. Contaba Cárpatos que tenía una tía que padecía una grave enfermedad
pulmonar incurable, y que cuando le daban ataques había que ingresarla de
inmediato en el hospital porque corría el riesgo de ahogarse, a pesar de tener oxígeno
en casa para crisis más leves. Pues bien, hace unos días su tía sufrió una
crisis severa. Su marido llamó entonces a una ambulancia para que la llevasen
al hospital. Inexplicablemente, el servicio de atención ciudadana le puso mil
pegas. Al cabo de muchos minutos de llamadas y discusiones, y tras tener que
ponerse su marido muy insistente, mandaron finalmente una ambulancia a
regañadientes. La mujer murió pocas horas después de su llegada al hospital. Posiblemente,
esta mujer hubiera muerto igual aunque la ambulancia hubiese llegado cinco
minutos antes o cinco minutos después; sin embargo, el sufrimiento producido
por la falta de una atención inmediata imagino que resultaría para ella en esos
momentos excesivamente cruel. Pero los sentimientos de los individuos, la
sensación de impotencia o de injusticia, no cotizan en macroeconomía, así que
nuestros gobernantes no los tienen en cuenta.
Cuando
se habla de los recortes que se están llevando a cabo por parte de los
gobiernos, normalmente no somos conscientes de las consecuencias que realmente producen
en el día a día. Sin embargo, cada euro de menos lleva aparejado un dolor. Las
ayudas millonarias que los gobiernos destinan a los bancos son las ambulancias
que no llegan a tiempo. El dinero robado en casos de corrupción son las miles
de camas acumuladas en los pasillos de los hospitales con pacientes que exponen
sus intimidades al aire, recordando a las imágenes de los campos de
concentración. La evasión fiscal es la falta de profesorado para impartir una
educación de calidad; es la ausencia de policías en las calles que impidan la
insoportable cantidad de robos en viviendas, es la escasez de ayudas al
estudio; es la falta de financiación para ayudar a los pequeños empresarios.
Durante
esta semana, muchos de nuestros impresentables y repulsivos políticos han comentado
que algunas manifestaciones y actuaciones de determinados grupos de ciudadanos atentaban
contra el sistema democrático. Supongo que subir el IVA para que las familias
vean reducido año tras año su poder adquisitivo es enormemente democrático. También
es tremendamente democrático no perseguir a quienes evaden impuestos porque
–por norma general- son grandes empresarios amigos del poder político. También
es enormemente democrático no encarcelar a quienes cometen actos de corrupción,
o –directamente- indultarlos cuando algún juez los condena. Y también es muy
democrático que los políticos con cuarenta años tengan unas jubilaciones
escandalosas mientras que el resto de los trabajadores tienen que llegar a los
setenta para cobrar cuatrocientos euros. Y también es extraordinariamente
democrático que aquellos que pierden sus viviendas tengan que seguir pagando
por un bien que ya no poseen. Pues bien; a ese tipo de sistema que gasta miles
de millones en rescatar bancos mal gestionados pero que no gasta veinte euros
para rescatar a una mujer mayor con una crisis respiratoria, a ese tipo de
sistema, yo no me apunto.