Ser solidarios.

¿Es la solidaridad una adhesión circunstancial a la causa de otros, como manifiesta el Diccionario de la Real Academia Española? Sin duda, lo es. Pero verlo únicamente así sería quedarnos con una sola visión y con lo racional del asunto: “2+2 es 4”.

 

. Pero verlo únicamente así sería quedarnos con una sola visión y con lo racional del asunto: “2+2 es 4”.
Varias definiciones apuntan a que esta solidaridad genera un sentimiento de unidad a partir del cual se busca una meta en común. Podemos decir también que es una capacidad del ser humano para sentir empatía por otra persona, “poniéndose en su lugar”, y ayudarla en los momentos difíciles.

¿Qué nos motiva a ser solidarios?

Los motivos pueden ser el altruismo, la suposición de que nuestra solidaridad volverá como un búmeran hacia nosotros si algún día la necesitamos, el sentirnos identificados con esa causa a la cual estamos aportando... pero quizás la motivación más fuerte sea la dignidad. La dignidad del otro y la propia. Porque, tanto quien se solidariza como quien recibe el objeto de la solidaridad, son seres que coexisten y merecen iguales dosis de dignidad. Bajo esa premisa, la solidaridad -si bien nunca debe reemplazar la responsabilidad de la gestión pública- apunta a dar una respuesta ante diversas causas irresueltas socialmente.

“La primera solidaridad con el otro empieza, pues, en hacer bien nuestro trabajo”. Y, con esa base, ya estamos obteniendo un resultado para nuestro propio beneficio y para el de los involucrados: el compromiso del bien común para la sociedad toda. El bien común para la sociedad toda, y la necesidad de vislumbrar una misma dignidad para todos, hace que veamos a la solidaridad como una acción necesariamente cotidiana, como una filosofía de vida, una bandera diaria de dignificación en un mundo ciertamente desigual y dividido.

No confundamos solidaridad con demagogia.

Ser solidarios es dar sin recibir. No es dar limosna, no se trata sólo de dar cosas materiales, no implica dar lo que nos sobra, ni dar esperando algo a cambio. Ser solidarios el brindarnos, comprometernos a revertir esa situación indigna de ese a quien estamos ayudando, más allá de desprendernos de algo material. Es romper los egoísmos: la ayuda que otorgamos es hacia un otro sin importarnos su origen, su pasado, su ideología política o su color de piel.

El ser argentino. 

La reciente tragedia ocurrida en la localidad de La Plata re-activó eso que “se dice”: el argentino es solidario. Ese individualismo -mezcla entre soberbio y canchero-, que nos define nacional e internacionalmente, queda debilitado cada vez que visceralmente nos adherimos a esa causa del otro: a esos damnificados con una tragedia, a esos abuelos sin techo, a esos niños sin alimento, a esa peña organizada por Aires de Juventud para recaudar fondos para los gastos médicos de Nacho... y así, innumerables situaciones con las que nos movilizamos.

Solidarizarnos organizadamente.

Existen en nuestro país numerosas organizaciones, algunas más anónimas que otras, que dedican su existencia no sólo circunstancial sino constante a sumarse a la causa de otros... a colaborar, a ofrecer recursos -tanto materiales como humanos-, a ocuparse de esas cuestiones que como seres sociales nos resultan justas, necesarias, e incluso imprescindibles, para la dignificación.

Red Solidaria, por ejemplo, comenzó a funcionar en manos de sólo 6 personas. Hoy, es un ícono en la Argentina. Como dicen ellos: “bastaba ese primer paso, bastaba ese deseo, esa emoción, esa voluntad que desencadenaría la acción”.

Muchas veces sentimos que nuestro aporte es realmente ínfimo y llegamos a desganarnos. En esos momentos tenemos que revivir constantemente en nuestras mentes y en nuestros corazones que si todos bajáramos los brazos, nadie sería solidario y no se podría trabajar por la dignidad de ningún desfavorecido.

"Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo" -Eduardo Galeano-.

Editorial de 1450 msnm (Tw: @1450msnm - Fb: 1450 msnm) del día 15 de abril de 2013.

UNETE



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