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Los comicios en Venezuela: la noche de seis años


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03/05/2013

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La noche previa a las últimas elecciones presidenciales en la República Bolivariana de Venezuela, una dirigente opositora, invitando a sus conciudadanos a votar, definió magistralmente el evento electoral como “el día que duraría 6 años”. Debo iniciar por esta premisa: no había forma en que el candidato de la coalición opositora Mesa de la Unidad, Henrique Capriles, ganara esas elecciones en buena lid. Voy a desarrollar el porqué.


Cuba. El Gobierno cubano hizo padecer a su pueblo del denominado “Periodo Especial”. Esta fue una debacle en todos los órdenes del Estado cubano provocada por la caída de la Unión Soviética. De 1990 a 1997, los cubanos sufrieron todo tipo de racionamientos y privaciones, a niveles que en nuestros países serían causa de la caída del gobierno de turno. El Gobierno comunista logró salir del mismo lentamente, a través de aperturas dirigidas a promover el turismo y finalmente con la llegada del teniente coronel Hugo Chávez al Gobierno venezolano.

Casi 50,000 cubanos trabajan hoy en Venezuela en los programas de asistencia populista denominados “Misiones”, invento del régimen cubano y puesto en práctica por el gobierno chavista para ganar una clientela política permanente. A estos hay que sumarles sus familias y otros asesores militares cubanos que viven por largos periodos en territorio venezolano. A ellos, a diferencia de los que están en la isla de forma permanente, se les permite realizar viajes de turismo a otros países y utilizar sus divisas pagadas por el país petrolero como lo consideren, lo que permite aliviar el descontento social mayor al que podría verse sometida la cúpula castrista por su pueblo.

Y si sumamos la posibilidad expansionista, claramente visible en países como Nicaragua y Bolivia, así como de manera más disimulada en Argentina, Uruguay, Ecuador, varias islas del Caribe y más recientemente Perú, así como los intentos fallidos en Honduras y Paraguay, veremos que no tiene sentido que el Gobierno cubano, ya aleccionado del error vivido en el pasado con los soviéticos, hace que el buen analista se pregunte: ¿porqué dejarían al voto libre y directo la suerte de su dictadura?

La otra razón por la que Capriles no podía ganar por las buenas es porque hace mucho tiempo el chavismo no era Hugo Chávez solamente. Toda una cúpula de personajes disfrazados en una ideología en la que no creen ni entienden han conformado una verdadera mafia, donde lo más importante es no perder el poder. En el camino han encontrado la forma de convencer a la oposición venezolana a seguirles el juego y legitimarlos.

Para 1992, luego de los intentos de golpe de Estado y el “caracazo” de 1990 en Venezuela, ya esta sociedad había tocado fondo en un tema que ahora pocos entienden: el odio de clases. Los políticos de entonces, que siempre respondieron al empresariado venezolano, sumado a la incapacidad de los militares de la época, más interesados en la corrupción que en formar un ejército disciplinado, dieron origen a la llegada al poder de quien tenía entre sus propósitos de vida perpetuarse a costa de lo que fuera.

No me cabe duda de que Chávez perdió las elecciones de octubre pasado y Maduro las más recientes. Pero luego de lo que les he explicado, que la oposición no entienda que solo tiene dos opciones para sacar a la cúpula chavista del poder me parece ingenuo y hasta irresponsable.

La primera opción era participar en las elecciones y denunciar, con la población en la calle, el fraude electoral. Fue desolador ver cómo se perdió la oportunidad opositora de octubre. Lo peor es que, mejor asesorado, Capriles endurece su discurso electoral y logra finalmente motivar a la población a salir a la calle, pero en vez de encabezar el movimiento, le pide a sus electores que vuelvan a sus casas. Opción perdida.

La otra opción es que se verifique un rompimiento interno y que este venga acompañado por un malestar en la propia base del chavismo, impulsado por una previsible crisis económica, acompañada de una caída en el precio del barril de petróleo. Para que esto funcione, los sectores opositores deben iniciar la recomposición del liderazgo opositor, con personas con mayor malicia y que entiendan que se juegan el futuro de su país a largo plazo.

Lo que viene dentro del chavismo será muy parecido a la época militar en Panamá: una cúpula cívico-militar pondrá y quitará presidentes títeres según la conveniencia del momento.

Si algún día la república Venezuela vuelve a la normalidad democrática, Capriles será de seguro presidente. Bajo las condiciones actuales, el día de seis años podría durar varias décadas más, lamentablemente.



Artículo publicado el 2 de mayo de 2013  en el diario El Panamá América

Etiquetas:   Elecciones   ·   Política

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