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¿Es posible hablar de un "Big Bang" del Holocausto?


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14/05/2013


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“El mal” pareciera ser un concepto bastante objetivo y claro de identificar pues siempre se le asocia a la violencia y al abuso de poder. Sin embargo, este concepto puede ser más complejo de lo que parece, dado que si bien se presenta de esta manera, también es posible identificarlo de manera más escondida y disimulada. Hasta aquí, el mal pareciera tener dos dimensiones; una visible o literal y otra simbólica o invisible, donde no existe una completa separación entre ambas sino que actúan en conjunto, complementándose. Esto se observa claramente en la película “La Cinta Blanca” (M. Haneke, 2009), donde a primera vista se presenta un pueblo protestante, respetable, sin embargo, esconde y gesta el mal por medio de cinismo y una ceguera voluntariosa que se vuelve imposible de contener al momento en que el mal florece en su dimensión observable con eventos desgarradores.


            Por otro lado cabe preguntarse por el origen del mal ¿Es el hombre naturalmente bueno y luego corrompido por el sistema como bien argumenta Russeau, o acaso éste lleva el mal intrínsecamente y se vuelve “un lobo para el hombre”, en palabras de Thomas Hobbes? Quizás resulte ambicioso querer responder una pregunta eterna y tan importante para la sociología como ésta, sin embargo, podemos utilizar un caso de estudio para analizar el origen del mal: el Holocausto. Según Zygmunt Bauman (1989), el Holocausto sería producto inherente de la modernidad, por lo que esta corrompería al hombre. Pero, ¿Quién es el responsable de la modernidad si no el hombre mismo? Según esta perspectiva, Bauman tendría un análisis incompleto donde sobrevalora a la modernidad y le quita responsabilidad al hombre en su naturaleza. Asimismo, la película “Eichmann” retrata la teoría de Bauman al relatar las declaraciones del hombre detrás de la “solución final” contra los judíos de Europa en 1942, poniendo énfasis en la calidad burócrata de la modernidad, factor esencial para la planificación y ejecución del Holocausto.

            En primer lugar, “La Cinta Blanca” es una historia que se sitúa en un pueblo protestante al norte de Alemania (Eischwald) durante los años 1912 y 1913. A primera vista, este pueblo parece una comunidad respetable, gente de bien, religiosos y comunitarios, sin embargo, este orden aparente de a poco se ve amenazado por eventos y sucesos crueles, crudos y violentos, generalmente por autores anónimos. A pesar de ser frecuentes, los habitantes del pueblo parecen no causar mucho revuelo. El filme es capaz de comunicar y retratar un pueblo en capas, aparentemente solidario, tranquilo y honrado, pero se esconde un ámbito crudo, donde se transmite un aire de misterio, mentiras y doble estándar. Entre los sucesos se destacan maltratos y violencia a niños, abusos sexuales a niñas y mujeres, actos vengativos y promiscuidad, disimulados tantos por niños como por adultos a través del abuso de roles sociales; los niños se aprovechan de su aparente inocencia infantil, el médico de su oficio y alto rango, el joven de su calidad de hermano mayor y defensor de su padre y el pastor de su jerarquía social y condición de patriarca. Es así como de a poco se va revelando el verdadero carácter de este pueblo, donde Haneke, el director, hace una proyección de este a la sociedad como una crítica. Según Haneke, el comportamiento de los niños en Eischwald es un fiel reflejo de sus padres y adultos, abusivos y represores, donde los tratos son transmitidos hacia las demás generaciones, justificando de este modo el Holocausto. Para los ojos del director, el origen de la sociedad que vive el Holocausto es unas cuantas décadas antes de éste, donde los actores y autores de este violentismo crecen en un ambiente con las mismas características, opresivo, cruel, abusivo, poco tolerante, donde nace y se reproduce una idiosincrasia. En este marco, el Holocausto se vuelve un episodio imposible de evitar, donde esta cultura del cinismo y del abuso se desencadenaría en el horror que observamos hoy.

