Quien juega con fuego

Vivimos tiempos complejos, tiempos de transformación, tiempos en que los ciudadanos han visto como todos los derechos civiles y laborales conseguidos a lo largo de dos siglos de lucha y esfuerzo comienzan a ser vulnerados y perdidos en cuestión de apenas unos meses. Los políticos nacionales y europeos han demostrado no solo su inutilidad para gobernar –algo extremadamente grave-, sino su falta absoluta de ética al implantar medidas de ajustes y recortes brutales en los países más afectados por la crisis económica. Lo sucedido en Chipre hace unas semanas –algo exportable al resto de países con problemas- es el ejemplo más evidente de que nuestros políticos actuales no respetan ya ni siquiera el propio sistema democrático, tomando medidas propias de los peores regímenes dictatoriales. Echar mano de los ahorros que los ciudadanos han invertido en depósitos bancarios es un robo evidente, aunque lo conviertan en legal sacándose leyes de la manga de un día para otro. Y mientras, los ciudadanos comprueban como los políticos se enriquecen gracias a información privilegiada o a casos de corrupción realizados por algunos y consentidos por todos, o como, en el colmo de la desvergüenza, algunos políticos declaran tener quinientos euros en la cuenta corriente, tratando a los ciudadanos de gilipollas. Pero no solo ellos son los culpables.

 

. Los políticos nacionales y europeos han demostrado no solo su inutilidad para gobernar –algo extremadamente grave-, sino su falta absoluta de ética al implantar medidas de ajustes y recortes brutales en los países más afectados por la crisis económica. Lo sucedido en Chipre hace unas semanas –algo exportable al resto de países con problemas- es el ejemplo más evidente de que nuestros políticos actuales no respetan ya ni siquiera el propio sistema democrático, tomando medidas propias de los peores regímenes dictatoriales. Echar mano de los ahorros que los ciudadanos han invertido en depósitos bancarios es un robo evidente, aunque lo conviertan en legal sacándose leyes de la manga de un día para otro. Y mientras, los ciudadanos comprueban como los políticos se enriquecen gracias a información privilegiada o a casos de corrupción realizados por algunos y consentidos por todos, o como, en el colmo de la desvergüenza, algunos políticos declaran tener quinientos euros en la cuenta corriente, tratando a los ciudadanos de gilipollas. Pero no solo ellos son los culpables.
Hace una semana, muchos periodistas y contertulios se congratulaban por la imputación de la infanta Cristina en el caso Nóos, afirmando que por fin la justicia era igual para todos. Y eso está muy bien, pero es algo tan mediático como falso. La justicia hoy más que nunca está al servicio de los poderes político y económico. Hasta ahora, no ha habido ni un solo juez nacional o europeo que haya tomado cartas en el asunto de las preferentes que tanto daño económico y psicológico están causando a miles de personas, muchas de ellas jubilados. Ni una sola imputación, ni un solo detenido, ni un solo banquero o político en la cárcel. Tampoco ha habido ningún juez nacional o europeo que haya tomado cartas en el asunto de las quitas de Chipre, en la que miles de ciudadanos con un contrato firmado en una entidad bancaria han visto como les quitaban parte de sus ahorros de un día para otro. Ni un solo juez nacional o europeo que haya imputado a políticos y banqueros por la crisis que padecemos, por las jubilaciones o indemnizaciones multimillonarias que reciben, por los instrumentos financieros que se inventan, por las hipotecas abusivas, por los recortes en sanidad o en educación. Pero no solo los jueces son los culpables.

En el último año, muchos amigos y conocidos me han comentado su situación laboral. Al parecer, al calor de la crisis, muchos empresarios están mandando al paro a miles de trabajadores y, a cambio, obligan al resto a trabajar diez horas diarias, con la velada amenaza de que si no aceptan dichas condiciones hay miles de personas esperando en la puerta para aceptarlas.

En los últimos meses, la separación entre la clase política y los ciudadanos se ha acrecentado. Lo mismo comienza a suceder con los jueces, que son de las profesiones peor valoradas según el CIS. Y, pronto, comenzará con los empresarios. El hambre, la desesperanza y la injusticia generan actitudes peligrosas en la sociedad. Es hora de que políticos y jueces restablezcan el sistema democrático que están vulnerando, porque cuando uno juega con fuego, al final, alguien termina quemándose.

UNETE



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