Venezuela: la hora más oscura

Para millones de personas que no creyeron o dejaron de creer en el proyecto revolucionario instaurado por el fallecido Hugo Chávez, la solución a la crisis causada en todos los ámbitos del país pasaba por su salida del poder.  Y salió, a su pesar, pero la crisis sigue allí, tan arraigada que ya parece autóctona. La sujeción de todos los poderes públicos a la causa bolivariana ha borrado los límites entre Estado y gobierno, y todas las cabezas que están a cargo de las instituciones fundamentales (Asamblea Nacional, Fiscalía, Defensoría, Procuraduría, Contraloría, Tribunal Supremo de Justicia, el poder Electoral y ministerios) lo saben, lo aprovechan y con un cinismo inconmensurable lo recalcan.  No hay en Venezuela ninguna investidura que conserve su dignidad, mucho menos su autonomía.

 

.  Y salió, a su pesar, pero la crisis sigue allí, tan arraigada que ya parece autóctona. La sujeción de todos los poderes públicos a la causa bolivariana ha borrado los límites entre Estado y gobierno, y todas las cabezas que están a cargo de las instituciones fundamentales (Asamblea Nacional, Fiscalía, Defensoría, Procuraduría, Contraloría, Tribunal Supremo de Justicia, el poder Electoral y ministerios) lo saben, lo aprovechan y con un cinismo inconmensurable lo recalcan.  No hay en Venezuela ninguna investidura que conserve su dignidad, mucho menos su autonomía.
La Presidencia de la República está ocupada por un sujeto cuya legitimidad está seriamente cuestionada, no solo por las irregularidades ya denunciadas sobre el proceso de votación y el escrutinio de votos, sino porque perdió en cuestión de días más de 700 mil seguidores de la causa chavista, que decidieron sufragar a favor de su contendor, Henrique Capriles.  Pero esa ilegitimidad viene de atrás, cuando fue impuesto como presidente encargado a la muerte de Chávez, cuando según las leyes venezolanas esa función debía ejercerla el presidente de la Asamblea Nacional.  Se trató de una decisión al estilo monárquico (donde el rey nombra sucesor) en una nación que se jactaba de ser una de las democracias más sólidas de América Latina.

Impugnada la elección presidencial, el poder electoral venezolano no solo apremió la proclamación del candidato bolivariano sino que no ha sido capaz de avalar la transparencia de un proceso comicial, al resistirse a canalizar y facilitar la solicitud formal de recuento de votos. Por fin, después de negar ese derecho legítimo en reiteradas ocasiones, se dignó a ofrecer una auditoría pero solo en sus términos, lo que tampoco garantiza la revisión diáfana del proceso.

Cuestionada la elección presidencial, el presidente del parlamento le niega el uso de palabra a aquellos diputados que, en todo su derecho, se mantienen firmes en no reconocer como presidente de la República a quien consideran ilegítimo (ver video), y además se cruza de brazos cuando diputados de su partido muelen a puñetazos y patadas, dentro del mismo recinto legislativo, a los parlamentarios de la oposición (ver video).

Cuestionada la elección presidencial, la ministra de Asuntos Penitenciarios no solo amenaza con cárcel al líder opositor Henrique Capriles, sino que además afirma que “la oposición se merecía sus coñazos” (ver declaraciones).

Las palabras y las acciones de quienes detentan el poder en Venezuela no solo evidencian el descalabro de la institucionalidad, sino que además demuestran que el poder absoluto ejercido durante catorce años por un solo hombre, hoy se encuentra repartido en las manos indolentes y arrogantes de quienes se dicen herederos de su causa y sienten que es su momento de erigirse en dueños de su parcela de poder.  Hasta el fallecimiento de Hugo Chávez, quienes no creyeron o dejaron de creer en su proyecto revolucionario pensaban que él era el rival que debía vencerse, pero su desaparición física solo ha propiciado una multiplicación de sus peores atributos entre las cabezas de su entorno.   

Ver video de declaraciones del diputado Julio Borges, luego de ser agredido en la sede de la Asamblea Nacional de Venezuela

UNETE



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