            El argumento de Zygmunt Bauman se relaciona en cierto sentido con el de Haneke. Ambos tienen una percepción del Holocausto como un evento poco contingente, que no pudo haber sido de otra manera. Por lo tanto, se vuelve imposible de evitar pues la sociedad de ese entonces gestaba aquellos elementos que convergerían necesariamente en el. Para Haneke son elementos culturales y sociales, pero para Bauman (y es aquí donde ambos se diferencian) son elementos de la modernidad, por lo tanto, elementos más globales, con una mayor fuerza e inercia, dándole incluso mayor determinismo al Holocausto. La tesis de Baumann se basa en la relación entre Holocausto y modernidad, donde el primero lo destaca como el proyecto más violento de la civilización occidental originado por dos factores esenciales de la modernidad: burocracia y tecnología. La burocracia se describe como el sistema propio de la modernidad que busca maximizar la eficiencia y sistematicidad a través de la obediencia ciega, donde el trabajo se divide jerárquica y funcionalmente y los procesos se desligan uno de otro. De este modo, la sociedad se organiza en una pirámide de jerarquía, siendo la base la más masiva y a medida que se sube en ésta, disminuye la cantidad de personas y aumenta la concentración de poder. Por lo tanto, la burocracia transforma a la sociedad en una maquina funcional donde cada individuo es un engranaje distinto que permite que el sistema se reproduzca y cada pieza de esta maquina cumple una función específica. Así, la dinámica se vuelve individualista y subordinada a la mayor autoridad, permitiendo desasociar la responsabilidad moral con la responsabilidad técnica. Todos deben desempeñar su función, independiente del plan general, la responsabilidad moral se logra al solo cumplir con la responsabilidad técnica. En este sentido, se cae en una amoralidad, donde la pregunta por la moral ya no es aplicable pues no existe una moral intrínseca sino que se asocia al cumplimiento de funciones individuales. Al ser esta la orientación principal de la sociedad, no cabe una moral que entre en conflicto con la técnica, pues esta última se vuelve el objetivo final y orientación moral. Así, la modernidad destaca una visión técnica-instrumentalista, donde “el fin justifica los medios” y todos los medios pueden ser usados como instrumento para dicho fin. Todo lo anterior conduce a una deshumanización, dada la distancia social que se genera gracias a la separación de etapas y procesos, todo se ve en términos instrumentalistas y las relaciones sociales pierden fuerza, existen cada vez menos vínculos pues se vuelven innecesarios y poco eficientes, todos se ven a si mismos como engranajes de una gran máquina que avanza por inercia a pesar de la voluntad de las personas, controlada por las autoridades.

            Así, Bauman llega al Holocausto como un genocidio moderno, destacado por su magnitud (exterminio de aproximadamente 6 millones de judíos en Europa), la oposición entre turba y burocracia, con el objetivo de alcanzar la “sociedad perfecta” por medio de la extinción, revelando una ingeniería social sin igual. Bauman es capaz de retratar claramente la dinámica que describe la modernidad y la burocracia que presenta las semillas fundamentales y necesarias para el Holocausto. El filme “Eichmann” (R. Young, 2007) plasma el argumento de Bauman en una producción que muestra el proceso judicial que se le hace a la cabecilla del Holocausto, Adolf Eichmann, donde tras ser capturado en Argentina, se lleva a Israel para tomar sus declaraciones y poder llevar a cabo un correcto y fiel juicio. Quien le aplica el cuestionario y analiza sus declaraciones es el capitán Avner Less, funcionario de la agencia de inteligencia Israelí quien descubre en medio del proceso que su padre había muerto en un campo de concentración planeado por Eichmann. En dicho proceso, Avner intenta destapar el argumento de Eichmann para así lograr enjuiciarlo correctamente, sin que se pudiera salvar de ninguna condena. A lo largo de todo el filme, Eichmann se defiende con el argumento que él sólo obedecía órdenes de Hitler, que nada de lo que había sucedido había sido influencia o voluntad propia por lo que intenta liberarse de las responsabilidades que se le atribuían. Avner, aproblemado y consumido por este caso que se le es asignado, no se da cuenta que él tiene el mismo fundamento de Eichamnn, pues en el momento en que su esposa lo encara por no haberle contado de esta asignación que ponía en peligro la seguridad de su familia, Avner responde que “una orden es una orden”, remitiendo al aparato burocrático donde cada uno cumple su deber al realizar su trabajo, asumiendo una jerarquía y determinación por parte de las autoridades. Asimismo, Eichmann se describe como “sólo un oficial de transportes”, nuevamente aludiendo al sistema burocrático, defendiéndose de toda participación en el Holocausto y retratándose simplemente como un encargado de logística.

