La carta de presentación de Tower Block (James Nunn & Ronnie Thompson, 2012) no puede ser más estimulante: premio a la Mejor película en la Sección Panorama del Festival de Sitges, excelentes críticas que destacan su adrenalínico e incesante desarrollo y un argumento tan simple como, aparentemente, eficaz. Sí, reconozco que quizá fueron las altas expectativas fue lo que me defraudó de una película que podía haber sido una pieza irreprochable de intriga, un tablero ajedrezado de personajes cada cual más complejo y enigmático, se queda en un producto del montón. La opera prima del tándem de directores desprende de lo que, a mi juicio, debería huir cualquier ejercicio cinematográfico como de la peste: un indiscutible regusto a deja vú, esa desagradable sensación como si lo que nos estuvieran contando, de forma presuntamente original, ya lo hubiéramos visto mil veces.




