Como que a la comentocracia nacional en Mèxico le hace "cus-cus".
Como que a la comentocracia nacional en Mèxico le hace "cus-cus".
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Entre la comentocracia nacional ha flotado la cosquilleante pregunta de cómo explicar un fenómeno como el de Hugo Chávez en Venezuela, pero como que le sacan al bulto y no se atreven a entrarle al análisis ni a llamar a las cosas por su nombre. La verdad es que no es tan difícil comprender qué es lo que sucede, en todo caso el problema sería aceptarlo y difundirlo como tal porque está muy peliagudo soltar a boca de jarro el hecho de que la gran mayoría del pueblo es analfabeta o cuando menos analfabeta funcional, es decir, que sabe medio leer y escribir lo básico pero que no maneja lectura de comprensión, y mucho menos acostumbra zambullirse en el basto y diverso mundo de la literatura o de cualquier otro tema. Resulta que en el no tan lejano año de 1955, hace apenas 58 años, lo que hoy en día han dado en llamar "La República Bolivariana de Venezuela" tenía poco más del 70% de analfabetas, un porcentaje exageradamente alto que convierte a ese pueblo en una masa muy fácilmente manipulable y maleable. Así pues, cualquier mediocre y mugroso microbusero (espero que no se note mucho el que no tengo en muy buen concepto que digamos a los microbuseros) medio analfabeta con cinco centavos de saliva barata, mal articulada y peor presentada, aunque atractiva para el pueblo, puede engañarlo de lo lindo con el burdo y torpe cuento de que mientras dormía se le apareció el recién finado líder en forma de un pajarito rojo y le transmitió mensajes sobre la forma en la que debía conducirse al país. También se pueden aventar la puntada de decir que el citado dictadorzuelo influyó, “desde el Cielo”, en la elección del Papa Francisco. No se ha visto hasta ahora que en un país como Finlandia con un promedio de lectura de 75 !Sí! 75 libros por año per cápita, es decir por mollera, político, empresario o persona pública alguna haya intentado salirle al pueblo con un cuento medianamente parecido. Ya me imagino cómo le iría al pobre loco que lo intentara, pero en Venezuela, país mayoritariamente iletrado e inculto (para todo fin práctico) se puede decir tranquilamente eso y mucho más. !Vamos! No vayamos tan lejos, aquí en nuestro México, un Jefe de Gobierno Capitalino, torpe y mentiroso, pudo afirmar tranquilamente en su conferencia de prensa matutina (mientras estuvo en el poder) que se estaban realizando gestiones para comprar al equipo de béisbol de Primera Liga, Los Azulejos de Toronto, cuando ni los propietarios del equipo tenían el menor interés en vender ni existía contacto o gestión alguna para ello, construir una costosa e inservible ciclovía con unas subidas y bajadas que ni los más experimentados profesionales del ciclismo podrían abordar ni de broma sin cuando menos romperse la maceta o de plano matarse, asegurar que Carlos Salinas de Gortari, el villano favorito de aproximadamente la mitad de los mexicanos, a casi ya 20 años de haber terminado su sexenio y terriblemente no golpeado, sino vapuleado por su sucesor, el Dr. Ernesto Zedillo Ponce de León, continúa moviendo los hilos del poder en México tras bambalinas, también puede decir, sin rubor alguno, que se opone a que particulares mexicanos refinen gasolinas que en un 80% les tenemos que comprar a las grandes transnacionales norteamericanas (propiedad de particulares por cierto) o cualquier otra estupidez que se le ocurra y nuestro pueblo le aplaudirá ciegamente defendiendo a capa y espada todas y cada una de sus patrañas. Y qué decir de nuestra actual mentira preferida; se nos presenta, una y otra vez, una "reforma educativa", ya elevada, con bombos y platillos, al rango constitucional con el apoyo de casi todas las "oposiciones" cuando no está ni siquiera elaborada la ley secundaria que le dé respaldo ni forma de instrumentarla, los maestros y directivos escolares tengan siquiera una vaga idea sobre sus contenidos y alcances, muchísimo menos esté ya operando en los salones de clases. Con todo, nos tragamos tamaña pildorota completita sin siquiera atrevernos a cuestionar ni el "A, B, C".