Despilfarro asesor

En la larga lista de gastos disparatados que las distintas administraciones sufragan con nuestros impuestos destaca, entre otros de escándalo, el destinado a satisfacer la mamandurria dineraria de la casta de ‘asesores’. Roza lo impúdico el presupuesto anual que nos cuesta a todos los españoles del curro pagar las cargas dedocráticas de los amiguetes de políticos. La nómina de los que disfrazan su enchufismo con el rimbombante apellido de ‘asesor’, nos cuestan un pastón. Además abundan como champiñones.

 

. Roza lo impúdico el presupuesto anual que nos cuesta a todos los españoles del curro pagar las cargas dedocráticas de los amiguetes de políticos. La nómina de los que disfrazan su enchufismo con el rimbombante apellido de ‘asesor’, nos cuestan un pastón. Además abundan como champiñones.

El político con mando en plaza que no tenga asesores, por mínima que sea su responsabilidad de gestión, carece de estilo. Se convierte en politiquillo de categoría inferior. Cuanto más asesores tenga el político de turno, mayor es el rango y la importancia del personaje. Lo curioso es que en este juego de los asesores participan todos, tanto de derechas, como de izquierdas, o de centro. Se da el escandaloso caso de que el único diputado que tiene el partido de Unión Progreso y Democracia en el Principado de Asturias, tiene seis asesores.

Para minimizar el despilfarro, algunos de los asesorados dicen que son necesarios, y lo justifican por la obligación que tienen de orientar por el buen camino las decisiones, las conclusiones y los proyectos que emanen de su gestión. Este razonamiento no hay quien lo rebata. La responsabilidad en la toma de decisiones políticas y administrativas debe de prevalecer siempre en el ejercicio del mandato. Pero para obrar en esta lógica, no está escrito en ningún sitio que se debe de contar con la providencia de costosos equipos de asesores.

 

Teniendo en cuenta los organigramas estructurales que forman los equipos de Gobierno de las administraciones, tanto nacional, como autonómicas y locales, ninguna precisa equipos agregados de asesores. El presidente del Gobierno, señor Rajoy, tiene más de 500 asesores, menos que el señor Zapatero, que nadie sabe para qué sirven. El Gobierno, además de contar con el Consejo de Estado como órgano propio consultivo, cuenta con la asesoría de los distintos ministros, que a su vez alimentan sus gestiones, iniciativas y proyectos con la asesoría y las recomendaciones profesionales de los funcionarios, técnicos y personal dinamizador de cada uno de los ministerios. Por tanto sobran los asesores comparsa.

Lo mismo sucede en las Comunidades Autónomas, Diputaciones, y entidades locales. Los Gobiernos regionales mantienen similar estructura que el nacional, tanto en la figura de ministrines, como de departamentos técnicos y operativos dotados de profesionales. Los alcaldes de los Ayuntamientos, ya sean grandes o pequeños, no precisan la figura del asesor. Las corporaciones municipales están integradas por multitud de concejales. Cuando el equipo de Gobierno de turno plantea acciones urbanas o similares, los concejales deben de ser los encargados de asesorar atendiendo las recomendaciones profesionales de los técnicos y funcionarios. Ediles y diputados han de hacer algo más que limitarse a levantar la mano cuando toca votar en los plenos.

Además, provoca depresión conocer los caros sueldazos que se regala a los asesores, sino a todos, si a la mayoría. De escándalo.

UNETE



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