. Sin embargo, este concepto puede ser más complejo de lo que parece, dado
que si bien se presenta de esta manera, también es posible identificarlo de
manera más escondida y disimulada. Hasta aquí, el mal pareciera tener dos
dimensiones; una visible o literal y otra simbólica o invisible, donde no
existe una completa separación entre ambas sino que actúan en conjunto,
complementándose. Esto se observa claramente en la película “La Cinta Blanca”
(M. Haneke, 2009), donde a primera vista se presenta un pueblo protestante,
respetable, sin embargo, esconde y gesta el mal por medio de cinismo y una
ceguera voluntariosa que se vuelve imposible de contener al momento en que el
mal florece en su dimensión observable con eventos desgarradores.
Por
otro lado cabe preguntarse por el origen del mal ¿Es el hombre naturalmente
bueno y luego corrompido por el sistema como bien argumenta Russeau, o acaso
éste lleva el mal intrínsecamente y se vuelve “un lobo para el hombre”, en
palabras de Thomas Hobbes? Quizás resulte ambicioso querer responder una
pregunta eterna y tan importante para la sociología como ésta, sin embargo,
podemos utilizar un caso de estudio para analizar el origen del mal: el
Holocausto. Según Zygmunt Bauman (1989), el Holocausto sería producto inherente
de la modernidad, por lo que esta corrompería al hombre. Pero, ¿Quién es el
responsable de la modernidad si no el hombre mismo? Según esta perspectiva,
Bauman tendría un análisis incompleto donde sobrevalora a la modernidad y le
quita responsabilidad al hombre en su naturaleza. Asimismo, la película
“Eichmann” retrata la teoría de Bauman al relatar las declaraciones del hombre
detrás de la “solución final” contra los judíos de Europa en 1942, poniendo
énfasis en la calidad burócrata de la modernidad, factor esencial para la
planificación y ejecución del Holocausto.
En
primer lugar, “La Cinta Blanca” es una historia que se sitúa en un pueblo
protestante al norte de Alemania (Eischwald) durante los años 1912 y 1913. A primera
vista, este pueblo parece una comunidad respetable, gente de bien, religiosos y
comunitarios, sin embargo, este orden aparente de a poco se ve amenazado por
eventos y sucesos crueles, crudos y violentos, generalmente por autores
anónimos. A pesar de ser frecuentes, los habitantes del pueblo parecen no
causar mucho revuelo. El filme es capaz de comunicar y retratar un pueblo en
capas, aparentemente solidario, tranquilo y honrado, pero se esconde un ámbito
crudo, donde se transmite un aire de misterio, mentiras y doble estándar. Entre
los sucesos se destacan maltratos y violencia a niños, abusos sexuales a niñas
y mujeres, actos vengativos y promiscuidad, disimulados tantos por niños como
por adultos a través del abuso de roles sociales; los niños se aprovechan de su
aparente inocencia infantil, el médico de su oficio y alto rango, el joven de
su calidad de hermano mayor y defensor de su padre y el pastor de su jerarquía
social y condición de patriarca. Es así como de a poco se va revelando el
verdadero carácter de este pueblo, donde Haneke, el director, hace una
proyección de este a la sociedad como una crítica. Según Haneke, el
comportamiento de los niños en Eischwald es un fiel reflejo de sus padres y
adultos, abusivos y represores, donde los tratos son transmitidos hacia las
demás generaciones, justificando de este modo el Holocausto. Para los ojos del
director, el origen de la sociedad que vive el Holocausto es unas cuantas
décadas antes de éste, donde los actores y autores de este violentismo crecen
en un ambiente con las mismas características, opresivo, cruel, abusivo, poco
tolerante, donde nace y se reproduce una idiosincrasia. En este marco, el
Holocausto se vuelve un episodio imposible de evitar, donde esta cultura del
cinismo y del abuso se desencadenaría en el horror que observamos hoy.
El
argumento de Zygmunt Bauman se relaciona en cierto sentido con el de Haneke.
Ambos tienen una percepción del Holocausto como un evento poco contingente, que
no pudo haber sido de otra manera. Por lo tanto, se vuelve imposible de evitar
pues la sociedad de ese entonces gestaba aquellos elementos que convergerían
necesariamente en el. Para Haneke son elementos culturales y sociales, pero
para Bauman (y es aquí donde ambos se diferencian) son elementos de la
modernidad, por lo tanto, elementos más globales, con una mayor fuerza e
inercia, dándole incluso mayor determinismo al Holocausto. La tesis de Baumann
se basa en la relación entre Holocausto y modernidad, donde el primero lo destaca
como el proyecto más violento de la civilización occidental originado por dos
factores esenciales de la modernidad: burocracia y tecnología. La burocracia se
describe como el sistema propio de la modernidad que busca maximizar la
eficiencia y sistematicidad a través de la obediencia ciega, donde el trabajo
se divide jerárquica y funcionalmente y los procesos se desligan uno de otro.
