TOWER BLOCK: cuando escapar es imposible

La carta de presentación de Tower Block (James Nunn & Ronnie Thompson, 2012) no puede ser más estimulante: premio a la Mejor película en la Sección Panorama del Festival de Sitges, excelentes críticas que destacan su adrenalínico e incesante desarrollo y un argumento tan simple como, aparentemente, eficaz. Sí, reconozco que quizá fueron las altas expectativas fue lo que me defraudó de una película que podía haber sido una pieza irreprochable de intriga, un tablero ajedrezado de personajes cada cual más complejo y enigmático, se queda en un producto del montón. La opera prima del tándem de directores desprende de lo que, a mi juicio, debería huir cualquier ejercicio cinematográfico como de la peste: un indiscutible regusto a deja vú, esa desagradable sensación como si lo que nos estuvieran contando, de forma presuntamente original, ya lo hubiéramos visto mil veces. 

 

. Sí, reconozco que quizá fueron las altas expectativas fue lo que me defraudó de una película que podía haber sido una pieza irreprochable de intriga, un tablero ajedrezado de personajes cada cual más complejo y enigmático, se queda en un producto del montón. La opera prima del tándem de directores desprende de lo que, a mi juicio, debería huir cualquier ejercicio cinematográfico como de la peste: un indiscutible regusto a deja vú, esa desagradable sensación como si lo que nos estuvieran contando, de forma presuntamente original, ya lo hubiéramos visto mil veces. 

La trama de la película gira en torno a un grupo de inquilinos de un ruinoso edificio abandonado en la periferia llamado Tower Block 21. Un día, esta quincena de vecinos, de toda edad y condición, observan por las mirillas de sus casas cómo un joven es apaleado por dos delincuentes hasta provocarle la muerte. Nadie hace el más mínimo amago por socorrerlo, tan sólo Becky (Sheridan Smith), una joven que, de forma inesperada, se convertirá en la cabecilla de un grupo que intentará abandonar el edificio ante la presencia de un francotirador en las afueras que amenaza con matarlos uno a uno. Rápidamente comienza una lucha por la supervivencia de la que parece no haber salida posible. En efecto, habrá quien diga que semejante punto de partida -encerrar a un grupo de personas entre unas paredes de las cuales no pueden escapar ante una amenaza externa-, está tan manido que cualquier rastro de originalidad es una quimera. Y, en parte, este es uno de los lastres de la película. Tower Block juega a querer ser trepidante, novedosa, profunda, intrigante, ... pero se queda en un ejercicio en el que los giros de guión brillan por su ausencia, y en el que el esperado golpe definitivo que ansía el espectador, ese que le haga cambiar su opinión acerca de la monótona película, nunca llega. No hay angustia, no hay sensación de agobio, no hay incomodidad. (Casi) todo suena a falso, impostado y carente de la garra suficiente para que el espectador no termine sucumbiendo al bostezo o, como mínimo, a mirar el reloj. Ni siquiera su final: tan precipitado como insulso.

Pero no todo está perdido. A pesar de su desaprovechada idea y que los sustos se cuentan con los dedos de una mano -a destacar ese inesperado primer plot point, en medio de una conversación romántica-, es de justicia reconocer a Tower Block sus buenas intenciones: las de reflejar una sociedad cada vez más individualista, despreocupada y pasiva ante los problemas de los demás. Más, en definitiva, egoísta. Es, quizá, la verdadera razón de ser del film, aunque ésta nunca termine de subrayarlo con toda la potencia necesaria. En este sentido, el hecho de que los cineastas nos priven de ver el rostro del francotirador -a excepción de una única escena-, se puede interpretar como si éste, lejos de ser una presencia humana, sea una especie de fuerza divina que somete a los protagonistas, de una forma quizá no tan cruel como el hecho de privar de ayuda a quien la necesita, al peor de los castigos posibles. Además, se agradece su reducido metraje, la presencia de la joven promesa Jack O´Connell -la cabecilla de la panda psicópata de adolescentes de la imprescindible Eden Lake (James Watkins, 2009) y un actor británico en alza- y la reivindicación que se hace de la figura del líder; alguien que se hace indispensable en un conflicto, capaz de marcar las pautas a seguir al tiempo que sabe demostrar un alto grado de asertividad y empatía. La figura de Becky no sólo es lo mejor de la película, también ese rol que la sociedad, en constante progresión conformista y alineada, necesita para salir a flote.

Detalles como la increíble puntería del francotirador o el no tomarse el tiempo necesario para presentarnos a los personajes -algo que impide empatizar con los mismos-, se compensa con lo coherente de su planteamiento, su agradable regusto a thriller... y con la esperanza de que esta pareja de directores logren atinar la puntería -nunca mejor dicho- en su siguiente trabajo. No es que Tower Block sea un desastre: es que, simplemente, se esperaba más.

UNETE



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