            Tanto Bauman como Young apelan a la burocracia como determinante en del Holocausto, el elemento que permitió que se cometieran atrocidades de un nivel y magnitud nunca antes vistas. La crítica de Bauman, a diferencia de  Haneke, radica en que aquellos elementos que permitieron que se llevara a cabo el Holocausto, aún existen. La sociedad aun se ordena por un aparato burocrático, cada vez más complejizado, donde se han perdido los vínculos sociales y la eficiencia sigue siendo la orientación de todos los procesos. Sin embargo, lo que Bauman sobrevalora es justamente este aparato burocrático, pues al explicar el Holocausto en base a los elementos de la modernidad, lo que hace es quitarle capacidad de agencia a las personas y reifica un sistema que supuestamente se encuentra por sobre ellas, que tiene movimiento y agencia propia, como una masa intangible que cobra vida y se vuelve cada vez más perverso. Sin embargo, existen dos puntos a contrastar. Primero, el hecho de que asuma que la violencia sin precedentes ejercida por parte de los Nazis en la primera mitad del siglo XX se deba a una especie de nube sin control que nos consumirá nuevamente sin darnos cuenta es una errónea generalización o globalización. Cabe destacar que los eventos que acá se discuten se originaron en Alemania y se expandieron a los países cercanos, sin embargo, situándose en la misma época, modernidad y sistema burocrático, existió otra corriente que logró detener todo lo que sucedía, sin que éste saliera del continente europeo. Por lo tanto, el error de Bauman recae en aislar los elementos contingentes que explican complementariamente lo sucedido. Si bien la modernidad propició que se generara el Holocausto de una manera determinada, existen factores sociales, políticos y económicos que explican por qué se dio en Alemania y no en Norteamérica o Asia. En segundo lugar, el argumento de Bauman eleva en extremo la autonomía del sistema, siendo que el mismo hombre es quien lo creó y quien lo controla, a pesar de estar intervenido por unos pocos. Por lo tanto, se podría decir que Bauman se relaciona con la perspectiva de Russeau sobre el “buen salvaje” que luego es corrompido por un sistema que se tergiversa y se le escapa de las manos, se ve seducido por ideas de poder y jerarquía (burocracia). Pero lo que no considera es que si el hombre fuera tan bueno por naturaleza, nunca llegaría a crear algo que lo lleve a su propia destrucción.

            Por otro lado, la crítica que se le hace a Haneke es lo contrario, pues transmite una perspectiva pesimista de la sociedad generalizada, retratándolo en este pequeño pueblo alemán, superficialmente correcto y armonioso, pero realmente corrupto, abusivo y violento, donde hay encubrimiento con el fin de continuar un orden aparente pero con una dinámica implícita. Este pesimismo generalizado converge en cierto sentido con la crítica que se le hace a Bauman, ya que no puede ser generalizado si el tema en cuestión sucedió en un espacio y tiempo determinado. Es decir, debió haber existido otro tipo de sociedad que no tuviera el mismo fundamento para lograr detener en algún punto el Holocausto. En otras palabras, el pesimismo de Haneke es un pesimismo injustificado, dado que, para que exista el mal, debe existir necesariamente por contraposición, el bien. El mal observado en la sociedad que estuvo involucrada en el Holocausto no fue una conspiración global sino, dentro de toda la diversidad cultural que existe en el mundo, existió una cultura que contingentemente dio origen al suceso más cruel y deshumanizador de la historia del hombre. Siguiendo el argumento de Haneke y Bauman, nada nos protege o asegura que no suceda lo mismo y se vuelvan a gestar dichas condiciones contingentes que una vez se dieron. Sin embargo, está el otro lado de la moneda: si en un lugar del mundo está sucediendo el mal, existe otro lugar donde no lo está. Es importante resaltar la diversidad cultural que permite que siempre exista una alternativa que pueda detener o aislarse de un evento como el tratado en el presente ensayo.

            A modo de conclusión, se observa que el Holocausto, como caso de estudio del mal, muestra las dos dimensiones destacadas en un inicio: la violenta y visible, siendo el exterminio mismo la epítome; y en segundo lugar, la invisible, traducida en todo el proceso de confabulación y planificación. No obstante, cuando nos preguntamos por el episodio o el factor que originó dicho horror, las respuestas se vuelven difusas. Por un lado, Haneke argumenta que el “Big Bang” del Holocausto sucede en la infancia de la generación que participa de éste, creciendo en un ambiente de abusos por parte de sus padres que luego replican en su adultez, con mayores niveles de alcance y cobertura. Por otro lado, Bauman, respaldado por el film de Young destaca que el origen se da a un nivel más macro gracias al desarrollo de la modernidad y como consecuencia, el aparato burocrático que permite hacer las cosas de una manera determinada. Si bien, ambas perspectivas las considero incompletas pues cada una aísla factores importantes, también presentan importantes puntos de vista extrapolables que dan para justificar lo sucedido. Pero esto no es suficiente para generalizarlo y explicar por qué se da en un lugar, con ciertas características y no en otro, además de existir alternativas que se salen del modelo que ambos plantean. Así, es difícil establecer un origen del mal como lo hacen los autores nombrados, ya que al tratarse de la historia, todos los eventos están relacionados; como la teoría de sistemas de Luhman, donde el sistema es autorreferente, es decir, para que éste se complejice, se basa en una actualización del mismo, por lo que el origen de un suceso siempre remitirá a otro.

 

Bibliografía

·         Bauman, Z. (1989). Modernidad y Holocausto. Madrid, Sequitur.

·         Haneke, M (2009). La cinta Blanca. Austria

·         Young, R (2007). Eichmann. Estados Unidos



Etiquetas:   Cine

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