. Uno de los objetivos que tienen para las partes interesadas, o casi el único, es el enredo y el despiste. Las encuestas que se promueven durante las campañas de un proceso electoral son distintas, al menos cumplen una determinada función, la de otear previsiones, tendencias y posibilidades de los partidos concurrentes. En estos casos pueden tener alguna utilidad para adoptar medidas, tanto en un sentido como en otro.
Lo que verdaderamente carece de interés son los sondeos de intención de voto que suelen realizar algunos medios de comunicación a lo largo de la legislatura. No tienen ninguna relevancia. Lo mismo da que digan so o que digan arre. Al final no resuelven ni aclaran nada trascendente. Por ejemplo, que una encuesta avance que el PP perdería ahora la mayoría absoluta y que al PSOE se le acerca IU, carece de interés en este tiempo del partido. Quizás sirva de estímulo a los políticos afectados para cambiar discursos y estrategias, pero sin más consecuencias. En cada momento ellos mismos son conscientes de la situación que tienen por los tanteos que realizan.
Cuando leo o escucho que, en caso de celebrarse en estos momentos las elecciones, el PP perdería la mayoría absoluta, me da la carcajada. Además me pasmo por la sorprendente, novedosa y talentuda conclusión. Por el importante descubrimiento. Lo raro, lo ilógico, lo anormal sería que los resultados de un sondeo dijeran lo contrario. O sea, que mantendría los mismo resultados de hace año y medio. Siempre se dice que el gobernar desgasta, pero mucho más se acelera el desgaste de gobernanza ante una situación caótica, de crisis, de paro y de miseria con la que se encontró el Gobierno de Rajoy. Y si a todo eso se suman las medidas agresivas aplicadas a nuestros bolsillos, los índices de desconfianza y de rechazo se revolucionan.Sorprende escuchar los cantos de sirena que entonan algunos opinadores al analizar los resultados de los sondeos publicados. Dan por hecho con absoluta rotundidad que el PP no volverá a gobernar porque “lo dicen las encuestas….” sentencian de forma bobalicona. Estos ilustres papanatas no reparan que el tiempo del partido no ha llegado aún ni a la mitad reglamentaria y que aún queda mucho recorrido hasta el final. Si en esa segunda parte el rumbo no se encarrila, no hace falta ningún tipo de encuesta. El resultado está cantado por la deriva del barco.Pero, ¡ah monín como en el tiempo que resta el rumbo se enderece, la crisis respire sin jadeos, y el trabajo recupere energía! Entonces el ánimo de bastantes sufrirá congestión. El disgusto será grande. Pasarán malos tragos. Achacarán la recuperación a agentes externos y, una vez más, quedará demostrado que el goteo de sondeos sobre intenciones de voto no han servido para nada. Sólo para enredar, para entretener, para despistar.