De este modo, la sociedad se organiza en una pirámide de jerarquía, siendo la
base la más masiva y a medida que se sube en ésta, disminuye la cantidad de
personas y aumenta la concentración de poder. Por lo tanto, la burocracia
transforma a la sociedad en una maquina funcional donde cada individuo es un
engranaje distinto que permite que el sistema se reproduzca y cada pieza de
esta maquina cumple una función específica. Así, la dinámica se vuelve
individualista y subordinada a la mayor autoridad, permitiendo desasociar la
responsabilidad moral con la responsabilidad técnica. Todos deben desempeñar su
función, independiente del plan general, la responsabilidad moral se logra al
solo cumplir con la responsabilidad técnica. En este sentido, se cae en una
amoralidad, donde la pregunta por la moral ya no es aplicable pues no existe
una moral intrínseca sino que se asocia al cumplimiento de funciones
individuales. Al ser esta la orientación principal de la sociedad, no cabe una
moral que entre en conflicto con la técnica, pues esta última se vuelve el
objetivo final y orientación moral. Así, la modernidad destaca una visión
técnica-instrumentalista, donde “el fin justifica los medios” y todos los
medios pueden ser usados como instrumento para dicho fin. Todo lo anterior
conduce a una deshumanización, dada la distancia social que se genera gracias a
la separación de etapas y procesos, todo se ve en términos instrumentalistas y
las relaciones sociales pierden fuerza, existen cada vez menos vínculos pues se
vuelven innecesarios y poco eficientes, todos se ven a si mismos como
engranajes de una gran máquina que avanza por inercia a pesar de la voluntad de
las personas, controlada por las autoridades.
Así,
Bauman llega al Holocausto como un genocidio moderno, destacado por su magnitud
(exterminio de aproximadamente 6 millones de judíos en Europa), la oposición
entre turba y burocracia, con el objetivo de alcanzar la “sociedad perfecta”
por medio de la extinción, revelando una ingeniería social sin igual. Bauman es
capaz de retratar claramente la dinámica que describe la modernidad y la
burocracia que presenta las semillas fundamentales y necesarias para el
Holocausto. El filme “Eichmann” (R. Young, 2007) plasma el argumento de Bauman
en una producción que muestra el proceso judicial que se le hace a la cabecilla
del Holocausto, Adolf Eichmann, donde tras ser capturado en Argentina, se lleva
a Israel para tomar sus declaraciones y poder llevar a cabo un correcto y fiel
juicio. Quien le aplica el cuestionario y analiza sus declaraciones es el
capitán Avner Less, funcionario de la agencia de inteligencia Israelí quien
descubre en medio del proceso que su padre había muerto en un campo de
concentración planeado por Eichmann. En dicho proceso, Avner intenta destapar
el argumento de Eichmann para así lograr enjuiciarlo correctamente, sin que se
pudiera salvar de ninguna condena. A lo largo de todo el filme, Eichmann se
defiende con el argumento que él sólo obedecía órdenes de Hitler, que nada de
lo que había sucedido había sido influencia o voluntad propia por lo que
intenta liberarse de las responsabilidades que se le atribuían. Avner,
aproblemado y consumido por este caso que se le es asignado, no se da cuenta
que él tiene el mismo fundamento de Eichamnn, pues en el momento en que su
esposa lo encara por no haberle contado de esta asignación que ponía en peligro
la seguridad de su familia, Avner responde que “una orden es una orden”,
remitiendo al aparato burocrático donde cada uno cumple su deber al realizar su
trabajo, asumiendo una jerarquía y determinación por parte de las autoridades.
Asimismo, Eichmann se describe como “sólo un oficial de transportes”,
nuevamente aludiendo al sistema burocrático, defendiéndose de toda
participación en el Holocausto y retratándose simplemente como un encargado de
logística.
Tanto
Bauman como Young apelan a la burocracia como determinante en del Holocausto,
el elemento que permitió que se cometieran atrocidades de un nivel y magnitud
nunca antes vistas. La crítica de Bauman, a diferencia de Haneke, radica en que aquellos elementos que
permitieron que se llevara a cabo el Holocausto, aún existen. La sociedad aun
se ordena por un aparato burocrático, cada vez más complejizado, donde se han
perdido los vínculos sociales y la eficiencia sigue siendo la orientación de
todos los procesos. Sin embargo, lo que Bauman sobrevalora es justamente este
aparato burocrático, pues al explicar el Holocausto en base a los elementos de
la modernidad, lo que hace es quitarle capacidad de agencia a las personas y reifica
un sistema que supuestamente se encuentra por sobre ellas, que tiene movimiento
y agencia propia, como una masa intangible que cobra vida y se vuelve cada vez
más perverso. Sin embargo, existen dos puntos a contrastar. Primero, el hecho de
que asuma que la violencia sin precedentes ejercida por parte de los Nazis en
la primera mitad del siglo XX se deba a una especie de nube sin control que nos
consumirá nuevamente sin darnos cuenta es una errónea generalización o
globalización. Cabe destacar que los eventos que acá se discuten se originaron
en Alemania y se expandieron a los países cercanos, sin embargo, situándose en
la misma época, modernidad y sistema burocrático, existió otra corriente que
logró detener todo lo que sucedía, sin que éste saliera del continente europeo.
