LOPE: el biopic del poeta más prolífico

Cuatro siglos después de su muerte llegó a nuestras carteleras Lope (Andrucha Waddington, 2010), el biopic del considerado más prolífico escritor de la literatura universal y padre de la tragicomedia: Lope de Vega. La importancia cultural de la que fue una de las figuras claves del Siglo de Oro español, al que el propio Miguel de Cervantes definió como un "monstruo de la naturaleza", justifica por sí misma una película que, de entrada, nace herida por querer asemejarse demasiado a la estética de Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006) o Ágora (Alejandro Amenábar, 2008). Sin embargo, el que fue el proyecto más ambicioso estrenado en España en el 2010 -contó con la friolera de 9 millones de €-, se queda lejos de dichas obras por la falta de nervio de su director, desbarajustes en el ritmo narrativo y un carácter un tanto rudimentario. Lo que podía haber sido un biopic a la altura de su figura, se queda en un acotado relato enfocado exclusiva e incomprensiblemente en la etapa de juventud y, para más inri, más preocupado en los devaneos amorosos y sexuales del protagonista que en su obra, en su grandeza literaria.

 

La importancia cultural de la que fue una de las figuras claves del Siglo de Oro español, al que el propio Miguel de Cervantes definió como un "monstruo de la naturaleza", justifica por sí misma una película que, de entrada, nace herida por querer asemejarse demasiado a la estética de Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006) o Ágora (Alejandro Amenábar, 2008). Sin embargo, el que fue el proyecto más ambicioso estrenado en España en el 2010 -contó con la friolera de 9 millones de €-, se queda lejos de dichas obras por la falta de nervio de su director, desbarajustes en el ritmo narrativo y un carácter un tanto rudimentario. Lo que podía haber sido un biopic a la altura de su figura, se queda en un acotado relato enfocado exclusiva e incomprensiblemente en la etapa de juventud y, para más inri, más preocupado en los devaneos amorosos y sexuales del protagonista que en su obra, en su grandeza literaria.
Con guión de Ignacio del Moral -Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2003)- y Jordi Gasull -El viaje de Arián (Eduard Bosch, 2000)-, esta co producción entre España y Brasil nos traslada al Madrid de finales del S.XVI, donde el dramaturgo Lope de Vega se debate entre el amor de dos mujeres, al tiempo que intenta renovar las fórmulas del teatro español, en una época en la que esta forma de expresión artística estaba en auge. La película muestra aspectos claves de su trayectoria profesional, como la fusión del drama y la comedia en la literatura -algo a lo que, por extensión, el arte cinematográfico también debe estarle agradecido- o los problemas que le ocasionó el padre (Juan Diego) de  Elena Osorio (Pilar López de Ayala), su amante, que derivaron en cárcel y amenazas. Asimismo, también acierta al incluir en la trama algunos de sus poemas más conocidos, como Desmayarse -quizá la definición de amor más pulcra que se haya escrito jamás-, o Un soneto me manda hacer Volante. Sin embargo, tanto lo primero como lo segundo se antojan insuficientes para un escritor que, como bien apunta el propio film en su final, llegó a escribir 4000 poemas y más de 800 obras teatrales y posee una de las biografías tan increíble como apasionante. No se trata de incluir todos sus escritos ni todos los sucesos capitales de su vida, sino de ser capaz de penetrar en el alma, en las motivaciones, en el corazón del personaje. Y Lope en este sentido se queda en la superficie: su descripción del héroe es apagada, obtusa. Tampoco faltan los conasbidos interludios sexuales, tan estirados como mal rodados, en una película que termina sucumbiendo a la esencia del folletín televisivo, mezcla de romance y aventuras. Una fórmula válida, qué duda cabe, pero que no hace justicia a una figura histórica de primer nivel que se merecía la gloria.

No obstante, Lope no deja mal sabor de boca gracias, entre otras cosas, el buen trabajo de su trío protagonista -un camaleónico Ammann dotando a su rol de la vitalidad y el carácter intrépido de Lope de Vega-, la partitura de Fernando Velázquez elevando una vez más una producción hasta lo inimaginable -atención a los últimos minutos de tintes épicos- y el recio diseño de producción, correcta ambientación y su pintoresco vestuario, éste último premiado con el Premio Goya, al igual que el apartado de Mejor Canción por Que el soneto nos tome por sorpresa de Jorge Drexler, de un total de 7 nominaciones. Otro de sus puntos fuertes son sus localizaciones, sobre todo esa recreación del puerto de Lisboa, donde se desarrollan algunas de las escenas más espectaculares. Virtudes que potenciaron su carrera internacional que la llevó al Festival de Toronto o al Festival de Venezia, fuera de concurso. 

 Una película a la que hay que aplaudir su voluntad de ofrecer al gran público una -pequeña- parte de la inabarcable riqueza cultural de España, inagotable materia prima para cintas de todo los géneros. Sólo cabe esperar que las sucesoras de Lope sean capaces de arriesgar más -no tanto en materia económica, sino en amortizar más sus recursos-, que este ejercicio cinematográfico algo desangelado y falto de espíritu, de este mal llamado biopic. 

UNETE



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