Si Dios no existiera habría que inventarlo. Por mera necesidad humana. Y es que, por muy ateo que uno sea, existe una innegable dimensión espiritual en el Hombre. Este hecho, mal que bien, nos ha ayudado como especie, (por cierto, una especie animal, ¿por qué negarlo?) a llegar adonde hemos llegado. Tampoco sabría yo decirle dónde se supone que hemos llegado, pero en fin. Esa sería otra discusión. Si nos paramos brevemente a pensarlo, la idea de Dios, o Dios mismo, si es que se es creyente, nos ha configurado, contribuyendo necesariamente a que seamos tal y como hoy en día somos. La idea de Dios, o Dios mismo, ha funcionado siempre como el palo y la zanahoria delante del hocico del burro. Nos ha empujado a aspirar a ALGO MÁS GRANDE QUE NOSOTROS MISMOS.