Por lo tanto, el error de Bauman recae en aislar los elementos contingentes que
explican complementariamente lo sucedido. Si bien la modernidad propició que se
generara el Holocausto de una manera determinada, existen factores sociales, políticos
y económicos que explican por qué se dio en Alemania y no en Norteamérica o
Asia. En segundo lugar, el argumento de Bauman eleva en extremo la autonomía
del sistema, siendo que el mismo hombre es quien lo creó y quien lo controla, a
pesar de estar intervenido por unos pocos. Por lo tanto, se podría decir que
Bauman se relaciona con la perspectiva de Russeau sobre el “buen salvaje” que
luego es corrompido por un sistema que se tergiversa y se le escapa de las
manos, se ve seducido por ideas de poder y jerarquía (burocracia). Pero lo que no
considera es que si el hombre fuera tan bueno por naturaleza, nunca llegaría a
crear algo que lo lleve a su propia destrucción.
Por
otro lado, la crítica que se le hace a Haneke es lo contrario, pues transmite
una perspectiva pesimista de la sociedad generalizada, retratándolo en este
pequeño pueblo alemán, superficialmente correcto y armonioso, pero realmente
corrupto, abusivo y violento, donde hay encubrimiento con el fin de continuar
un orden aparente pero con una dinámica implícita. Este pesimismo generalizado
converge en cierto sentido con la crítica que se le hace a Bauman, ya que no
puede ser generalizado si el tema en cuestión sucedió en un espacio y tiempo
determinado. Es decir, debió haber existido otro tipo de sociedad que no
tuviera el mismo fundamento para lograr detener en algún punto el Holocausto.
En otras palabras, el pesimismo de Haneke es un pesimismo injustificado, dado
que, para que exista el mal, debe existir necesariamente por contraposición, el
bien. El mal observado en la sociedad que estuvo involucrada en el Holocausto
no fue una conspiración global sino, dentro de toda la diversidad cultural que
existe en el mundo, existió una cultura que contingentemente dio origen al
suceso más cruel y deshumanizador de la historia del hombre. Siguiendo el
argumento de Haneke y Bauman, nada nos protege o asegura que no suceda lo mismo
y se vuelvan a gestar dichas condiciones contingentes que una vez se dieron.
Sin embargo, está el otro lado de la moneda: si en un lugar del mundo está
sucediendo el mal, existe otro lugar donde no lo está. Es importante resaltar
la diversidad cultural que permite que siempre exista una alternativa que pueda
detener o aislarse de un evento como el tratado en el presente ensayo.
A
modo de conclusión, se observa que el Holocausto, como caso de estudio del mal,
muestra las dos dimensiones destacadas en un inicio: la violenta y visible,
siendo el exterminio mismo la epítome; y en segundo lugar, la invisible,
traducida en todo el proceso de confabulación y planificación. No obstante,
cuando nos preguntamos por el episodio o el factor que originó dicho horror,
las respuestas se vuelven difusas. Por un lado, Haneke argumenta que el “Big
Bang” del Holocausto sucede en la infancia de la generación que participa de
éste, creciendo en un ambiente de abusos por parte de sus padres que luego
replican en su adultez, con mayores niveles de alcance y cobertura. Por otro
lado, Bauman, respaldado por el film de Young destaca que el origen se da a un
nivel más macro gracias al desarrollo de la modernidad y como consecuencia, el
aparato burocrático que permite hacer las cosas de una manera determinada. Si
bien, ambas perspectivas las considero incompletas pues cada una aísla factores
importantes, también presentan importantes puntos de vista extrapolables que
dan para justificar lo sucedido. Pero esto no es suficiente para generalizarlo
y explicar por qué se da en un lugar, con ciertas características y no en otro,
además de existir alternativas que se salen del modelo que ambos plantean. Así, es difícil establecer un origen del mal como lo hacen los autores
nombrados, ya que al tratarse de la historia, todos los eventos están
relacionados; como la teoría de sistemas de Luhman, donde el sistema es
autorreferente, es decir, para que éste se complejice, se basa en una
actualización del mismo, por lo que el origen de un suceso siempre remitirá a
otro.
Bibliografía
·
Bauman,
Z. (1989). Modernidad y Holocausto. Madrid,
Sequitur.·
Haneke,
M (2009). La cinta Blanca. Austria·
Young,
R (2007). Eichmann. Estados Unidos