. Pensando en la realización de prospectiva del futuro nos preguntamos
si este último es posible de construir en un país atrapado en certezas y que
olvida todo cambia. Tampoco podemos dejar de recordar que esas certezas de los
observadores les vienen de la posición en que miran al objeto país y que la
narración es sólo eso, la instrumentación de las técnicas para hacer posible el
trascurso del relato.
Si vemos sólo lo
que queremos ver, cada uno encerrado en sus certezas equivalentes a ficciones,
viviremos en un eterno presente. Si no es posible mover a los observadores será
igualmente imposible una actualización de las miradas con el consecuente
enterramiento en un presente continuo. Queremos señalar como imposible la
prospectiva del futuro si no se sale de la mirada rutinaria.
La mejor manera
de construcción del futuro es alimentar el presente con él. Nadie pide la
sustitución de una ficción por otra. Lo que se requiere es hacer de la mirada
una complejidad de interacción. Si nos sentamos en las creencias sin dotarla de
visión el presente se asienta y el futuro se torna esquivo. Michel Foucault los
llama ‘sistemas de transformaciones”. Prospectiva es una manera de mirar a lo
lejos y de lejos. Quiere decir que la
búsqueda del futuro no pasa por un análisis de las evoluciones posibles del
presente sino por conjeturarlo. La determinación de cómo llegamos al presente
es la primera pregunta, lo que se denomina retroceso retrospectivo hasta
arribar a un retroceso prospectivo que determina, vía imaginación, la
posibilidad de lo que viene.
En términos
heredados de la tecnología se puede hablar de “gestión de la innovación”. En
ese campo encontramos expresiones tales como aquella que indica que la mejor
manera de predecir el futuro es creándolo uno mismo. Nadie pretende que esta
inerme sociedad venezolana olvide el presente. Lo que nos permitimos recordarle
a esta sociedad venezolana es que encerrada en el presente se ha olvidado de
pensar el futuro y, en consecuencia, ha contribuido a eliminar lo político,
pues el futuro es una construcción eminentemente política.
La mirada sobre
el presente tiene que provenir del futuro. El político que mire el presente
desde el presente perdió la capacidad de soñar, pues no podrá influir al
presente hacia una transformación y constitución del mañana. Si no se tiene la
visión del futuro toda actuación sobre el presente no es más que un
enterramiento de la estaca en el mismo lugar con el único cambio del creciente
hundimiento de la estaca.
Volvemos a
Foucault cuando nos reclama percibir la singularidad de los sucesos escapando
de toda finalidad monótona. Quizás podríamos alegar que debemos captar el
futuro como su retorno e ir entonces a todas las escenas y a todos los roles
posibles, definiendo incluso las ausencias (puede leerse en la praxis política
como el fracaso en haber alcanzado los objetivos propuestos) porque determinar
lo que no ha tenido lugar es esencial para definir el futuro, uno visto
correctamente como una construcción para poder decidir en el presente.
La sociedad
venezolana está centrada en el cortoplacismo, entendible por la gravedad de los
sucesos que vive cotidianamente. Uno de sus problemas es que el liderazgo
tampoco encuentra tiempo para superar lo omnipresente, aunque prevalezca, hay
que admitirlo, su falta de talento. Han olvidado que sólo la mirada desde el
futuro hace posible la modificación del presente porque sabiendo lo que se
quiere los textos ficcionales del presente se modifican hacia un relato
pendiente de ser convertido en realidad mediante la acción de lo político.
@teodulolopezm