. Todos los días alguien renuncia a algo en alguna parte del
mundo, pero por no ser importante para los demás pues no trasciende. La
renuncia no siempre es mala aunque se le relacione con ello.
Hay renuncias
dignas e indignas, necesarias e innecesarias, requeridas y urgentes. En fin
cada quien la califica como le da la gana y según convenga a sus intereses y
circunstancia.
Renunciar en el
sector público es algo muy común por diversas razones. Cambio de puesto para
mejorar, despido por política, retiro voluntario y algunas formas más que
adornan las salidas de gente mayormente no calificada para desempeñar sus
responsabilidades.
La incapacidad,
ineptitud, deficiencia son cualidades muy comunes en los servidores públicos
mexicanos. Pero desgraciadamente puede más el cinismo, la soberbia, la
pedantería, la simulación que la dignidad para reconocer los defectos.
Hablar de la
renuncia digna es lo más sabio en este caso. Aunque usted no lo crea que esta
enaltece, eleva, satisface al ser humano. Reconocer los alcances y limitaciones
de cada uno nos hace ver con claridad el nivel de incompetencia que todos
tenemos.
Créanme es muy difícil
hacer lo que no se sabe, pues si lo hace siempre sale mal y todo se revierte.
Sabedores de la modernidad hablan en tiempo pasado.
La mayoría de la
clase política se solapa unos a otros. Todos adolecen del mismo mal aunque sean
de diferente ideología, partido o color. Con el dinero publico juegan pero su
juego y no permiten que otros tengan la oportunidad mínima de entrar a servir
con convicción real.
Con ese dinero
nadie juega, excepto ellos. No podemos medir la incapacidad del hombre público
pues si demuestra que es capaz, se busca su despido o renuncia.
Se hace por las
buenas o por las malas. La gente pensante estorba al progreso público, permite
que la mediocridad siga siendo la ciencia del subdesarrollo.
Una renuncia digna
no necesariamente es la de más alto nivel. Puede darse en muchos, solo cambia
la cobertura y de ahí nace su importancia. Claro no podemos olvidar que un
hombre que detenta un cargo público tiene una mayor responsabilidad ante sus
gobernados.
Un político de alto
nivel que renuncie a su cargo por razones de incompetencia es solo milagroso.
Nadie hasta ahora ha enfrentado la incompetencia y hacerse cargo integro de
ella. Al contrario se busca la excusa más adecuada para dar la vuelta a las torpezas
pensando que el pueblo es tonto.
La renuncia digna
está reñida con la demagogia y el engaño, practicas muy socorridas por esta
fauna cada vez más abundante. Hay ejemplos muy antiguos que son muy
aleccionadores en este sentido.
La renuncia digna nace
de la persona que la origina y nunca del jefe o del mando inmediato. Esa tiene
miles de aristas falsas que tienen su origen en el que miente a sí mismo. No se
da cuenta que esta da tranquilidad, serenidad, claridad de pensamiento.
Alarga la vida pues
te lleva a tu lugar apropiado, al que verdaderamente perteneces. Si todos los
seres empezáramos por enfrentar la renuncia a los vicios de la mediocridad, el
país será otro, la tranquilidad viene sola y gradualmente.
Todos y cada uno en
su lugar, al que corresponde, sin mitos, espejismos ni sueños imposibles. Una
forma de saberlo esta en tu interior, la conciencia te lo grita y tu corazón lo
siente.
Te vuelves más
justo contigo mismo y vives más sereno lo que te toque vivir.
El predicador
económico.