Por muy absurdo que parezca el novedoso método para aturdir la razón, al menos se demuestra que cualquier estupidez es posible en la vida. Confieso que me gustaría poner cara e imagen a la ingeniosa mente que ha dado con la uterina fórmula de tan sorprendente gilipollez. Lo más triste de estas patéticas novedades que nos llegan del exterior es que, por muy lerdas, dañinas e insensatas que sean, siempre hay grupos de jóvenes que las adoptan y las practican como últimos recursos de diversión. Acogen la insólita novedad sin pararse ni un solo segundo a valorar las consecuencias negativas que la gilipollez puede acarrear para su salud.



