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El rapto de Europa II


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20/04/2013


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En las últimas semanas se empiezan a escuchar voces que plantean la posibilidad de que Alemania abandone el euro, dicho de otra manera, ahora en forma de pregunta ¿Es posible un euro sin Alemania? Según parece, para algunos analistas políticos, esta es una opción que se puede empezar a considerar, teniendo en cuenta que Alemania está siendo la rémora del crecimiento europeo, con sus imposiciones de reducción del déficit aun a costa del decrecimiento económico en la mayoría de la zona euro. Contención del déficit para asegurarse que los Estados, sobre todo del sur de Europa, puedan pagar la deuda creciente que han ido acumulando con la banca alemana. Se trata pues de garantizar que sus bancos van a seguir haciendo caja, asegurándose el cobro de lo prestado, que a la vez es dinero puesto a su disposición por el Banco Central Europeo. De ahí que el gobierno alemán se niegue tozudamente a que el BCE puede actuar como un verdadero banco central, prestando directamente a los Estados, lo que reduciría notablemente el pago de intereses de esta deuda, eliminando, prácticamente la prima de riesgo, que ahora sube y baja en función de los intereses del gran capital y la banca, principalmente alemana. Para ser más explicito, si el BCE presta a los bancos al 1% de interés y estos prestan a los Estados al 4 ó 5%, existe un gran negocio que solamente está beneficiando a la banca, a costa del esfuerzo fiscal de los ciudadanos europeos, que ven como sus impuestos van a parar, en gran medida, a las arcas de los grandes bancos, mientras se imponen drásticos recortes en el estado de bienestar y se sume a la población en el paro, los bajos salarios y la pobreza.


            Pero aunque nos suene muy bien la música de culpabilizar a Alemania de todos nuestros problemas (en una Europa en descomposición empezar a buscar enemigos externos, o chivos expiatorios de nuestros males, es el principio lógico del nacionalismo, del que todavía no hemos sabido desprendernos), no deja de ser un canto de sirena al populismo más rampante, obediente de intereses que distan mucho de una Europa fuerte y unida. El Estado alemán no es el gobierno de Merckel, y a pesar de que nos venden Alemania como el nuevo dorado europeo, la mayoría de su población no está siendo beneficiaria de la política de nuevo colonialismo financiero que su gobierno está aplicando. Un ejemplo: los bajos niveles de desempleo en Alemania tienen que ver con los minijobs, un modelo de explotación capitalista que supone cobrar como máximo 450 € al mes, que afecta a casi ocho millones de trabajadores excluidos de cotizar a la Seguridad Social, es decir, expulsados del sistema de previsión social, lo que supone un mayor empobrecimiento en la vejez, al no tener derecho a pensión o ver disminuida ésta drásticamente. Además los minijobs están empezando a sustituir trabajo regular, porque resulta mucho más económico para el empresario. La Alemania que está explotando Europa tiene 16 millones de ciudadanos que están por debajo del umbral de la pobreza (1 de cada cinco alemanes), mientras en los últimos años se ha pasado de un 45% de alemanes que tenían más de la mitad de los bienes patrimoniales del país, al 10% en la actualidad. Es evidente que mientras la riqueza del país está siendo acaparada por un grupo cada vez más reducido de población, al pobreza se extiendo por toda Alemania afectando a un número creciente de personas.

            No es Alemania el problema de Europa. Quienes están destruyendo el estado de bienestar como seña de identidad de la construcción europea, y sumiendo a su población en la pobreza y la exclusión, son los nuevos gurús del neoliberalismo capitalista más brutal que hemos conocido en el continente durante los últimos setenta años. Por eso no debemos dejarnos embaucar por la nueva derecha europea y sus medios de comunicación afines, en busca de falsos chivos expiatorios de nuestros problemas; para nosotros en la soberbia y rapiña alemana, y para ellos en el despilfarro del sur de Europa. Esto es falso; los que  nos han conducido a esta situación son los gobernantes europeos: los de la Comisión, el BCE, y los de cada uno de sus países miembros, todos ellos pertenecientes al mismo club ideológico, que están destruyendo Europa. Unos por acción, otros por omisión y otros por cobardía de no enojar al gran capital instalado en los consejos de ministros de toda Europa.

No es posible una UE sin Alemania, ni siquiera si reducimos el proyecto de una Europa común al euro, porque aún en esta situación el euro dejaría de serlo, enfrentando, en el mejor de los casos, a dos Europas: la del norte contra la del sur, con sus sistemas  monetarios diferentes, a una lucha económica sin piedad, de la que sólo saldría beneficiados países como EE.UU., que eliminaría un competidor serio para el dólar; Gran Bretaña, que sólo tiene interés en la UE como un gran mercado que facilite la venta de sus productos y la libre circulación de sus capitales (no olvidemos que el gran centro financiero del mundo está en Londres); y como siempre el capitalismo especulativo, gran beneficiario de esta crisis. Este escenario sólo supone más pobreza y miseria para la mayoría de los europeos, aquellos ciudadanos como usted y como yo que veríamos como el estado de bienestar sufriría la puntilla definitiva, mientras la riqueza se iría acumulando en muy pocas manos.

Los ciudadanos europeos debemos plantarnos ante este ataque frontal que estamos sufriendo a nuestro modelo de vida, que es perfectamente sostenible si la riqueza se distribuye y se emplea en mantener el estado de bienestar, la democracia y la economía social de mercado. Y si el problema hoy está siendo el gobierno alemán, como máximo adalid del capitalismo depredador europeo, y sus países adláteres, es necesario que los gobiernos se planten para corregir las reglas del juego, y si no lo hacen habrá que cambiarlos a ellos ya, por otros que sí estén dispuestos a defender el bienestar de sus ciudadanos en el marco de una Europa unida y democrática.  Hay que hacer ver a los ciudadanos alemanes que su gobierno no sólo está raptando a Europa, sino que les está raptando a ellos mismos. La UE sólo puede ser si todos nosotros tomamos conciencia de su necesidad y cortamos el paso a aquellos que nos quieren dividir, enfrentándonos, para que puedan seguir enriqueciéndose a costa de nuestra pobreza.



Etiquetas:   Europa   ·   Unión Europea

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