepotencia de su hija, al clausurar un restaurante porque no le asignaban la
mesa que quería.
Para el Presidente Peña Nieto, Humberto Benítez había sido
un mentor a quien respetuosamente se refiere como maestro, aun así no quedo más
remedio que separarlo del cargo, precisamente en un ejercicio de congruencia.
En campaña por la presidencia, Peña Nieto acoto que como
presidente no tendría amigos, por supuesto que la afirmación se refiere a un
comportamiento político que prevalece sobre el tema personal.
Usando estos antecedentes como referencia, necesariamente habrá
que esperar una conducta similar en torno de la situación del ex Gobernador de
Tabasco, Andrés Granier Melo.
Independientemente de que el actual mandatario tabasqueño
Arturo Núñez Jiménez, desde que tomo posesión del cargo, señalo los millonarios
desfalcos efectuados por Granier y ordeno una investigación al respecto, dos
sucesos que nada tienen que ver con esa indagatoria, pusieron esta
circunstancia en la mayor exposición posible, que rebasan y por mucho el ámbito
de esa entidad.
Por supuesto nos referimos a la grabación en la que el ex Gobernador,
pasado de copas como el mismo lo reconoció posteriormente, presumía de sus
viajes al extranjero, gastos y caprichos por adquirir ropa muy costosa.
Y adicionalmente el cateo a una propiedad de su ex tesorero,
José Manuel Sainz Pineda, mediante el cual se encontraron ochenta y ocho
millones y medio de pesos en efectivo.
Ambas situaciones provocaron que los actos de corrupción de
la administración de Granier, dejaran de ser como decíamos anteriormente, un
asunto local de Tabasco, para convertirse en un tema de interés nacional.
Más aun cuando hay elecciones próximas en catorce entidades
federativas, lo que además pone las cosas en otra perspectiva, porque no se
puede negar que estos hechos tengan influencia eventualmente, en el sentido del
voto en esos comicios.
Porque independientemente del curso que sigan las
investigaciones y lo que se determine como resultado de las mismas, este ya es
un asunto de percepciones y reacciones en consecuencia de las mismas.
Es decir, si Granier no es encontrado culpable de nada y no
es castigado, naturalmente habrá una sensación de impunidad, por otro lado si
lo es, eso según algunos puntos de vista es negativo para la imagen del
Revolucionario Institucional.
Sin embargo tampoco se puede descartar que una acción de la
justicia en contra de Andrés Granier, sobre todo atendiendo a los antecedentes
del comportamiento y estilo del Presidente, pueda resultar benéfica al PRI.
Porque si se actúa contra Granier, no necesariamente desde
el punto de vista de la investigación judicial, sino de la percepción colectiva
en cuanto al desfalco en contra de las finanzas estatales y su comportamiento
personal, se descarta la sensación de impunidad.
El mensaje sería muy claro y contundente en ese sentido, porque
el Presidente Peña estaría estableciendo una vez más, que no va a permitir
estos abusos, que en su régimen el priismo tendrá que comportarse, de acuerdo a
un marco referencial muy estricto.
De tal suerte que la plataforma política se encaminara a un
compromiso en contra de la corrupción y la impunidad, que no es necesariamente
un mal que solo aqueje al priismo.
No olvidemos que la semana pasada se giro ya una orden de aprehensión
en contra de Luis Armando Reinoso Femat, ex Gobernador panista de Aguascalientes
por un desfalco mayor a los cien millones de pesos.
Desde ese punto de vista, llamar a cuentas a Granier, en vez
de convertirse en un negativo, bien puede verse como un acto de congruencia, una
imagen muy favorecedora en contra de la corrupción.
Hasta donde se sabe la relación personal entre el Presidente
Peña Nieto y Andrés Granier, no va más allá de lo institucional, por tanto y
como ha sucedido en otros casos donde si la ha habido, no habría porque pensar
que el ex Gobernador tabasqueño tenga ninguna protección especial.
En ese caso, el Presidente estaría confirmando que el suyo
si es un nuevo PRI, al menos en lo que respecta a la corrección de
comportamientos inadecuados y eso naturalmente que puede ser muy rentable
electoralmente.
Ahora bien, definitivamente en esta situación algo tendrá que
hacer la justicia federal, porque lo peor sería intentar dejar pasar la
oportunidad, apostar por el olvido y que con ello no hubiera influencia
electoral.
Porque como mencionábamos, ya no se trata solo de procedimientos
legales engorrosos, sino de percepción y esa tiene un peso mucho más grande que
cualquier otra consideración o estrategia.
Siendo así, seguramente en el círculo rojo del régimen se está
analizando como proceder, porque por sus
características y la exposición mediática del tema, este ya acaparo toda la atención
nacional y de seguir así, se les puede salir de control.
Habrá que esperar, sin embargo parece inminente que el
pragmatismo presidencial se enfile sobre Granier y todo lo que representa, por cuestión
de orden e imagen y finalmente por su influencia en los procesos electorales, se
trata de la capacidad de revertir una situación contraria para volverla
favorable
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