“El caradura se la
pasa diciendo que el otro vecino es un chanta, y viene y me propone que
compartamos el cable…”.
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“Vive criticando a sus
hermanos porque malcrían a sus hijos, pero al suyo no le pone ningún límite.”“Sí, es verdad: no lo
puedo ni ver. ¡Pero mirá si me iba a perder la oportunidad de ir a comer y
chupar gratis a su fiesta!”“Te quejás de que
hace tiempo que no te llamo, pero vos tampoco me llamaste…”
·
Jóvenes que critican la calidad de la enseñanza, pero en vez de buscar
métodos para un mejor aprendizaje para sí mismos se pierden en la mediocridad
de echarle la culpa al sistema.·
Empleadores que exigen excelencia a los empleados, pero ni siquiera les
ofrecen lo más básico: un registro en blanco.·
Individuos que condenan al estafador, pero cada vez que pueden se
ausentan de su trabajo inventando un percance o presentando un certificado
médico fingido.·
Padres que lloran porque no les alcanza la plata para medicamentos, vestimenta
o útiles escolares de sus hijos, pero no resignan un atado de cigarrillo ni una
botella de gaseosa, vino o fernet.·
Personas que se sorprenden de ver los casos de violencia en los
noticieros, pero les pegan a sus hijos -o parejas- cuando cometen un error o se
atreven a estar en desacuerdo. Ni hablar del maltrato a sus mascotas.·
Seres humanos que repudian la discriminación a viva voz, pero insultan o
descalifican con expresiones como “negro de mier…” y “mogólico” -entre
otras- o apoyan la explotación de extranjeros en nuestro país bajo condiciones
paupérrimas de trabajo.·
Ciudadanos que se quejan constantemente de la inoperancia y la impunidad
de los funcionarios, pero eligen no ir a votar aunque sea obligatorio, y mucho
menos intentan interiorizarse y participar en aquellos temas que tanto les
afectan.
Decir una cosa y actuar de una manera
diferente -e incluso opuesta- a lo que decimos o sentimos nos convierte en
hipócritas. Replicar desde nuestros actos aquella postura que criticamos
fuertemente nos convierte en hipócritas.
¿Lo opuesto a la hipocresía? La
sinceridad. Y, yendo un poquito más allá, la coherencia: actuar en consecuencia
a lo que profesamos, a lo que sentimos… que cada una de las acciones que
llevamos a cabo sean resultado de una postura asumida frente a una situación
dada. Decir una cosa -siempre y cuando la consideremos válida, y no una
mentira- y que nuestros hechos sean acordes a eso que expresamos.Las motivaciones de la hipocresía
pueden ser diversas: inseguridad, que nos lleva a ocultar eso que tememos que
no sea aceptado y demostrar aquello que suponemos que sí será avalado
socialmente; poca autocrítica, ya que es más fácil criticar al vecino antes que
al espejo; comodidad, para evitar tener desencuentros con un otro -a pesar de
que internamente estamos totalmente en desacuerdo-; desconfianza hacia el otro,
suponiendo que su respuesta a nuestra sinceridad puede afectar nuestros
intereses familiares, laborales o particulares. Y así, numerosas razones. Desde casos
más sencillos a más complejos. Desde situaciones puntuales a cuestiones
cotidianas: el nivel de hipocresía es otra característica que nos define
como sociedad.Siempre tenemos más de un camino: ser
hipócritas, ser indiferentes, ser coherentes, ser cómplices... Aún más, siempre
-salvo graves casos de sometimiento- tenemos la posibilidad de elegir qué
camino tomar: nadie nos obliga a hacer lo que no queremos hacer. Somos 100%
responsables de nuestras elecciones. Nadie nos obliga a ser lo que no
queremos ser.
Editorial de 1450
msnm - Periódico de altura (Tw: @1450msnm - Fb: 1450 msnm) del día 30 de abril
de 2013