. Hasta ahora casi todos se limitaban a mirarse al ombligo y a echar la
culpa a los demás. La Junta de Herrera Campo nunca tenía culpa de los malos
datos y siempre echaba balones fuera. En la época de los gobiernos de Rodríguez
Zapatero tiraban a dar al leonés, nacido en Valladolid, pero ahora que gobierna
el Partido Popular a nivel nacional, no queda otra que ser humilde.
Lo
curioso del caso es que quien ha reconocido que los datos de la Encuesta de
Población Activa son “malos” ha sido el consejero de la Presidencia y portavoz
de la Junta, José Antonio de Santiago-Juárez. Pero, claro, no todo iba a ser
puro y duro reconocimiento; por eso no ha sido capaz de reconocer la dramática
situación a la que se enfrenta Castilla y León: con una tasa de desempleo del
22,7% no es para lanzar cohetes y mucho menos para salir diciendo bravuconadas.
Cuando
una comunidad como Castilla y León es la más envejecida del Estado, la que más
empleo ha destruido en los cinco últimos años, la que menos empleo nuevo crea,
la que más universitarios ‘exporta’ y la que recibe población con menos
formación,… entonces sí tiene esa comunidad una situación de “emergencia
social”. Puede decir José Antonio lo que considere oportuno, pero a Castilla y
León le llega el agua al cuello en muchos ámbitos: educación, sanidad, fomento,
infraestructuras, industria y un largo etcétera.
El
hecho de que España tenga una tasa de desempleo superior a Castilla y León no
es motivo para mirar al tendido y mucho menos al alero. Y si esta comunidad
debe estar muy preocupada por los datos de la EPA, no menos debe estarlo el
Estado con ese casi 28% de tasa de desempleo. No vale jugar con datos e
intentar buscar uno peor que el existente en cada momento: esa es una
estrategia muy vieja de la Junta. Así le cubre el pelo.
La
ciudadanía está harta de justificaciones por parte de la clase política. Esa
casta ha sido quien nos ha traído la crisis por su mala cabeza y peor gestión.
No hay más que echar una ojeada al Parlamento nacional para comprobar cómo se
vejeta y no se mira por el bien ciudadano sino por los intereses particulares
de ‘sus señorías’, aunque me sale del alma llamarlos de otra forma. Y no
digamos si miramos a los parlamentos autonómicos; entonces sí que encontramos
cómicos a decenas. Recuerden la última escena presenciada en el Parlamento
gallego y cómo la izquierda radical y pendenciera mancha sin pudor la imagen de
Galicia. ¡Ellos pasan de imagen, de futuro, de dignidad y de coherencia!
Puestos
a comparar datos sobre dramatismo, incoherencia y pobreza, al consejero José
Luis le ha faltado tiempo para poner como malos ‘alumnos’ y peores ejemplos a
Andalucía y Extremadura. Es lo que decíamos antes: buscar un ejemplo que sea
peor que el actual, incluso hacer uso de porcentajes para que la ciudadanía no
se entere y no vea clara la ruina que nos han traído.
Nuestra
reforma laboral no va orientada hacia la creación de empleo; ahí están las
pruebas y el aumento del paro. Otra cuestión es lo que dicen los políticos para
justificar su nefasta gestión y su peor organización. Estamos pendientes de una
reforma estructural de calado, pero Rajoy no se atreve a coger al toro por los
cuernos: parece que se conforma con los chascarrillos de Montoro, la cara de
susto del ministro De Guindos, las barbaridades de Báñez y la desorientación de
Gallardón, por no seguir calificando a otros ministros.
Está
claro que las medidas adoptadas por el Gobierno no benefician la generación de
empleo. Mariano Rajoy está en una encrucijada y no le va a resultar fácil salir
de ella. También es verdad que se encontró con un socavón inimaginable. Un
socavón que hizo quien se marchó de rosita tras haber demostrado una
irresponsabilidad inusual: Rodríguez Zapatero.
Jesús
Salamanca Alonso