GOLPE DE EFECTO: último trabajo de Clint Eastwood como actor

Muy atractiva debió de resultarle a Clint Eastwood la historia de Golpe de efecto (Robert Lorenz, 2012) cuando por ella abandonó su promesa de no volverse a situarse delante de la cámara que hizo después de rodar Gran Torino (2008)  Dirigida por el que ha sido su discípulo y ayudante de dirección durante largos años - desde Los Puentes de Madison (1995) hasta Million Dollar Baby (2004)- la película sale enormemente beneficiada por la presencia del maestro, uno de los últimos iconos clásicos de Hollywood capaz de levantar con su carisma y talento cualquier proyecto. Sin él, estaríamos ante un amable, correcto, simpático y por encima de la media telefilm de sobremesa; un telefilm, eso sí, dirigido con la habilidad en el oficio de alguien que se toma muy en serio su trabajo y que es capaz de dotarlo de una perfección formal intachable. A nivel estético poco se le puede reprochar a este  historia deportiva ambientada en el mundo del béisbol en la que también tiene cabida el drama familiar y serios brochazos de comedia romántica.

 

.wordpress.com/wp-admin/serueda.wordpress.com/2012/05/19/esa-joya-llamada-gran-torino/" data-mce-href="serueda.wordpress.com/2012/05/19/esa-joya-llamada-gran-torino/" style="color: rgb(27, 139, 224); text-decoration: none;">Gran Torino (2008)  Dirigida por el que ha sido su discípulo y ayudante de dirección durante largos años - desde Los Puentes de Madison (1995) hasta Million Dollar Baby (2004)- la película sale enormemente beneficiada por la presencia del maestro, uno de los últimos iconos clásicos de Hollywood capaz de levantar con su carisma y talento cualquier proyecto. Sin él, estaríamos ante un amable, correcto, simpático y por encima de la media telefilm de sobremesa; un telefilm, eso sí, dirigido con la habilidad en el oficio de alguien que se toma muy en serio su trabajo y que es capaz de dotarlo de una perfección formal intachable. A nivel estético poco se le puede reprochar a este  historia deportiva ambientada en el mundo del béisbol en la que también tiene cabida el drama familiar y serios brochazos de comedia romántica.
La cinta narra la relación que se establece entre Gus Lobel (Clint Lobel), un veterano ojeador de béisbol que sufre una progresiva pérdida de visión, y su hija Mickey (Amy Adams), una abogada que irá descubriendo su pasión por el deporte a la que abandonó cuando ésta era una niña. El tercero en discordia es Johnny Flanagan (Justin Timberlake), amigo de Gus desde que dicho cazador de talentos lo descubriera y que, cómo no, vivirá una historia de amor con Mickey. Todo suena muy familiar, muy tópico, y en parte puede que así sea. En la, por otro lado, muy digna Golpe de efecto no hay (casi) nada realmente remarcable, exceptuando la actuación de Eastwood, que vuelve a resucita el espíritu de Walt Kowalski -su rol en Gran Torino-, tan cascarrabias e irónico como cabría esperar -algo que añade al film unas agradecidas notas de humor-, o escenas como la de la visita del protagonista a la tumba de su mujer; dos minutos, de serias reminiscencias a las propias Sin perdón (1992) o La legión invencible (John Ford, 1949), que constituyen la mejor escena del film. Lástima que el resto de la película no alcance el tono épico y atronador de la misma. 

Con todo, Golpe de efecto es una amable película de emociones, de sentimientos reencontrados, campo en el que la película expone sus buenas intenciones. Dirigida con inusitada clase, también se le agradece el reivindicar una figura tan obsoleta en estos tiempos como la del cazatalentos en estado puro, aquél situado en las antípodas de la vorágine actual, donde todo funciona de forma precipitada y a base de talonario. Gus, un entendido en el oficio, nos demuestra que los datos introducidos en un ordenador no aportan ni la milésima parte que le proporcionan su propia intuición, su propio olfato. Una práctica cocinada a fuego, basada en la observación minuciosa de su objetivo, pero altamente eficaz. Por tanto, que nadie se engañe: no es una película sobre deporte, ya que  que éste tan sólo es la mera excusa de la que se sirve el director para trazar su tejido sentimental, un algo tópico -pero digno- carrusel de emociones en el que la nostalgia o el reencuentro nunca dejan de latir. 

Aunque queda a años luz de la mayoría de películas dirigidas por el incombustible maestro, sería inútil negar que Golpe de efecto se ve con agrado. Además, tiene ritmo, entretiene, sus localizaciones son más que correctas y alguna línea de guión por encima de la media. Lástima que en sus últimos minutos el film se deslice hacia uno de los desenlaces más previsibles, artificiosos y falsamente perfectos que recuerde un servidor. ¿Dónde quedó el desgarro, la épica o el poso de melancolía a las que nos tenían acostumbradas las últimas obras de Eastwood? Sí, ya sé que aquí sólo ejerce de actor, no de director, pero Lorenz podría haberse dejado asesorar por él y evitar unos diez minutos finales catastróficos. Con todo, Golpe de efecto es una cinta socarrona, inofensa y, sólo a ratos, sorprendente. Los que no son fans de Clint Eastwood la disfrutarán; el resto quedará conocerán el sabor de la decepción. 

Pd: sirva esta crítica como homenaje y afectuoso recuerdo al que, quizá, haya sido el mejor doblador de cine en España: Constantino Romero. Desconozco si actores como Eastwood seguirán haciendo o no películas pero, de hacerlas, ya no sonarán como antes.  DEP.

UNETE



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