. Estatura, color, pelo, ojos
y muchas señas particulares que nos hacen diferentes unos de otros. Pero todo
esto es biológico, natural y así nacemos como dice la canción.
No me voy a referir
a esa diferencia sino a la otra, a la más grave de todas y que obsequia la
riqueza material, aquella que acompleja a las personas, la que subordina, la
que somete, degrada, humilla, insulta y muchas veces lleva a extremos
peligrosos.
Todo empieza con el
apellido. Entre más extranjero suene más respeto inspira. Entre más histórico
sea más explotado e influyente resulta y si a eso le agregamos una dosis
económica no muy brutal, ya tenemos reyes de disco, volante, avión, trajes y
perfumes con perros consentidos. No tiene nada de inconveniente saber tener
dinero y tratar de ser diferentes pero sin lastimar a los demás.
Cuando el
equilibrio reina todo es bienvenido y con los problemas de familia tiene uno de
sobra.
La vida privada
debe ser respetada por todos. Lo malo es que los que la exigen no la practican
y son los primeros que invaden la vida de los demás ya sea pública o privada.
Los ejemplos más comunes son los tradicionalmente ricos.
Aquellos que
siempre ha recibido sin hacer nada. Inútiles que van por la vida fastidiando a
los demás, sin educación ni cultura entorpecen el devenir diario de la sociedad
pública y privada. Su influencia no es limitada por la autoridad ni el castigo
los alcanza y por eso actúan en base al dinero y no al respeto que se debe
ganar cada quien al respetar a los demás.
Recuerde que siempre
te dirán que tienen menos de lo que presumen. Sus fortunas no son tan
respetables pero el chiste es parecer ser lo que no son.
Ahora bien hay una
fauna que no podemos dejar de señalar ya que es la más dañina de todas y la que
más complejos presenta.
Los políticos.
Aquellos seres que por un tiempo se creen reyes aristocráticos aunque sus cunas
sean bajas y corrientes, carentes de seda importada y perfume de marca pero
sobre todo de falta de amor y cariño.
Esos acomplejados
que irrumpen en cualquier parte y con voz alta gritan sus mandos, ordenes que deban
ser obedecidas sin chistar.
Todo mundo a sus
patas y que nadie se mueva. Esos líderes de barrio, changarro, esquina
denominados diputados, senadores, ministros, gobernadores y otros títulos que
la nobleza política les otorga por un tiempo determinado y que muchos se niegan
a dejar aunque la edad los alcance.
En el mundo humano
tenemos tan mala sal que estos bichos se mezclan con los anteriores para llevar
a cabo negocios turísticos, bienes raíces, industriales si la cultura les da y múltiples
comisiones por aquello de cuanto me toca a mí.
Cretinos que con
fachada de cultos navegan por los salones oficiales gestionando permisos,
favores, acuerdos, arreglos con armas de influencia como el cargo o el vulgar
dinero mal habido ya sea de unos o de otros.
Son intocables para
la autoridad, inalcanzables para la sociedad, blindados para la justicia de por
si ciega, torpe y vieja ejercida por maestros y ancianos de la ley que quitan
la lupa de la letra cuando les llega un caso con estos actores.
No hay igualdad en
la justicia ni en el trato, lo único que te queda es hacerse respetar uno mismo
por estos bichos que para subsistir no comen lumbre.
Si te levantan la
voz, cuando valga la pena levántala más tú. Recuerda que la cobardía de estos
está a flote pues se basa en el dinero, los complejos, el desamor y la soledad.
El predicador
económico.