Estaba en un jardín, en una casa desconocida; a lo lejos se escuchaban los sonidos típicos de la ciudad, pero también se alcanzaban a escuchar los trinos de algunas aves que estaban sobre los árboles. El cielo estaba despejado y se percibía con claridad su color azul, estaba limpio. Al observar a mi alrededor vi algunas personas, hombres y mujeres, ninguno me era conocido, todos estaban relajados, tranquilos; algunos de ellos conversaban, pero yo no podía escuchar sus voces. Unos instantes después algo me hizo mirar hacia el norte, hacia el cielo, y de repente el azul del cielo ¡fue devorado por un enorme destello! Aquella luz era tan blanca y tan intensa que me hizo "despertar" con un fortísimo dolor de ojos; los globos oculares y la frente me dolieron por varios minutos como si hubiera estado viendo directamente al sol por un muy buen rato. Aclaro que uso la palabra "despertar", no propiamente para hacer notar que vi lo que comento cuando estaba dormido, sino que me encontraba aún despierto pero en un estado de relajación cercano al sueño.




